Proyecto “Una iglesia, Una familia”

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Entrevista al Pr. Alejandro Rodriguez  – Director Nacional de JUCUM Argentina

Según los datos de la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, 65.3 millones de personas han tenido que huir de sus hogares en el último tiempo. La violencia y el terrorismo en África, Medio Oriente y Asia han producido un desplazamiento masivo de refugiados.  De acuerdo con el informe presentado por ACNUR el pasado mes de junio, el conflicto y la persecución provocaron el desplazamiento forzado, alcanzando el mayor nivel jamás registrado.

1.- ¿Cómo está la iglesia local en los países donde hay refugiados, qué testimonios nos puede contar?

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El testimonio que me dan pastores locales (jordanos y libaneses), dice que lo que están viendo ahora es algo sin precedentes, extraordinario. Me contaban que por muchos años trataron de acercarse a la gente para predicar el Evangelio, a través de la amistad, no solo a sirios o libaneses, sino de otras naciones, a través de grupos celulares o de estudio bíblico en los hogares.  Ahora, dicen ellos, están experimentando algo que nunca habían visto. Uno de cada 3 personas que se acercan a estos grupos celulares cuenta que ha tenido una visión donde Jesús se les apareció en sueños, y van a esos grupos y dicen: “vengo a que me hablen de Jesús”.  Los mismos pastores dicen que están asombrados, porque es como que todo se aceleró y la gente viene directamente y pregunta ¿quién es Jesús?  Esto se está haciendo muy notorio, y hay muchos que están teniendo un encuentro con Jesucristo en este contexto de los campos de refugiados.

2.- ¿Cómo percibe la respuesta de la iglesia Latinoamérica con relación a la ayuda de los refugiados?

En Latinoamérica, la crisis de los refugiados lo vemos por televisión y nos sentimos todavía muy lejanos, como que no es nuestro problema, porque ya bastantes problemas tenemos con nuestra realidad latinoamericana.

Creo que ha habido un pequeño avance en movilizar a la iglesia hacia los refugiados, es una responsabilidad.  Hay limitaciones porque en Latinoamérica no tenemos ONG de grandes recursos económicos, como tienen en Europa, pero creo que la iglesia latinoamericana tiene suficiente potencial de capital humano para movilizar e ir a viajes de corto plazo, para llevar ayuda humanitaria a los campos de refugiados.

En el caso nuestro en particular, como JUCUM, estamos involucrados en enviar equipos, dar asistencia a refugiados desde el genocidio en Ruanda en abril de 1994. Entonces cada vez que hay este tipo de situaciones, enviamos equipos, algunos por un mes, dos meses o seis meses, que establecen campamentos de ayuda humanitaria.  En estos últimos años, no solo JUCUM, hay otras iniciativas de congregaciones locales y equipos de organizaciones misioneras, en los campos de refugiados.  Algunos hacen distribución de comida, otros trabajan con niños huérfanos, es decir, se están habiendo cada vez más iniciativas. Pero creo que desde Latinoamérica todavía es poco, estamos hablando del concepto de ir a las naciones, ahora lo que tenemos que agregar aquí, no solo con el tema de refugiados, es que el tema de naciones, no solo es ir a las naciones, sino las naciones que están viniendo a nosotros.  Estamos viviendo en mundo como nunca antes, tan interculturizado.  Por ejemplo, Corea del Sur está teniendo el record histórico de matrimonios transculturales que no son cristianos.  Uno va a París, y lo que menos encuentra son parisinos sino va a encontrar turcos o marroquíes.  En San Francisco, California, el treinta por ciento son asiáticos. Hoy en argentina tenemos 130 mil chinos, que llegaron en los últimos 15 años.

Las naciones se están metiendo dentro de las naciones y esto tiene que abrir nuestra mente y corazón a la comunicad misionera iberoamericana, para saber cómo movernos entre las naciones.

3.- ¿En qué consiste el proyecto “Una iglesia, una familia”, cómo surgió?

En esta ocasión el Señor nos desafío a hacer algo que no habíamos hecho nunca, que es abrir el corazón de nuestra propia nación, como pueblo de Dios, para dar acogida a familias de refugiados.  No es solo un evento de corto plazo, sino de trascendencia de largo plazo, para que les cambie la vida.  Yo creo que en ese aspecto, el abrir nuestros corazones y nuestros bolsillos es algo nuevo, y hasta donde yo sé no está implementado en ninguna parte de Iberoamérica.

Mi esposa y yo, junto a un equipo, nos fuimos a Italia, a pasar navidad. Estuvimos ahí con los refugiados de distintas nacionalidades, después nos fuimos a Albania a pasar año nuevo, en un contexto muy difícil, y después pasamos a Francia, a la localidad de Calais, y vimos un campamento de casi diez mil personas, no como refugiados, sino abandonados en una situación miserable en medio del lodo, en tiendas de campaña.  Esto fue increíble.  Es lo que se llama “La Jungla”.

Cuando estuvimos ahí, sentimos en nuestro corazón que no solo debemos mandar equipos, no solo dar asistencia, sino ayudar como iglesia. Tuvimos este sentir, “Una iglesia, una familia”.  Por lo menos 40 iglesias de Argentina asuman la responsabilidad y el compromiso de amor, de recibir a una familia, desde proveer una vivienda, un trabajo, salud, educación, aprendizaje del idioma, inserción en la cultura, es decir una ayuda integral para que la familia se pueda adaptar. Teniendo en cuenta que la mayor necesidad de la familia, más que tener una casa, es la necesidad afectiva.  Por eso queremos que vayan a ciudades no muy grandes, sino que vivan en ciudades más pequeñas, para hacer más fácil su inserción en la sociedad.

4.- ¿Cómo ha sido el proceso de selección, con las familias sirias y las iglesias en Argentina?

Por un lado, seleccionamos las familias, luego evaluamos a las iglesias, y nos aseguramos que el involucramiento de la iglesia sea serio.

Para conocer y seleccionar a las familias que vamos a traer, mandamos a un pequeño equipo de Argentina al Líbano y a partir de ahí varias cosas empezaron a suceder. Nos pusimos en contacto con pastores libaneses que estaban ministrando a familias de refugiados sirios, algunos de trasfondo cristiano y otros que se habían convertido allí.  Entonces estos pastores locales nos iban recomendando a las familias necesitadas. Enviamos a un matrimonio de Argentina, (él habla árabe) así que él y su esposa estuvieron allí y comenzaron a visitar a estas familias que los pastores recomendaron, y entrevistaron a casi cien familias.  De ahí quedaron un poco más de cuarenta.  Ellos constataban si la familia calificaba, y luego llenaban un formulario.

En el Líbano, con las familias seleccionadas, comenzamos con una introducción a la cultura Latinoamericana y a la Argentina, a través de videos. Una vez por semana, les enseñamos el idioma español.

Después de todo esto, hacemos el pedido en la dirección nacional de migraciones.  Ellos mandan toda la información a la cancillería y de ahí a los servicios de inteligencia, y de la cancillería va al consulado Argentino en el Líbano.  De ahí le llaman a la familia le hacen una entrevista y luego si el consulado lo aprueba, hacen una nota a la Cruz Roja internacional para que le dé el certificado de viaje.  En este certificado se estampa la Visa humanitaria que da, en este caso, el gobierno Argentino.  Nuestro acuerdo con el gobierno Argentino es que la iglesia evangélica se hace cargo de todo, una vez que la familia pisa tierra Argentina.  El gobierno se hace cargo de los boletos de avión, y las multas si eso corresponde.

Entonces a esas familias las presentamos a las iglesias (por fotos), aquí en Argentina. Hicimos un llamado serio, esto es una inversión muy grande.  La iglesia tiene que conseguir una casa digna, porque ellos ya han vivido demasiado dolor.  Tenemos que ver cómo elevar su calidad de vida.  Esto es un desafío muy grande para la iglesia.

Creemos que las primeras familias llegarán el mes de diciembre. Esperamos que este camino andado pueda también servir para facilitar a iglesias de otros países Iberoamericanos a ingresar en esta misma visión.

5.- ¿Cómo fue la reacción de la gente, al enterarse que iglesias evangélicas recibirían a familias de refugiados sirios?

Cuando la gente de esa ciudad donde está la iglesia se enteró de que una iglesia evangélica iba a recibir a una familia de refugiados sirios, un pastor me llamó y dijo: “hoy concedí entrevistas a medios de comunicación, y esto es un impacto en la ciudad y la gente quiere ayudar, los comerciantes quieren dar dinero, el alcalde quiere dar casa, es decir, aunque no sean creyentes, esta noticia en la ciudad ha comenzado a generar un impacto, y quieren involucrarse”.  Los pastores me dicen, “Esto es increíble, no imaginamos que esto nos iba a abrir tantas puertas en la sociedad.  Todavía no llegaron las familias y ya tienen varias puertas abiertas en la ciudad”.

6.- El proyecto involucra a entidades gubernamentales de Argentina.  Coméntenos sobre el tema.

Fue iniciativa nuestra con mi esposa Martha, y nuestro equipo.  Sentimos en nuestro corazón que era el llamado de Dios, un desafío para este tiempo. Pedimos una reunión con algunas autoridades del gobierno.  El hecho que nosotros teníamos gente en el Líbano, por los últimos 6 meses, fue una ventaja.  Nosotros sabíamos mejor que ellos la situación que se está viviendo allí.  Esto de tener gente en el campo mismo, nos dio cierta autoridad.

Cuando comenzó el problema en Siria, fuimos a su embajada aquí en Buenos Aires.  Fuimos dos veces, con un grupo de 80 personas, y frente a la embajada oramos por Siria.  La gente de la embajada salió a agradecernos por bendecir a su país.  Esto fue clave, fue el punto de inicio de todo.  Creo que cuando las cosas empiezan con la oración, se abren puertas grandes.

7.- Hace poco, la Cámara de Senadores de Argentina les envió una declaración de interés a la iniciativa “Una Iglesia, Una Familia”. ¿Cuál es su impresión sobre este documento?

Este documento como tal no implica una acción ejecutiva de parte del gobierno. Da un respaldo muy importante, y actúa como un elemento de presión sobre todos los organismos intervinientes, que tienen que colaborar, porque el senado por unanimidad dio su aval.  Entonces los gobiernos municipales, provinciales, y el nacional tienen que apoyar.

Obtener este respaldo del senado para nosotros es muy importante.  No tengo conocimiento, por los menos en los últimos cinco años, que el senado haya declarado a algo cristiano de interés nacional.

8.- Coméntenos sobre su participación en la Organización de Naciones Unidas ONU.

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En la ONU, celebraban la semana de la Paz, y ellos sabían lo que estamos haciendo por el bienestar de las naciones. Surgió de ellos hacer una conferencia, y una de las moderadoras, es una misionera nuestra, está en Londres.  Se comunicaron con ella y le ofrecieron estar un día durante la conferencia de la Paz, como una prueba piloto para otras conferencias que podamos tener en otras oportunidades.

El tema era “Sanando las heridas de la guerra y como generar perdón”. Dieron testimonios de las cosas que están pasando en el mundo, y a mí me pidieron que haga el cierre con una predicación.

Quedaron las puertas abiertas para volver y hablar por lo menos una vez al año en este foro de las Naciones Unidas. Al mismo tiempo, nos dieron pases (permisos) para ser parte de algunos de los comités internacionales de la ONU.  Me otorgaron uno de esos pases, libre acceso para integrarme a cualquiera de esos comités, tanto en Ginebra Suiza, como en Nueva York.  Así que estamos muy sorprendidos por todo esto.

9.- ¿Qué mensaje puede dar a la iglesia Iberoamericana, para solidarizarse con los refugiados?

En primer lugar que oren.  Que en sus cultos muestren imágenes de lo que sigue pasando en Aleppo y otras ciudades en Siria.  Segundo, que las iglesias hablen con su gobierno para decir, nosotros queremos recibir a una familia.  Después pueden contactarse con nosotros para asesorarles. También pueden contactarse con ACNUR, el alto comisionado para los refugiados de la ONU, que también puede orientarles.

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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