La Toma de Decisiones en la Comunidad Cristiana

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En el primer capítulo del libro de Hechos, mientras la Iglesia esperaba nacer, Pedro se pone de pie y se dirige a los apóstoles. En vez de esperar por la llegada Espíritu Santo prometido, les propone reemplazar a Judas con otro testigo del ministerio terrenal de Jesús. Determinaron que el requisito para tal sustituto fuera su presencia durante el ministerio de Jesús desde su bautismo hasta su resurrección. El grupo no pudo llegar a un consenso y más allá de identificar dos candidatos. Lo echaron a la suerte y escogieron a Matías.

Si pensamos, por aquello de hacer la comparación, que el plan de Dios era reemplazar a Judas con Pablo, nos damos cuenta de varias fallas en el proceso decisional de los apóstoles. Siguieron adelante sin esperar por el Espíritu Santo prometido, establecieron criterios humanos para el sustituto que Dios no aplicó al escoger a Pablo, identificaron dos posibles cursos de acción (José o Matías) que no incluyeron la opción que Dios escogería y lo echaron a la suerte para tomar la decisión final.

Antes de criticar severamente a los apóstoles, debemos enfatizar que aun no habían recibido el Espíritu Santo prometido. En las palabras de A. B. Simpson:

No tan solo al creyente individual, sino especialmente al cuerpo colectivo del pueblo de Dios llega el Espíritu Santo.  Es Él quien constituye la iglesia y la reviste con la vida y poder de su Cabeza Viva.  Hasta el día de Pentecostés y la llegada del Espíritu, a los apóstoles no se les permitió comenzar a hablar y obrar para el Maestro. El Espíritu Santo es precisamente la vida y el poder del cristianismo y sin Él, la iglesia es como un barco sin fuego en sus motores, ni vapor en sus calderas; como un ejército de soldados que yacen sin vida; como la visión de Ezequiel en el valle; como un cuerpo sin un alma activa. La Iglesia no fue concebida como una organización natural e intelectual, sino una instrumentalidad sobrenatural, totalmente dependiente del poder recibido directamente de Dios para ser efectiva y, por tanto, con la necesidad de separarse siempre del brazo de carne y las fuerzas de ejecutorias meramente humanas. Caminando en el Espíritu, parte IV, Relación con la Iglesia.

En Lucas 5:17-26 un hombre paralítico es traído ante Jesús, quien al verlo proclama: “tus pecados quedan perdonados.” Esto causó incomodidad entre la multitud porque dudaban de la veracidad de tal aseveración y de su reclamo implícito de poder para aseverar tal cosa. Jesús, entonces, les hace una pregunta retórica sobre cuál acción era más difícil llevar a cabo: “tus pecados quedan perdonados” o “levántate y anda”. Verdaderamente la pregunta no iba dirigida a la dificultad de ejecutar cada acción, sino a la dificultad de reclamar de manera creíble tener el poder de ejecutarlas. Nadie podía desmentir el reclamo de Jesús de que los pecados del hombre habían sido perdonados, pero si el hombre no se ponía de pie y caminaba, el reclamo sería evidentemente falso. Jesús entonces hace lo visible (“levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”), para que la multitud también creyera lo invisible (“tus pecados quedan perdonados”). Como resultado, todos quedaron asombrados y reconocieron que habían visto maravillas.

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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