Una mirada a los retos y bendiciones de ser una familia misionera

familia

Por Dr. Carlos Pinto

Introducción         

Para entender mejor la realidad de la familia misionera latinoamericana, propongo que es necesario que dejemos el imaginario de la familia misionera anglosajona misionando, y más bien intentemos aprender de la vivencia de la familia migrante latinoamericana, ciertas experiencias pueden ser comunes de una familia latina en misión transcultural.

Por ejemplo, la evidencia de las investigaciones sobre familias migrantes muestra que la mujer-esposa-madre es la que se adapta más fácilmente a una nueva cultura que el varón-esposo-padre.  La mujer asume un rol protagónico en el proceso de facilitar una adaptación cultural saludable por ser más flexible, más sociable, más arriesgada, más humilde en asumir su rol de aprender un nuevo estilo de vida.  Por el contrario el varón tiende a ser más rígido, más orgulloso y tiende a buscar espacios de poder y no de servicio.

Es interesante que a pesar de la evidencia del importante rol que la mujer, esposa y madre juega en facilitar un mejor proceso de adaptación cultural en la familia migrante latina, las capacitaciones de orientación a misioneros que se ofrecen, tienden a considerar al varón como quien se encargará de guiar a la familia a realizar una saludable transición de adaptación en el país donde realizarán su servicio misionero.  En las mencionadas orientaciones a la familia misionera, generalmente dan más visibilidad al rol del varón que al de la mujer, dejándola a ella medio invisibilizada y por ende desvalorizada.

A su vez, la literatura que trata sobre las familias misioneras afirma que existe una aparente correlación directa entre una buena capacidad de adaptación cultural de la familia misionera y su eficiencia ministerial y su larga estadía en el campo misionero. Si esta afirmación es correcta, entonces según lo observado en familias migrantes latinoamericanas deberíamos dar más espacio y consideración a las mujeres, esposas, madres, en empoderarlas en las charlas de orientación a familias misioneras.

Factor Histórico

La mujer en América Latina, ha jugado y juega un papel importantísimo al interior de la familia, asumiendo un rol de ser la que protege, la que transmite valores culturales y religiosos como también el asumir un rol de conectar a la familia con el vecindario y la comunidad.

A pesar de ser denominado como sexo débil es realmente la persona más fuerte emocionalmente en momento de crisis y es quien muestra tener mayor capacidad de resiliencia para superar conflictos que la familia experimenta en su ciclo vital.  Por esta razón en forma coloquial en la región latinoamericana se dice que: “el varón es la cabeza y la mujer es el cuello”.  A su vez, es también reconocido que la mujer/madre en el hogar es quien mantiene una relación afectiva más cercana a los hijos.  Es ella la que les escucha, les forma, les transmite la historia e identidad de la familia.  La psicología señala que la relación madre hijo es de suma importancia, cuando la relación de la madre es buena con su hijo o hija, el “yo” de la criatura se desarrolla en forma fuerte y puede organizar sus defensas psicológicas y afirmarse como persona en una forma más saludable y rápida. Es la madre la que da a la criatura los primeros cuidados, es ella la que se torna en la primera imagen que la criatura ve y entra en contacto, tornándose en su guía en el nuevo mundo.

Por las razones mencionadas anteriormente se hace necesario prestar una atención especial a las mujeres madres en la etapa de orientación misionera en la etapa pre-campo para que pueda ser empoderada a ejercer su maternidad en una manera más informada. El criar hijos no es una tarea fácil y hacerlo en un ambiente cultural nuevo y donde no se tiene la red social, como es la familia extendida, entonces, se torna en un reto mayor.

El ciclo vital de la familia retos y bendiciones 

La familia misionera latinoamericana como cualquier otra familia, experimenta varias etapas las cuales traen cambios y exigencias de adaptación a nuevos estadios.  Las etapas generalmente son conocidas como: la etapa de la pareja recién casada, la familia con hijos, familias con hijos adolescentes, familias con hijos jóvenes adultos, pareja con nido vacío, pareja en etapa de jubilación y pareja en etapa de la tercera edad.

La pareja requiere ser orientada sobre en qué etapa está y las etapas subsiguientes que se vivirá en el campo misionero.  Por ejemplo, si se trata de una pareja misionera recién casada experimentaran el reto y la bendición de aprender a adaptarse a su vida de pareja y a su vez a vivir en una cultura nueva y desconocida. Por estar viviendo lejos de su familia de origen y de sus amistades enfrentarán el reto de sentirse solos, pero a la vez la bendición de tener más tiempo para adaptarse el uno al otro y los dos como pareja adaptarse más rápidamente a la nueva cultura.

Cuando la pareja se convierte en tres y en una familia debido al nacimiento de su primera criatura, entonces les corresponderá enfrentar el reto y bendición de aprender el ejercicio y el regalo de ser padres.  Muchas veces en esta etapa el varón se siente desplazado de haber sido el centro de atención de la esposa quien ahora presta toda su atención a su hijo o hija.  Los hijos traen la bendición de convertirse en un tema de conversación y de relación con las familias de la comunidad a la que sirven y esta situación se torna un puente comunicacional y una bendición.  Sin embargo, también esta etapa de los primeros hijos se torna en una tensión financiera porque los gastos aumentan y el nivel de ofrendas sigue siendo el mismo. La iglesia enviadora necesita ser informada de los cambios que la pareja y familia experimentarán, y agendar cómo cambiar el nivel de apoyo u ofrendas de acuerdo a la etapa del ciclo vital de la familia enviada.

Cuando los hijos crecen, la familia misionera experimenta la tensión de tratar de adoptar costumbres del país donde sirven como misioneros, pero a la vez se esfuerzan en mantener las costumbres y formas de crianza de su país de procedencia.  En algunos casos las costumbres y normas de la familia misionera son opuestas a la del país donde sirven y esto provoca tensión en los padres como en los hijos.  Sin embargo, con el tiempo se va experimentando una postura más flexible en la libertad que se le da a los hijos en su interrelación con sus amistades del país que los acoge o donde se sirve.

En la etapa de pareja con hijos adolescentes, la pareja enfrenta el reto de aceptar que sus hijos ya no son niños y que al buscar ellos su propia identidad lo hacen muchas veces rechazando las costumbres y autoridad de los padres, lo cual causa dolor en los padres misioneros. Por otro lado, cuando la pareja despierta a la realidad de tener hijos adolescentes experimentan la bendición de ver cómo sus hijos han crecido en muchos casos como lo que se conoce personas de una tercera cultura. Los hijos tienden a tener una mentalidad más abierta adoptando una forma de pensar y actuar sumando las costumbres que sus padres les enseñaron y añadiendo los nuevos valores que han adoptado del país donde sus padres misionan.  El reto mayor en esta etapa es dejar o no que sus hijos o hijas se relacionen social o afectivamente con personas del sexo opuesto de la cultura donde sirven. Una comunicación clara, fluida y honesta se hace necesaria.  El estilo de comunicación que se usaba con los hijos antes de la adolescencia tiene que ser sustituido por un formato más horizontal y menos vertical o exclusivamente impositivo.  En esta etapa es importante escuchar al adolescente que aunque no es una persona independiente desea, que se lo trate como adulto.

La siguiente etapa se experimenta cuando los hijos salen de casa y retornan al país de nacimiento para iniciar su vida de jóvenes adultos ingresando a la universidad y tener las primeras experiencias de trabajo.  Esta etapa que es el comienzo de lo conocido como: “nido vacío” es vivido con una mezcla de emociones por los padres al experimentar el vacío que dejan los hijos al salir.  Es todo un reto mayor adaptarse a la ausencia del hijo que sale pero a la vez es una bendición el entender poco a poco que Dios es finalmente el padre eterno que cuidará de los hijos.  La pareja tendrá la bendición de tener más tiempo para ellos como pareja y para el ministerio o misión si deciden quedarse en el campo misionero.  El reto más grande en esta etapa, es pensar cómo proveer la educación adecuada a sus hijos para que ellos también tengan un futuro próspero y puedan tener medios para iniciar sus propias familias posteriormente.

Autoevaluación de la familia misionera  

Pero, ¿cómo vivir las etapas mencionadas anteriormente de tal manera que su proceso de adaptación a la cultura y país donde sirven pueda ser saludable y con menos accidentes posibles?

El llamado de Abraham y el peregrinaje de su familia haciendo la misión estuvo guiada por tres principios que Dios les dio: “Recuerda de dónde te saqué, reconoce que soy Yo quien te liberó, adora a tu Dios por haberte ya entregado la tierra que es tu heredad y ten fe en el amor, gracia y poder, en quien te ha enviado a ser testigo de Jehová a otras naciones”.  

Preguntémonos si como familia estamos: recordando, reconociendo, adorando y teniendo fe en el Dios de la misión quien es El que envía, guía y protege.  También podemos realizar una autoevaluación sobre el tipo de convivencia familiar que se está teniendo en el campo haciendo las siguientes preguntas:

1) ¿Qué tan flexibles somos como familia? Una familia extremadamente rígida no logra adaptarse a la nueva cultura.

2) ¿Qué tan autoritariamente es ejercido el poder paternal o maternal en mi familia?  El autoritarismo extremo solo provoca temor y rebeldía en los hijos.

3) ¿Cuál es el nivel de cooperación en la familia y que tan individualista se vive al interior de la familia?  Una familia que coopera entre ella es más resiliente y resuelve mejor los conflictos de adaptación que enfrenta.

4) ¿Qué tanto se respeta los sentimientos e ideas de los que integran mi familia o qué tanta falta de respeto a la posición diferente existe en mi familia?  Cuando no se respetan los pensamientos y sentimientos de otros, entonces los hijos se encerrarán en su mundo y no serán expresivos con sus padres porque están convencidos que no serán escuchados.

5) ¿Cómo nos comunicamos en nuestra familia, con amor, tolerancia, empatía, o por el contrario nos comunicamos con imposición, inseguridad, fatalismo o esperanza?

6) ¿Qué mensajes damos como padres sobre el valor de las personas y de su cultura a quienes servimos como misioneros?  Si los padres viven criticando la cultura del país donde sirven, los hijos crecerán sintiendo rechazo por el lugar donde sus padres los han traído a vivir.  El mensaje de amor a Dios y amor al prójimo debe ser expresado en palabra y en acción para que los hijos crezcan en medio de un ambiente de amor, aceptación, valoración y agradecimiento a Dios por haber dado su vida por todos sin distinción de raza o cultura, para que todo aquel que en Él crea no se pierda mas tenga vida eterna.

 

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Carlos Pinto

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y familiar. Sirve como consultor sobre Cuidado del Misionero en HCJB , SIM y COMIBAM.

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