La Globalización y sus Impactos sobre la Práctica Misionera

Por Marcos Amado

Hay muchas definiciones de globalización, Timothy Tennent dice:

“La globalización es una conectividad compleja en la que los eventos y las relaciones locales son influenciados y definidos por eventos distantes. Esta conectividad compleja está influenciando la política, las relaciones sociales, la economía, la tecnología, la ciencia, la cultura y la religión”.

Michael Goheen afirma que la globalización “es la propagación de la historia del progreso económico occidental moderno, utilizando especialmente la nueva tecnología de la información”.

Cuando vemos esas dos definiciones es imposible no notar inmediatamente que, dada su amplitud, la globalización no puede dejar de ser tenida seriamente en cuenta cuando pensamos en la misión del pueblo de Dios en el siglo XXI.

Para entender esto, necesitamos recordar que, según el apóstol Pablo, somos embajadores de la reconciliación de Dios hacia el mundo por medio del sacrificio de Cristo en la cruz. Si pensamos que la caída, es decir, la desobediencia de Adán y Eva, causó la separación del ser humano hacia Dios, del ser humano hacia sí mismo, del ser humano hacia su prójimo y el ser humano hacia la naturaleza, la reconciliación realizada por Jesús incluye al menos esas cuatro dimensiones. Caso contrario, sería una reconciliación incompleta.

Teniendo esto en mente, volvamos al tema de la globalización. No hay duda de que la globalización nos ha traído varios beneficios. Por otro lado, también produce consecuencias negativas para miles de millones de personas. Según René Padilla, la globalización es “el mayor desafío que enfrenta la misión cristiana hoy”. ¿Por qué?

Hay varias razones y en el tiempo disponible podemos mencionar sólo algunas. La primera está relacionada con la sociedad consumista del occidente que ha llevado en todo el mundo a un creciente abismo entre ricos y pobres. Este consumismo, entre otras razones, también lleva a la destrucción ecológica y al desplazamiento masivo de personas, para mencionar sólo dos consecuencias negativas relacionadas con el consumismo occidental.

Según Goheen, “gran parte del problema es impulsado por un compromiso de fe con el crecimiento económico, acompañado de una cultura de consumo que vive de productos diseñados para ser desperdiciados”.

Dentro de la definición más amplia de misiones que estamos utilizando, ¿podemos olvidarnos de eso cuando pensamos en formar parte de la misión de Dios de llevar curación a las naciones?

Pero la globalización también trae impactos en otras áreas que deben afectar nuestra reflexión misionera.

Pensemos, por ejemplo, en los movimientos poblacionales que han ocurrido en la última década. Lo que ya ha ocurrido en Brasil es un movimiento que, aunque relevante, todavía es muy tímido cuando se compara, por ejemplo, con la situación de Europa. La población nativa europea ha disminuido al menos el 20% en los últimos diez años. Mientras tanto, vemos millones de refugiados que, huyendo del hambre, de la guerra y de la persecución, y oriundos de diferentes grupos étnicos y religiones, están llegando a Europa. Y la cuestión se vuelve aún más compleja cuando vemos que al mismo tiempo que la tasa de fertilidad de la mujer europea es de 1.4 hijos, la mujer musulmana que vive en Europa tiene una tasa de natalidad de 3.5 hijos. ¿Debemos ver esto como amenaza o como oportunidad?

La urbanización es otro fenómeno impulsado por la globalización que debe ser tenida en cuenta en nuestras acciones misioneras. Los ‘pueblos no alcanzados’ ya no viven necesariamente en áreas remotas. Si en 1900 el 16% de la población mundial vivía en áreas urbanas, hoy tenemos más del 55%, y ese número continúa aumentando. Esto trae una serie de desafíos para nuestra tarea de ser testigos del Señor Jesús en todo el mundo y en todas las esferas de la sociedad. Una sociedad urbanizada trae pobreza, personas sin techo, enfermedades, criminalidad y un sin fin de situaciones que necesitan nuestra participación como cristianos.

Por último, quiero mencionar brevemente la cuestión de la tecnología. Así como en otros aspectos de la globalización, la tecnología nos trae increíbles beneficios. Pero, al mismo tiempo, también vemos desafíos que deben formar parte de nuestra agenda misionera. Algunos rasgos del posmodernismo, como por ejemplo el pluralismo y el relativismo se han vuelto globales. Además, el Compromiso de Ciudad del Cabo nos alerta de que la tecnología tiene grandes implicaciones para la Iglesia y para las misiones, principalmente en relación a la verdad bíblica sobre lo que significa el ser humano. Necesitamos promover respuestas auténticamente cristianas y acciones prácticas en la arena de políticas públicas para asegurar que la tecnología no sea usada para manipular, distorsionar o destruir, sino para preservar y permitir la integridad de nuestra humanidad como aquellos que Dios creó conforme a su imagen.

Sin duda alguna todos estos aspectos son realidades que afectan la misión del pueblo de Dios en nuestros días. ¿Será que seremos valientes como para incluirlos en nuestra agenda misionera o será más cómodo permanecer en nuestra visión tradicional evangélica de misiones? Que el Señor nos dé mucha sabiduría para decidir.

Fuente: Martureo

 

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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