Realidad oculta: ¿Cómo experimentan las mujeres la persecución?

 

Mehreen* y su marido son dos cristianos en un país del golfo de Asia. Ambos están bajo la amenaza constante de la persecución, por el hecho de ser cristianos. Sin embargo, mientras su marido tiene temor de poder perder su puesto de trabajo a causa de su fe, el miedo de Mehreen va más allá, ella tiene miedo a salir sola a la calle.

“Las mujeres somos vulnerables cuando andamos solas por la calle, en esta zona ya ha habido varios incidentes de mujeres que han sido secuestradas y forzadas a reconvertirse al Islam” nos cuenta Mehreen.

Esta es la realidad que sufren millones de mujeres alrededor del mundo. No podemos estar más lejos de la realidad cuando analizamos la persecución como un ente homogéneo que afecta a hombres y mujeres por igual. Como en la mayoría de las grandes problemáticas, la persecución explota todas las vulnerabilidades disponibles que tienen las mujeres.

Un reciente análisis de Puertas Abiertas confirma esto, los hombres y mujeres creyentes sufren la persecución de maneras muy diferentes. En el caso de los hombres, cuando son perseguidos, suele ser de manera más abierta y a menudo son vistos como héroes de la fe por ello. En cambio, las mujeres sufren en la oscuridad una persecución mucho menos visible y a menudo son puestas en vergüenza por ello. Ellas son un blanco específico y más frecuente de los matrimonios forzados, las violaciones, la mutilación genital femenina u otras formas de violencia sexual. Según este informe, a nivel mundial los tipos de presiones a las que se enfrentan las mujeres cristianas por su fe son dos veces más numerosos que las que experimentan los hombres cristianos.

Cuando la persecución ataca a las mujeres lo hace de una forma compleja y violenta, pero a su vez invisible. La forma más habitual de presionar a las mujeres es la más difícil de rastrear: El matrimonio forzado. De los 33 países incluidos en la lista mundial de la persecución de 2018 que proporcionaron informes sobre la persecución a mujeres por motivo de género, 17 citaron esta práctica. Ninguno reportó su uso en contra de los hombres.

Un triste ejemplo de esta situación es Pakistán, cada año alrededor de 700 niñas cristianas son seducidas, violadas, casadas por la fuerza y convertidas al Islam en contra de su voluntad. 700 niñas privadas de sueños, esperanza y felicidad.700 niñas sufriendo en la oscuridad más profunda, aisladas de sus familias y sus iglesias. Sin derecho a criar a sus hijos en la fe cristiana. En África, Boko Haram aún mantiene en cautiverio a unas 2500 niñas cristianas.

Sus prisiones suelen ser sus casas, y los verdugos, sus familias.

Esto afecta a la iglesia de forma profunda, la falta de acceso a la educación o a los servicios médicos hace que mujeres y niñas carezcan de herramientas con las que enfrentarse a estas situaciones. Ellas pueden ser obligadas a divorciarse, a abortar e incluso ser encarceladas en una unidad psiquiátrica. Opciones cómo la de tener un cónyuge cristiano o tener acceso a un trabajo están simplemente fuera de sus posibilidades. Esto se traduce en la pérdida de lazos familiares, el rechazo y la vergüenza. El daño va más allá del propio individuo, en última instancia, pone en peligro la supervivencia de la iglesia.

Helene Fisher, especialista en mujeres de Puertas Abiertas, no se sorprende de los resultados del análisis. “Los patrones que vemos son totalmente consistentes con lo que he escuchado mientras tenía entrevistas con mujeres perseguidas en todo el mundo. Reconocí en la lista de puntos de presión del informe, la vida de las mujeres cristianas que he conocido. Lo más notable, sin embargo, es ver cuán consistentes son estos puntos de presión en todas las regiones. Por supuesto, los contextos son diferentes, pero los patrones son los mismos”.

¿Qué significa esto?

Significa que lo que le pasó Marylin* de Egipto, también le sucedió a Helen* de Nigeria.

Marylin, de 16 años, cayó en las redes de un “loverboy”. Este sujeto se gana la confianza de sus víctimas para separarlas de su entorno y una vez que están vulnerables y desprotegidas, secuestrarlas. Al tiempo de ser apartada aparecen videos de ella en YouTube, declarando que ahora era musulmana. Sus padres están convencidos de que obligaron a su hija a grabar esos vídeos.

Helen, de 13 años, desapareció una noche. Sus padres descubrieron que estaba retenida en el palacio de un gobernante local. Tras dos semanas, a Helen se le permitió ver a sus padres y a otras personas de su aldea. “Helen regresará con sus padres cuando ella quiera. Si ella no lo decide así, no podran verla nunca más” les dijo el gobernante que tenía a su hija retenida. Cuando se le preguntó a Helen si reconocía a las personas que la habían criado, dijo “Sí, son mis padres”.

“¿Quieres volver con ellos?”

“Quiero quedarme con mi marido”, contestó ella.

Mientras decía eso un rio de lágrimas corría por sus mejillas, todos los presentes pudieron verlo. Sobre Helen había una serie de presiones culturales, sociales y físicas. Tras dos semanas de cautiverio no podemos asegurar que no hubiera circunstancias desconocidas que obligaran a Helen a tomar esa decisión.

Dos niñas, dos familias devastadas y por ahora nadie ha sido castigado por estas injusticias. Los propios autores de estas barbaridades saben que lo más probable es que se salgan con la suya.

Una vez conocida la profundidad de esta situación, ¿qué podemos hacer?, ¿cómo puede actuar la iglesia?

Informes como el realizado por Puertas Abiertas son de extrema importancia. Nos permiten entender el proceso, cómo funciona y de qué manera actúa. A partir de ahí podemos desarrollar planes efectivos de actuación. Lo más importante es no formar parte de esta maquinaria, algo que parece obvio, pero que por nuestras formas y costumbres, a veces, nos es difícil de entender. ¿Qué pasa cuando una mujer es violada por su fe? Pensamos que la ayudamos ocultando esa “vergüenza”, pero para Dios sigue siendo pura, no hay vergüenza que haya que ocultar solo una situación desgarradora que merece justicia. Pongamos la vergüenza en el agresor, no en ella. Debemos reflexionar y aprovechar estas oportunidades para mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos por qué este tipo de cosas son tan efectivas contra la iglesia.

Nosotros, como iglesia y parte de un mismo cuerpo, debemos apoyar mediante la oración y nuestros recursos a las organizaciones y ministerios locales que trabajan de forma directa para erradicar estas situaciones y proveer de apoyo a estas mujeres. Quizás no podamos liberar a Helen de su cautiverio, pero podemos apoyar de forma económica a su familia en la batalla legal que tienen que librar para traerla a su hija de vuelta.

Al final, por muchos planes y proyectos que diseñemos, lo único que puede restaurar la vida de estas mujeres es el amor de Dios. Un amor que las confiere una característica que había perdido, la dignidad. Esa dignidad que da sentido a sus vidas, que forma sus identidades y que transciende cualquier situación. Él trae esperanza, una esperanza que actúa aún en las tinieblas. Dios no es solo el Dios de la victoria y la alegría, Dios es también el Dios de las derrotadas, de las heridas, de las enfermas, de aquellas que sufren y lloran en silencio. Su corazón está siempre cerca del necesitado y del humilde, y si queremos que nuestro corazón esté alineado con el suyo, debemos estar cerca de ellos como Él hace.

*Pseudónimos utilizados por seguridad

Fuente: Puertas Abiertas

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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