Una mano compasiva para el más vulnerable

Por Connie Whang

Este artículo pretende abrir los ojos a una realidad solo conocida y entendida por unos pocos y nos invita a desarrollar una conciencia mayor de sensibilización y solidaridad con el que sufre.  En este sentido, es muy importante incentivar y movilizar a las iglesias, a fin de generar un despertar espiritual, un avivamiento de amor y compasión, que permita construir puentes para alcanzar a las personas con discapacidades y crear comunidades de fe para acogerlos y acompañarlos.

Decimos que las personas con discapacidades es el grupo más grande entre los olvidados, porque existen mil millones de personas en el mundo con algún tipo de discapacidad (15% de la población mundial); y la mayoría de iglesias no los han incluido en sus comunidades. Basta ver la poca asistencia de personas con discapacidades y menos, liderazgo entre ellos.  Es más, entre las organizaciones misioneras hispanas, y los seminarios bíblicos no hay un trabajo formal y serio respecto a considerar tomar a este grupo menos alcanzado como el que tiene mayor necesidad de atención en el mundo.

Según el último Infograma del Movimiento de Lausanne*, uno de cada siete personas tiene alguna discapacidad física, intelectual o emocional/social.  No solamente existen muy pocos que trabajan de manera integral entre ellos, sino que aún no se les reconoce los dones que Dios les ha dado para designarlos como líderes entre personas que tienen o no una discapacidad.  Hay una riqueza, un potencial que no se ha explorado totalmente.

También es importante entender que si hablamos de que hay una persona con discapacidad en una familia, estamos hablando de que toda la familia que es parte de esa realidad, también tiene necesidades especiales, de modo que, el número de personas vulnerables y en gran necesidad de alcance es aun mayor.

Esta realidad, nos desafía a pensar que hacer misiones entre las personas con discapacidades no es una opción para la iglesia, sino que este campo del servicio la define y caracteriza.

Una estrategia de alcance que usó Jesús lo podemos ver en Juan 5:1-9 donde se relata el caso de un hombre que estaba paralizado por 38 años al borde del estanque de Betesda esperando el movimiento de las aguas para poder entrar y ser sano; solo esperaba que alguien tuviese misericordia y lo metiera al estanque.  Este hombre le dijo a Jesús: “no tengo quien me meta”.  Este pasaje de la escritura nos desafía a pensar que la mejor estrategia de evangelismo es el toque de una persona sensible a las necesidades de su prójimo hacia aquella persona con discapacidad.  Las personas que con frecuencia se encuentran en situación de exclusión anhelan un toque, no un juicio, no un sermón, solo un toque.   De esta forma la inclusión es un proceso que libera y dignifica.

En Lucas 14:12-14  vemos que es obvio el mandato de Dios a la invitación de una fiesta.  El relato pone atención y dice específicamente las características de como deben ser tus invitados: “los ciegos, los mancos, los cojos”.  Ellos son invitados a formar parte del cuerpo de Cristo.  Pero aparentemente no se entendió el mensaje, así que Jesús tuvo que explicarlo mediante una parábola, el mismo que se encuentra registrado en los versos del 15 al 24.

Durante toda la parábola, Jesús habló desde la perspectiva del anfitrión; sin embargo, al finalizar, en el verso 24, Jesús asume la perspectiva del anfitrión hacia sí mismo, hablando directamente a los presentes. “Yo les digo que ninguno de mis primeros invitados probará ni una migaja de mi banquete”.  Desde ese momento se convierte en un discurso personal. Tú eres el invitado que ha enviado una excusa; aquellos que no pusieron ninguna excusa al recibir la invitación, fueron los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos.

El punto es que si importa a quien invitas a tu propio banquete, porque eso refleja dónde está tu tesoro. La peor discapacidad es la indiferencia.

Así podríamos nombrar muchísimos ejemplos en los que Jesús muestra lo que es la característica número uno de su ministerio: la compasión.  Y este tipo de compasión responde a las necesidades integrales de las personas, cuerpo, alma y espíritu. Su carácter compasivo era prioridad en su vida.

Recuerden que TODOS son los invitados a la boda.

Entonces, la compasión es activa.  Y ahí está la diferencia con la conmiseración.  Esta última es un sentimiento de tristeza y no hace nada al respecto, pero la compasión te lleva a la acción solidaria.  Esta es una acción en el que ambos somos transformados, tanto los que acompañamos como aquellos a quienes acompañamos.

He tomado contacto con misioneros hispanos que trabajan con personas con discapacidades en sociedades del Medio Oriente, las cuales son sociedades familiares. Es hermoso ver que este tipo de servicio al Señor les ha abierto las puertas del gobierno, porque han visto su interés por una realidad y necesidad por aquellas personas en el que nadie había puesto sus ojos para generar alguna ayuda solidaria. De este modo, se le considera un trabajo honorable.  Uno de los misioneros me contaba que, durante los muchos años ministrando en los países árabes, ha visto como las familias se entregan a Cristo. Muchos padres han vuelto a sus hogares (luego de haberlos abandonado al saber que tenían un niño con discapacidad) por la intervención de alguien que incluyó a sus hijos en sus vidas, sin ser ningún profesional médico o terapista, pero que movidos por la compasión decidieron fundar centros de rehabilitación y ayuda.

En el mundo árabe, este tipo de servicio constituye una gran oportunidad de predicar integralmente el evangelio del Reino.   Los árabes hasta tienen un nombre para este tipo de acercamiento, para esta obra diaconal, considerada indescriptible por ellos.  La denominan “La expresión mayor del amor”.

En una nota importante vemos que generalmente se tiende a subestimar las capacidades especiales que tiene una persona con discapacidades para comprender las cosas y entender lo que ocurre a su alrededor, sobre todo si tiene algún tipo de desafío intelectual. Sin embargo, aquellos que tenemos la bendición de acompañar o estar al lado de las personas con discapacidades podemos dar fe de sus increíbles formas de pensar, sentir y expresarse hacia los demás.   Se sorprenderá de los resultados.  Como dice Efesios 3:19  “y de conocer el amor de Cristo que excede a todo conocimiento para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”, creo que para las personas típicas,  muchas veces nuestro intelecto constituye un impedimento para entender y aceptar el amor de Dios; porque todo lo racionalizamos, en cambio ellos “saltan ese paso”, por así decirlo, y con un conocimiento y una sensibilidad sobrenatural reciben del amor de Dios.

Los dejo con esta reflexión:

¿Cómo estamos criando a nuestros hijos? ¿Qué les estamos enseñando a nuestros nietos?  ¿Los estamos formando para ser personas COMPASIVAS al estilo de Jesús?  ¿Les estaremos enseñando a amar lo que nadie ama? ¿Tu hijo tiene algún amigo con necesidades especiales?  ¿Lo invitas a tu casa?  Es muy probable que ese niño sea objeto de burla en la escuela y quizás se encuentre en la condición de excluido de los demás, e incluso es posible que hasta lo maltraten.  ¿Qué les estas diciendo a tus hijos sobre las formas que ellos puedan intervenir en la vida de los demás a través del amor de Dios?   Tal y como sabemos, la compasión no se enseña en un salón de clase, se practica; los niños lo aprenderán cuando te vean hacerlo.  Aprenderán a ser tolerantes al verte a ti aceptando a quien no es como tú y no tiene los privilegios que tú tienes.   Saldrán de su círculo y su entorno pequeño, cuando tú vayas más allá de tu zona de comodidad.  ¡Este es el evangelio práctico!

Como Iglesias tenemos el desafío de ser comunidades inclusivas, transformadoras y solidarias, donde cada persona pueda contribuir con sus capacidades y discapacidades, con sus fragilidades y fortalezas, seguros que en esta integralidad y diversidad Dios nos bendice.   I Corintios 1:27-28 dice: “porque lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.  Así que cuando no te acercas al débil y al menospreciado, te estás perdiendo lo mejor de Dios: experimentar y vivir en y por su amor.

Pon atención en la manera como la iglesia mira a una persona con discapacidades. Se enfoca en su herida y en lo que esa persona no puede hacer.  Recuerda que esa persona, no es “solo discapacidad”, es mucho más que eso, es una persona.  Dios está esperando que nos levantemos. Como dice Proverbios 31:8, “¡levanta la voz por los que no tienen voz!  ¡Defiende los derechos de los desvalidos!”.

 

The following two tabs change content below.

Connie Whang

Connie Whang es esposa de Steve, con quien está casada desde hace 18 años. Es madre de Tiffany, de 11 años, que padece de una condición neurológica. Nacio en Perú y a los 18 años recibió su llamado al ministerio a tiempo completo, realizando una licenciatura en Teología y una Maestría en Psicología y Consejería Cristiana. Su pasión es la movilización misionera hacia los países que no tienen acceso al Evangelio, con un enfoque especial en las personas con discapacidades.

Latest posts by Connie Whang (see all)

Comments are closed.