Los misioneros también necesitan mentores

Pablo_Timoteo

Por Jennifer Waldrep

Ser mentor de otros es una disciplina, como la oración, la adoración diaria, el estudio de la Biblia y la memorización de las Escrituras. Si no somos intencionales, la mentoría se deja a un lado en la carrera de nuestra vida diaria.

Para formar a otros para el servicio de la misión, debemos buscarlos y pedirle al Padre que nos los envíe. Cuando salimos al trabajo misionero, nos acercamos a las personas en el campo, pero también debemos igualar el paso con los misioneros en formación que traemos. Parte de ser misionero es asesorar a otros misioneros, ayudarlos a aprender cómo vivir y ministrar de manera intercultural.

La tutoría da forma a obreros sanos y efectivos. El libro de Hechos registra ejemplos de relaciones que se parecen a lo que muchos piensan hoy en día como mentoría: enseñar a alguien las habilidades y brindar orientación. Me alienta especialmente la relación de Bernabé con Juan Marcos. En Hechos 13, Juan Marcos abandonó a su equipo durante su primera misión. En Hechos 15, Pablo se negó a trabajar con él nuevamente.

Pero el primo de Juan Marcos, Bernabé, invitó al mismo a otra viaje misionero brindándole la oportunidad de continuar aprendiendo y ganando experiencia en misiones por medio de esa mentoría. Más tarde, cuando Pablo escribió a la iglesia en colosas desde la prisión, donde Juan Marcos lo acompañó, Pablo les dijo a los colosenses que le dieran la bienvenida a Marcos cuando vaya a la iglesia (Col. 4). Parece que la mentoría de Bernabé ayudó a Marcos a convertirse en un hombre cristiano confiable y en un mejor misionero.

Mentores actuales

Al igual que la relación entre Bernabé y Marcos, he visto ejemplos actuales de cómo los misioneros guían a otros misioneros.

Pienso en Teresa, que pasa aproximadamente un mes cada año visitando un pueblo cerca de la Cordillera de los Andes. Ella es mentora de Melodee, que es de la iglesia enviadora ​​de Teresa, Primera Bautista de Sherman, Texas. Teresa llevó a Melodee a un viaje misionero el año anterior para enseñarle cómo establecer relaciones y compartir el evangelio en este remoto pueblo de montaña. Teresa continúa animándola y buscando oportunidades para que Melodee se desarrolle como una ministra intercultural.

Melodee es una de las varias trabajadoras que Teresa ha traído para aprender de ella a través de un viaje misionero. De esta manera, Teresa desarrolla misioneros. Ella es la primera en admitir que todavía tiene mucho que aprender sobre el servicio misionero. Pero ella ya sabe mucho después de siete años de venir en la aldea, enseñando historias bíblicas y compartiendo el evangelio de Cristo. El Señor le ha enseñado a Teresa sobre el amor, la fidelidad, la obediencia y la persistencia. Él le ha dado valor, conocimientos culturales, habilidades personales y una estrategia para establecer relaciones.

Teresa no guarda este conocimiento para sí misma. Al guiar a otros, ella invierte lo que el Señor le ha dado, multiplicando obreros que también servirán al Señor en esa misma aldea de montaña y en otros lugares. En cuanto a Melodee, Teresa le ha dado la oportunidad de poner en práctica sus lecciones, aprovechando al mismo tiempo el ejemplo de Teresa de cómo el Señor usa a una mujer, como ella, para predicar el evangelio.

Practicando lo que predico

Yo también he tenido la oportunidad de ser mentora de un nuevo misionero. Amy tenía dieciocho meses en su primer período de servicio misional cuando me pidió que le enseñara a caminar con Cristo en el campo misionero. Le enseño habilidades misioneras, cómo aprender la cosmovisión de los demás, cómo identificar barreras y puentes con el Evangelio, cómo estudiar el perfil de una comunidad para conocer los puntos de entrada en la vida de las personas, cómo llegar al Evangelio en una conversación y cómo hacer un discípulo.

Pero hay más. También le enseño lo esencial: cómo lidiar con la tentación y el pecado, cómo engancho mi propia mente en un cerrojo y la arrastro de regreso a Jesús, cómo no desesperarme, cómo saborear un matrimonio de décadas, cómo ministrar y discipular a tu propio hijo, cómo extender la gracia a los colegas y a sí mismo, cómo se desarrolla todo esto en el desierto de la vida en el extranjero y, lo más importante, que adorar al Señor es lo mejor que podemos hacer.

De una manera recíproca, Amy habla a mi vida con la suya, señalándome a Cristo. Ruego que ella continúe creciendo en el Señor, en el campo de misión, y sea mentora a otros misioneros, quienes luego harán lo mismo.

Tú también puedes ser mentor

Dios te está enseñando acerca del ministerio intercultural. Incluso si él acaba de abrir tu corazón a su amor por las naciones, esa es una percepción que ya puedes verter en otra persona. Quizás estés planeando otro viaje misionero con tu iglesia. ¿A quién debes llevar? Piensa en todo lo que haces para prepararte para el trabajo misionero intercultural. Hay otras personas que tienen mucho potencial para la misión que deberían beneficiarse de esos ejercicios. Pregúntale al Señor en quién Él quiere que inviertas en esta oportunidad.

Y para el nuevo misionero: si el escenario de su ministerio actual no es lo que imaginó cuando hizo ese movimiento drástico para salir al campo misionero, ore para que Dios le muestra una persona que le ayude a entender mejor lo que le toca hacer allí. El desafío del trabajo allí está lleno de lecciones y oportunidades para cultivar el carácter y la fortaleza. Puedes mostrarle a otra persona cómo servir al Señor donde estés, en la fase de la vida que estás atravesando. La tutoría no tiene que ser ordenada. La persona a la que invitas a tus desafíos puede ser alguien a quien el Señor está preparando para cruzar culturas. El Señor a menudo trabaja nuestras relaciones de esa manera. Solo tenemos que estar dispuestos a buscarlos y hacer el arduo trabajo de mentoría.

Jennifer Waldrep es una misionera de IMB en Lima, Perú.

Fuente: IMB

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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