Necesitamos Aprender a Recibirnos unos a otros y a Recibir de otros.

Juntos en Comunión (Parte 7)

Jesús lo demostró cuando recibió un vaso de agua de la mujer samaritana. La posición de responsabilidad o mal llamada “poder” cuando es vista como privilegio para abusar de ella y no como don para el servicio, siempre es excluyente. El resultado de esto en las iglesias y en los movimientos misioneros es el sectarismo. Lo contrario es el Reino que implica una comunidad abierta que invita y no un grupo cerrado que limita. Es recibir con agradecimiento la ayuda de otros, su vaso de agua en nombre de Jesucristo.

“Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mi…Si tu mano te hace pecar, córtatela…Que no falte la sal entre ustedes para que puedan vivir en paz unos con otros” (Mr. 9:42-50) Jesús nos dice que no falte la sal entre nosotros en nuestro trato mutuo y que vivamos en paz. La discordia había comenzado porque discutían entre sí quién era el más importante (Mr. 9:33-37). La sal es el símbolo a la disposición que puedan vivir en paz unos con otros en la comunidad. Se requiere una acción drástica que tiene que ver con cortar, dejar y abandonar el pecado. Se orienta la vida de la comunidad hacia la apertura. Trasciende fronteras creadas por los sistemas. No acepta el mal. Cuidado con el “abuso del poder” o el “amor al poder” en vez del “poder del amor”. La responsabilidad y autoridad que se nos ha dado es principalmente para servir, amar y recibir a otros.

El relato bíblico mantiene la prioridad de la solidaridad y no del exclusivismo (Mr. 9:33-50) Lo bueno de afuera debe ser afirmado y lo malo de adentro extirparlo. El mensaje del infierno esta dirigido a los de adentro en este contexto. Seguir a Jesús hace que la sal mantenga su sabor y eficacia. Es la práctica anticipada del reino. Que podamos ser una comunidad abierta para todos guiada por el Espíritu Santo.

Más adelante el tema que les ocupara a los discípulos es quien ocupará el primer lugar, quien tendrá más privilegios y ventajas. Jesús responde: “Entre ustedes no debe ser así” (Mr. 11:43). Lo trascendente es renunciar a un afán de dominio y tener un sello completamente distinto: Ser esclavos de todos. Jesús con su ejemplo indica que el poder es para servir, amar al prójimo y la grandeza implica la capacidad de ser humilde. “El criterio de autoridad, por tanto es la ventaja que reciben los demás”. [1] Si nuestra perspectiva es autoritaria y verticalista, nuestro estilo de vida será impositivo por lo tanto no cuestionaremos los abusos de autoridad o poder.

Jesucristo vivió el grado más alto de grandeza a través del servicio para luego darlo a la Iglesia. Por eso desde ese momento el fundamento para una institución y sociedad sana solo puede ser una imagen invertida del poder basada en el amor, la verdad, la paz, la justicia y el servicio. Lo cierto es que Jesucristo quiere cambiar nuestra mentalidad y pragmatismo. Jesucristo quiere arrancar completamente de nuestras vidas el afán de dominio de una persona sobre otra. Es una actitud interior. La comunidad del reino de Dios está basada en que cada uno es el servidor de todos los demás.  

Es muy común observar que los comentarios de Marcos sobre los discípulos están caracterizados en que no entienden. Tienen las mentes embotadas. En otras palabras no ven todo como debe ser, les falta claridad y visión completa. El tema central es la posibilidad de ver. Nosotros muchas veces nos encontramos en el mismo proceso que los discípulos. No vemos con claridad y no entendemos. Necesitamos alcanzar una visión mas clara de la misión, la evangelización y la comunión.

Quizás nos encontramos en medio de un proceso como el ciego de Betsaida (Mr. 8:22-26). Pero en este proceso hay esperanza y posibilidades futuras: el ciego de Betsaida como el ciego Bartimeo (Mr. 10:46-52) llegaron a ver. También vieron los discípulos y también podemos ver nosotros. Nosotros podemos alcanzar una visión mas clara de la misión. Pero hay un precio que pagar: el seguimiento a Jesús y el proceso de recibir la vista van de la mano.  En este caso le pregunta al ciego Bartimeo: ¿Qué quieras que haga por ti? Jesús marca su sencillez, esta abierto ante las necesidades del otro. Esta disponible. La respuesta del ciego: “Quiero ver” es su respuesta y no una imposición de Jesús. Se sana, es un milagro de Jesús en ese momento, su fe lo ha sanado. Decide seguir a Jesús y hay transformación.

Marcos le da valor al protagonista del pasaje indicando su nombre. No es un ciego y mendigo sin nombre. Esto es muy significativo. Tenemos que aprender la manera en que Jesucristo respondió a la necesidad de la persona. Bartimeo es una persona marginada. Se le considera pecador. Esta marginado socialmente y expulsado del mercado en términos económicos. Marginado del aprecio y estima de los demás por su ceguera. Tiene que estar mendigando y se siente solo. ¿Cómo responde nuestra tradición o trasfondo teológico a la solución de los Bartimeos?  Algunos harían imposición de manos, orar y pedir sanidad. Otros, resolver su situación económica, enseñarle a leer en Braile, conseguir un perro guía, buscarle empleo, concientizarle por su condición de explotado. Otros responderían de acuerdo al ministerio del cuerpo donde encontraría amor, aprecio, perdón, aceptación. Otros rápidamente le dirían que acepte al Señor como su Señor y Salvador. Con énfasis tan variados el ciego conocería un aspecto de Cristo o conocería de una determinada manera a Jesús. Pero faltaría algo: responder a la manera de Jesús.

Parece que Jesús no uso métodos de evangelismo. Su único método fue la apertura a la necesidad del otro. Ante el clamor de Bartimeo, Jesús se detiene, lo manda llamar y después le dirige la pregunta. Todas estas acciones valorizan a la persona y no a un método, a una ideología o doctrina. Jesús apelo a la relación, comunión, solidaridad y cooperación. Se mostró abierto al interesarse por el otro. Porque la comunión, cooperación y solidaridad es compartir la vida. Sencillamente dar valor al otro.

Muchas veces no queremos preguntar ¿Qué puedo hacer por ti? Tenemos temor. Corremos el peligro o riesgo que Bartimeo nos pida algo que no esta en nuestra agenda o aun más, algo que no queremos dar o hacer. Nos causa cierta inestabilidad e incomodidad hacer preguntas que pueden alterar nuestro orden. Preferimos tener el control y manejar la agenda en cuanto a lo que se debe tratar, hacer y aprobar. Esta historia también nos enseña que tenemos que seguir hacia adelante con la Fe puesta en el Señor. Implica la autogestión, confianza y dependencia de Dios. El orden establecido según nuestras capacidades nos puede decir que podemos hacer y que no podemos hacer. Bartimeo decide rechazar el rol que la multitud le quiere imponer. No acepta quedarse ciego, mendigo y callado. Rechaza esa condición. Entra en escena en el momento no señalado. Decide ir a Jesús como su principal recurso. Rompe el molde, no acepta papeles impuestos. Esta en juego quién es Jesús y que es para mí.

Seguir a Jesús es aprender a dejar algo: una barca, un manto, una forma de pensar y actuar. Bartimeo dejo todo, arrojo su capa, dio un salto, no espero, se abrió camino, no se conformo con el lugar que le habían dado y se acercó a Jesús. Seguramente pensó: soy ciego pero no me voy a quedar así. Comienza a sanarse en el instante mismo que decide ir al encuentro con Jesús. El milagro es romper con los standards y barreras que nos pone la gente o que muchas veces nos colocamos nosotros mismos.  Finalmente debemos tratar de entender cual es nuestra verdadera necesidad. Tal vez en este tiempo el Señor esta trabajando en el proceso de nuestra vida, la iglesia y los países que representamos. Nos esta preguntando: ¿Sabes cuál es tu verdadera necesidad?

Fuente: Carlos Scott

Mensaje presentado durante la V Asamblea Internacional de COMIBAM, en Santo Domingo, República Dominicana.



[1]Pronzato, Alessandro, Evangelio de Marcos, Ediciones Sígueme, Salamanca 1982, vol. ii, pag. 164.

 

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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