Matrimonio intercultural y en servicio misionero

intercultural

Por Dr. Carlos Pinto

A medida que el mundo globalizado se hace más pequeño, las oportunidades de servicio misionero transcultural son múltiples y optar por una relación y/o matrimonio intercultural se acrecienta.

El nuevo matrix misionero; de todo lugar a todo lugar

El servicio misionero provee muchas oportunidades para conocer y establecer relaciones con personas de otras culturas lo cual es toda una aventura. El matrix misionero internacional de esta época posmoderna permite que personas de todos los continentes se unan en equipos para misionar en países que no son donde nacieron. En ese contexto la posibilidad de iniciar una relación romántica y terminar casándose con un “extranjero” o una persona de otra cultura es una posibilidad.  Es también una realidad que en este nuevo tiempo de misionar de todo lugar a todo lugar, algunos misioneros decidan casarse con personas del país donde están sirviendo, es decir con “nacionales” que algunas veces son también misioneros.  Los dos casos mencionados no han sido la excepción, sino que también han sucedido en el movimiento misionero iberoamericano.

Danza de la pareja intercultural

La psicología de la familia manifiesta que cuando uno se casa no lo hace solo con su pareja sino que se casa también con las costumbres, formas de pensar, valores y comportamientos de la familia de origen de su pareja.  Esta afirmación es aún más cierta y profunda cuando se trata de una pareja intercultural, donde ambos se atraen por ser de una cultura diferente y les motiva el conocer lo distinto o lo no conocido. En estos casos, la relación es una aventura que requiere un esfuerzo de educarse constantemente sobre ambas culturas y llegar a formar una fusión entre ambas idiosincrasias hasta el punto en que la pareja se sienta satisfecha. Cuando cada uno en la pareja valora y acepta la identidad cultural del otro, la de su familia y nacionalidad, entonces esta actitud de aceptación mutua favorecerá al desarrollo de ser una pareja intercultural saludable. Por el contrario, si alguno en la pareja asume una actitud asimétrica, pensando que su cultura tiene mayor o menor valor que la de su pareja, la posibilidad de enfrentar conflictos interculturales en la relación será mayor.

Existen por lo menos dos danzas que se dan en parejas interculturales. La danza más común en matrimonios interculturales es que una persona abandona la mayoría de su cultura para asimilarse o adoptar las características culturales de su pareja.  Por ejemplo, un Latino que se casa con una persona de Estados Unidos y termina “agringándose” porque percibe que su cultura es de menor importancia. La otra posibilidad, que es más saludable, sucede cuando la pareja junta decide escoger lo mejor de ambas culturas (que son distintas pero de igual valor) y juntos deciden formar una síntesis intercultural o cultura nueva que a ambos les agrade y se sientan cómodos.  Por ejemplo, una pareja en la cual ella es Latina y él es de India. En su primera etapa de relación, ambos deciden adoptar los aspectos positivos de la crianza de hijos de las dos culturas, estableciendo así una nueva modalidad de crianza de los hijos.

El segundo reto que enfrenta la pareja intercultural es el de educar y concientizar a sus familias de origen, especialmente a sus padres, sobre la cultura de su pareja, y lo que significa una relación intercultural. Esta tarea es de vital importancia y es recomendable hacerlo lo más pronto posible, porque es un proceso lento que va desde la no aceptación o rechazo a la aceptación e identificación con la cultura anteriormente desconocida.

En el caso de Iberoamérica, en algunas regiones, es importante reconocer que muy por debajo, y en forma inconsciente, en el primer encuentro con personas de otra cultura, se preguntará si el otro u otra pertenece a una cultura identificada como opresora, y por inferencia el latino se percibirá como una persona de una cultura inferior.  A su vez, puede suceder lo contrario cuando el iberoamericano, al iniciar un primer contacto con una persona de otra cultura, pueda identificarse como procedente de una cultura opresora, y por inferencia se identificará como procedente de una cultura superior.  Este diálogo interno mental es muchas veces imperceptible por los que están iniciando la relación, pero establece un patrón relacional que no es saludable.  Sin embargo, a medida que la relación y el afecto mutuo crece, quien se consideraba de una cultura inferior reconoce cualidades positivas de su cultura y quien se consideraba procedente de una cultura superior acepta que no era una cultura perfecta, y terminan asumiendo una identidad cultural saludable. Entonces, en esta segunda etapa se da un despojo del complejo de inferioridad o superioridad cultural dentro de la relación con personas de otras culturas y razas, viéndolas como iguales, trascendiendo a valorar todas las culturas como iguales.

Matrimonio intercultural y misiones: factores favorables

La pareja misionera intercultural, muchas veces, sobrevalora el hecho de que ambos tienen los mismos valores espirituales, tales como su fe en Dios y su unión para servirle a Él en la causa misionera, y considera que eso les blinda contra los conflictos que otras parejas interculturales experimentan. Sin embargo, a medida que la pareja misionera intercultural avanza en su convivencia, notará que la madurez espiritual abrirá caminos nuevos de convivencia, donde las diferencias culturales pueden servirles para ser más sensibles a la cultura de la población a la que sirven.  También es importante notar que el choque cultural y el proceso de adaptación de las parejas misioneras interculturales son mucho menos traumáticos si han logrado adaptarse en forma saludable a su relación de pareja, conciliando sus diferencias culturales. La sensibilidad hacia culturas diferentes y la sabiduría que se aprende en la relación de pareja les equipa en cierta manera para tener mayores habilidades y capacidades para servir en el contexto de la misión transcultural. Un ejemplo concreto es aprender que el amor incondicional y el perdonar son requisitos indispensables en toda relación de pareja, y más aún en la intercultural.

Es también interesante observar que cuando una misionera se casa con un misionero nacional, consecuentemente ella participará en una “escuela intensiva de entrenamiento cultural” en su propia convivencia matrimonial.  Esta experiencia conyugal le ayudará a la persona extranjera a entender muchos de los valores, reglas y creencias implícitas, que no son habladas pero que son parte inherente de la cultura de su pareja y de quienes ella y él desean alcanzar con el Evangelio. En este sentido los conflictos que enfrenta una pareja misionera intercultural pueden convertirse en una bendición, porque los prepara para ser observadores participantes de la cultura del otro, y asumir un rol de ser un constante aprendiz de la cultura del otro.

 Recomendaciones

  1. Sean conscientes que el mantener una relación de pareja o conyugal con una persona de tu propia cultura implica esfuerzo y compromiso, pero la convivencia en una pareja intercultural requiere aún más esfuerzo, pero vale la pena, porque se torna más enriquecedor en todos los aspectos. Sí se requiere un compromiso firme de amor, una buena comunicación honesta y transparente, y una actitud flexible para negociar en los desacuerdos de forma que gane la relación de pareja y beneficie a los dos.
  2. Eviten negar o subestimar o sobrestimar las diferencias culturales. Lo recomendable es reconocerlas e integrarlas en una manera en que ambos estén de acuerdo en beneficio de la convivencia diaria de los dos.
  3. Identifiquen las diferencias y dialoguen buscando acuerdos que beneficien y aumenten el bienestar de la pareja en todas sus áreas por medio de un buen entendimiento mutuo.
  4. Enfóquense más en los factores y metas comunes que en las diferencias culturales. En momentos de diferencias, recuérdense que se han comprometido a cuidar su relación y a tener juntos una familia saludable y de testimonio cristiano.
  5. Anticipen que el estilo de crianza de los hijos podría convertirse en un factor estresante debido a que ambos provienen de una experiencia diferente y que la cultura de cada uno lo ha definido como la forma “única y correcta”.
  6. El cómo se percibe y usa el tiempo en cada cultura es diferente. Por lo tanto, la puntualidad o impuntualidad en el manejo del tiempo se vuelve relativa, dependiendo desde qué cultura la están interpretando.
  7. Pregunten a su pareja cómo se resuelven las diferencias en su cultura o expresen cómo resuelven sus diferencias las parejas de tu cultura, y aprendan el uno del otro, desarrollando una estrategia común.
  8. Conviértanse en educadores de sus familias de origen sobre la cultura de su pareja para que la relación con los suegros y entre consuegros sea mucho más saludable al conocer y entender más las diferencias existentes.
  9. Finalmente construyan su relación sobre la roca que es el amor de Dios, que nos dio el ejemplo, despojándose de su “cultura divina” para encarnarse en la cultura humana para dar su vida, perdonarnos y facilitarnos una relación íntima, personal y de amor profundo con el Padre Celestial.

Dr. Carlos Pinto / cimcomibam@gmail.com

Director Asociado de Cuidado Integral del Misionero

COMIBAM Internacional

The following two tabs change content below.

Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

Latest posts by Martha Claros (see all)

Comments are closed.