Vivir con Sencillez, Humildad e Integridad y ser Solidarios Unos con Otros.

Juntos en Comunión (Parte 6)

Jesús reunió a los doce y comenzó a enviarlos para predicar, sanar y liberar. “Les ordeno que no llevaran nada por el camino, ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinturón, sino sólo un bastón. Lleven sandalias -dijo-, pero no dos mudas de ropa” (Mr. 6:7-9)

La misión de Jesús se realiza en la simplicidad, humildad e integridad. Jesús nos enseña a vivir con simpleza, sin enredarnos, libres de estar atados a pesadas cargas.

“Nos salva de la tentación de seguridad,… con una estrategia elemental: escapando hacia adelante. Él es siempre el que nos precede. Quien nos espera más allá. Cuando lo hemos alcanzado, y nos parece agarrarlo, él se nos escapa de las manos, hace saltar las trampas de nuestras fórmulas y se va mas adelante. Lo encontramos siempre más allá. La verdad no se encuentra atrás. Está delante de nosotros”. [1] La misión se hace siendo abiertos y vulnerables. No con una actitud de autosuficiencia. Dependiendo de Dios aprendemos a ser humildes y sencillos.

El evangelio de Marcos nos relata que los discípulos comenzaron a discutir entre ellos y Jesús les pregunto: “¿Qué venían discutiendo por el camino? Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre si quien era el más importante” (Mr. 9:33-34) ¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Elaboró una parábola dramatizada. “Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mr.9:35-36). Acto seguido: Tomó a un niño y lo puso en medio de ellos. “Abrazándolo, les dijo: El que recibe en mi nombre a uno de estos niños, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí sino al que me envió” (Mr. 9:37)

El Señor esta presentando un modelo que tiene que ver con la sencillez, humildad y pequeñez. Jesucristo nos presenta un modelo que denota quién es el enviado de Dios. Es esta persona-niño. “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (Mt. 18:3-4). Nos habla del modelo de humildad en la comunidad del reino y de la necesidad de cambiar para pertenecer a él. Para los religiosos de esa época el reino de Dios consistía en el cumplimiento de la ley. La sencillez, humildad y pequeñez no formaban parte de su estilo de vida. Estos últimos valores descriptos deben ser la manifestación práctica de la comunidad de Fe.

Seguramente las comunidades eclesiales de esa época podían tener los mismos problemas que tenemos hoy. ¿Cómo manejar “el poder” en nuestras relaciones eclesiales sociales? Los niños nos recuerdan lo que fuimos antes de llegar a lo que somos ahora. A veces somos prepotentes y demasiado confiados en nosotros mismos.

A medida que avanzamos en el Evangelio de Marcos encontramos otras lecciones: “Maestro -dijo Juan- , vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo impedimos porque no es de los nuestros. – No se lo impidan – replicó Jesús  – Nadie que haga un milagro en mi nombre puede a la vez hablar mal de mí” (Mr. 9:38-39)

A Juan y a los discípulos les preocupa la competencia, el prestigio y el poder. Ensimismados tratan de excluir a otros. Entre lo que relata Marcos “se lo impedimos” y luego “no se lo impidan” aparece el motivo: porque no nos siguen, no son de los nuestros. No hace las mismas cosas que nosotros, no sigue nuestra metodología, no pertenece a nuestro sequito, a nuestra pauta cultural, a nuestros parámetros, lenguaje, trasfondo o simplemente “No nos pidieron permiso para hacer esto”. Parece que los discípulos no han entendido el modelo de Recibir, aceptar a otros, perdonar y amar. Se quedan detenidos o prefieren Excluir. Se parecen a los fariseos que excluyen a quienes no actúan como ellos.

Jesús responde “no se lo impidan”. En definitiva esta explicando la verdadera intención que tenemos que tener dentro del reino. Recibir, dar oportunidades, hacer participar, no celar, no competir. Quien luche en mi nombre es parte y no enemigo. No sigue a Jesucristo quien afirme su doctrina, sino aquél que actúa como el. La fe es práctica, es seguimiento, no es tener el nombre o la etiqueta correcta. Solo hay dos lados: contra nosotros o por nosotros. Jesús dice que debemos aceptar toda ayuda a la causa del Reino, si es en su nombre, con su autoridad. El texto nos invita a valorar lo bueno que nos ofrecen personas ajenas a nuestra manera de ver las cosas. Una teología muy amplia y abarcativa. En otras palabras nadie tiene el monopolio en la misión o en determinados ministerios.

Fuente: Carlos Scott

Mensaje presentado durante la V Asamblea Internacional de COMIBAM, en Santo Domingo, República Dominicana


[1] Pronzato, Alessandro. La provocación de Dios, P. 57, Ediciones Sígueme, 1983 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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