Resiliencia y Familia Misionera

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Por: Dr. Carlos Pinto

Las familias misioneras que se adaptan más fácilmente en el país de servicio, son aquellas que muestran tener un buen nivel de resiliencia. Se entiende por resiliencia la capacidad que la familia tiene de enfrentar conflictos y situaciones de estrés, logrando superarlos en forma eficiente. ¿Tiene su familia un alto nivel de resiliencia?

Sabemos que Él que llama a la misión, equipa, sostiene y defiende a sus misioneros. Sí, Dios es quien soberanamente envía y cuida de aquellos que proclaman su mensaje. Pero esta verdad Divina no elimina la realidad que la familia misionera enfrentará situaciones de crisis tal como las familias seculares también experimentan. Aquí vale la pena resaltar que las crisis no son una muestra que la familia es problemática, que no es muy espiritual o que no es una familia misionera apropiada. No, por el contrario las crisis y dificultades son parte naturales de la vida. Es importante percibirlas y reaccionar ante éstas en forma correcta reconociendo que Dios está presente aún en estos momentos. Dios siempre está presente en tus tormentas, así como lo estuvo con sus discípulos en el mar de Galilea.

 La resiliencia en la familia misionera

1.- La fe en Dios es una cualidad resiliente que se encuentra en las familias misioneras que superan a las familias seculares en poder enfrentar crisis y superarlas. El tener una fe clara y consistente en el Dios que es soberano y que los ha llamado a su servicio, provee un esquema mental que les permite ver más allá de lo temporal de la crisis. Es la fe en el Dios que los creó, reconcilió, salvó y envió lo que permite a una familia tener una perspectiva más optimista de una situación de conflicto y trabajar en forma unida para superar la crisis. Finalmente, es la fe y certeza que Dios es el que está en control de todo detalle y aún de este momento de conflicto lo que provee fuerzas espirituales y psicológicas para enfrentar con esperanza lo que humanamente parecería ser muy difícil de superar.

2.- El poseer un sistema de apoyo social, psicológico y espiritual que está presto a estar presente y a ayudar cuando se les solicita, es otra cualidad de la familia misionera resiliente. La familia misionera resiliente cuenta con esta red de apoyo y más importante aún, hace uso de ella porque sabe que en el consejo de varios esta la sabiduría y reconoce el valor del cuerpo de Cristo.

El sentirse solo o aislado y sin contar con un grupo al que se le considere parte de uno, provoca que las crisis se magnifiquen y se sientan que uno solo no podrá superarlas. Por el contrario, las familias misioneras saben y se sienten que son parte de una familia espiritual global y local. Es la iglesia que ha formado recientemente o la persona que últimamente ha compartido el Evangelio, su iglesia en su país de origen y finalmente el equipo misionero al que pertenece, los grupos de apoyo con los que cuenta. En otras palabras la familia misionera posee una red de apoyo social, psicológico y espiritual muy numeroso que puede usarlo en situaciones de crisis. La gran mentira que el enemigo desea que creamos es el que nuestra familia institucional o la iglesia no nos comprenderá ni ayudará y que más bien nos acusará y rechazará si expresamos el detalle de la crisis que se está enfrentando. Lamentablemente esto ha sucedido muchas veces pero es necesario educar de antemano a la iglesia y a la misión a responder sanadoramente y no prejuiciosamente en situaciones cuando la familia misionera está experimentando una situación de crisis.

3.- Una buena organización en la estructura de la familia y una relación fluida entre los integrantes de la familia misionera es también una cualidad de una familia misionera resiliente. La forma como una familia se organiza, siendo clara en las normas y roles que corresponde a cada persona, afecta directamente en su capacidad de resiliencia. El tener una organización clara y a la vez una capacidad de flexibilidad para realizar los cambios necesarios es una cualidad que protege a la familia en momentos de dificultad y que requiere reorganizarse.

La familia misionera tiene claro el concepto que Dios, es un Dios de orden y que las normas son dadas para proteger el bienestar de sus criaturas. En este sentido la familia misionera percibe y utiliza su estructura para afirmar a la otra persona, para hacerla crecer a la imagen de Dios manteniendo una relación interdependiente saludable. Los padres se perciben como líderes en la familia ejerciendo un liderazgo de servicio evitando más bien el uso excesivo del poder sobre los hijos. El entender que los hijos son hijos primero de Dios y luego de ellos, les ayuda a tratarlos en una forma que promueve su autonomía y su vez la dependencia en Dios y en sus padres. Los hijos a su vez, perciben que sus padres están realizando una labor sacrificial a quienes están llamados a honrar. En este sentido, la familia misionera busca dialogar en forma fluida con todos concentrándose en cómo alcanzar las metas por las cuales han llegado al país de servicio. Lo mencionado promueve un alto nivel de unidad en la familia lo cual permite que se enfrente las crisis con un alto nivel de cohesión sintiendo que no es un problema del otro o de uno sino de todos. De esta manera las personas sienten que pueden expresar sus opiniones y propuestas de cómo enfrentar la crisis sin esperar ser sancionados o rechazados. El percibirse cada uno como integrante importante del mismo equipo, es de mucha utilidad.

4.- Finalmente, el concepto de la naturaleza del matrimonio como un pacto entre Dios y la pareja provee otro elemento indispensable de resiliencia en la familia misionera. Generalmente los conflictos y las crisis afectan a toda la familia pero es muy importante el cómo impacta y cómo resuelve la pareja a nivel conyugal la dificultad porque de esto depende si la familia se supera o no rápidamente. La enseñanza bíblica nos muestra que es natural y humano el culpar al otro en situaciones de crisis (Gen. 3) pero a su vez orienta a la pareja a vivir en sujeción mutua al Padre y a seguir su modelo en la forma del trato a la pareja. Dios trata a su Iglesia (esposa) con amor sacrificial manteniendo a toda costa el pacto de amor eterno incondicional y este es el elemento que requiere ser el centro de la vida de la pareja – hombre y mujer – misionera. El pedir perdón y recibir perdón es la dinámica presente en la vida de pareja la cual modela en toda la familia y permite que ella entonces use esta capacidad y aumente así su nivel de resiliencia.

Conclusión

La familia misionera experimenta una serie de oportunidades y retos en su diario convivir. Las crisis no son una muestra que la familia es problemática, que no es muy espiritual o que no es una familia misionera apropiada. No, por el contrario las crisis y las dificultades que experimentamos en diferentes etapas de la vida son parte naturales del crecer como persona y familia y el ser cristianos no nos exonera de esto. Es importante percibirlas y reaccionar ante éstas en forma correcta reconociendo que Dios está presente aún en estos momentos. Las crisis nos dan la oportunidad de conocer más de Dios, de nosotros mismos y del tipo de fe que poseemos. Recordemos que Dios conoce todo, está sobre todo y está en todo lugar y esto incluye a la familia misionera en crisis, esté donde esté. Si Dios está con nosotros, nada ni nadie nos podrá separar de su amor y protección.

 

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Carlos Pinto

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y familiar. Sirve como consultor sobre Cuidado del Misionero en HCJB y SIM, y es Director Asociado del Área de Cuidado Integral del Misionero de COMIBAM.

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