¿Por qué los misioneros nunca pueden volver a casa?

Por Karl Dahlfred

Cuando un misionero acaba de llegar al campo misionero, es obvio dónde es su “casa”. Es el lugar donde acaba de salir. Es el lugar donde creció, fue a la escuela, tuvo sus estudios, descubrió una iglesia, y formó sus relaciones más importantes.

Pero cuando usted vive en otro país o ciudad por un buen tiempo, una extraña transición sucede.

Su país “de origen” su casa no parece más como su casa. Cuando “va a casa”, algunas de las mismas personas y lugares están allí, pero la vida ha cambiado en su ausencia. Cuando usted se presenta para la llamada “licencia” o para un “tiempo en casa”, no puede continuar donde lo dejó. Usted es un visitante. Un extranjero. Un invitado sin un rol permanente. Sus amigos cercanos hicieron otros amigos. La mitad de las personas en su iglesia local sólo le conocen como un elemento en la lista de pedidos de oración. Una nueva tecnología, jerga, o la moda se ha vuelto común… excepto para usted porque se lo perdió cuando salió de allí.

En el campo misionero, usted decía cosas como “En mi país…”, pero pocas personas locales en su país donde usted está podían relacionarse con su historia. Ellos le escucharon amablemente, pero usted sabía que ellos no entendían. Pero eso está bien. Usted se consolaba con la idea: “La gente en casa entendería.”

Pero, curiosamente, aquellas personas que usted estaba seguro de que entenderían… ellos no entienden. Ahora que está en casa, está lleno de experiencias e historias del lugar que se convirtió en su segundo hogar. Usted dice cosas como “Allá en el país donde viví…”, pero, por supuesto, cualquier historia que les cuente del país donde vivió es difícil de entender. Las cosas que extraña del país donde vivió reciben una expresión confusa, o incluso una declaración: “¡Qué extraño!” Después de que usted termine de contar la historia, la gente vuelve a hablar del equipo deportivo local, las últimas noticias sobre política, o algún asunto al que usted no ha dado tanta importancia en los últimos años. No quiere decir que no les guste. A ellos les gusta. Ellos están contentos de que usted esté “en casa”.

Cuando usted viaja “a casa”, la gente le dice “¿No es grandioso estar en casa?” y usted piensa “Sí, más o menos.” Ahora que ya has comido algunas de tus comidas favoritas, y has visto a algunos amigos, hay menos razones para quedarse “en casa”. Comienza a extrañar todo lo que aprendió sobre el país de acogida. Ciertas comidas, amigos locales, y el papel en el ministerio que usted estaba felizmente involucrado.

El hogar ya no está en casa. Y, tristemente aquel otro lugar en el campo misionero tampoco será realmente el hogar. “Casa” es ambos lugares, y en ningún lugar al mismo tiempo.

Cuando está en “casa”, el misionero sueña con su país de acogida.
Cuando está en su país de acogida, el misionero sueña con su país de origen.

Los misioneros están atrapados para siempre entre dos mundos. Ya no pueden identificarse completamente con las personas que dejaron atrás en su país natal. Tampoco se identificarán de verdad con las personas en el país de acogida.

“Casa” es en todas partes.
“Casa” es en ningún lugar.

Pero eso está bien.  Ya hubo otros viajeros en este camino.

“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad”. (Hebreos 11: 13-16)

Mientras estamos aquí en la tierra, siempre nos sentiremos un poco inquietos y fuera de lugar. Los misioneros y aquellos que viven en un lugar diferente de donde crecieron experimentan eso más que otros.

Pero algún día, todos los que confían en el Señor Jesucristo finalmente volverán a casa.

Karl Dahlfred junto a su familia, hicieron ministerio de plantación de iglesias en el centro de Tailandia durante su primer mandato misionero y luego se mudaron a Bangkok, donde Karl enseña a tiempo parcial en el  Seminario Bíblico de Bangkok , ayuda con la edición y traducción de libros cristianos tailandeses en  Kanok Bannasan (OMF Publishers Thailand), ambos están involucrados con Grace City Bangkok.

Fuente: www.dahlfred.com

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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