La Biblia es la verdad: ¡léela!

Por Gabriel Andavazo

Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz (Lucas 11:33)

La grandeza medida en distancias, tamaños o volumen no es absoluta. Objetos que pueden calificarse como los más grandes del mundo resultan ser insignificantes en valor y propósito. Otros se merecen el adjetivo de grandes aunque su tamaño pase desapercibido a los ojos humanos.

El libro de registros mundiales llamado Guinness World Records, contiene en sus páginas cualquier clase de exageración que puede ir desde objetos hasta organismos, de lo más pequeño hasta lo más grande. Guinness World Records recibe unas 65.000 peticiones cada año, por lo que es imposible aceptar todas las que llegan [1]. Durante el 2011 poseía la cifra de 4107 registros.

En las montañas de Ciudad Juárez, existe un letrero de dimensiones asombrosas, puede ser visto desde cualquier punto, ya sea aéreo o terrestre. Hace honor a su grandeza no solo por el tamaño de las letras (que ocupan en promedio un área de 30.000 metros cuadrados), sino por su significado. Despliega una gran verdad y se puede observar en páginas de internet, periódicos, cartas, desde lo alto en un avión que llega a la ciudad o sale de ella y hasta en tarjetas postales vendidas en los comercios.

La leyenda se ha convertido en uno de los distintivos de la ciudad. Sus montañas que originalmente se llaman Cerro Bola, ahora son identificadas por los habitantes de la región como “Cerro de la Biblia”. El letrero da testimonio del esfuerzo que un grupo de cristianos han hecho por los últimos 31 años, escalar la montaña para mantener viva la recomendación de leer la Biblia. Es difícil imaginar la ciudad sin el colosal mensaje.

En 1987 se celebró en la ciudad una campaña evangelística que se denominó “Fiesta Juárez 87”. La intención era triple: a) dejar memoria del evento, b) dar una prueba de la unidad del cuerpo de Cristo haciendo a un lado las diferencias denominacionales y, c) hacer notar, de manera significativa, la importancia de la lectura bíblica.

Se pensó en posibilidades como la creación de un orfanatorio, o un programa de beneficencia pública administrado por la iglesia, pero la recaudación de los fondos representaba un conflicto de intereses.

El Pastor Gerardo Bermúdez propuso pintar una leyenda que sirviera de testimonio, la junta de ministros aprobó el plan dejándolo como responsable de la faena. Después de cuatro meses de arduo trabajo en el trazo, se citó a los evangélicos de la ciudad que quisieran ayudar a rellenar los espacios con pintura blanca. En pocos días apareció a la vista de todos el mensaje, fue una gran sorpresa porque nadie sabía lo que se estaba trazando en aquel cerro.

Aunque no era posible hablar personalmente con cada habitante sobre esta verdad, ya no importaba porque ahora inevitablemente lo podrían leer.

Como era de esperarse las reacciones aparecieron al instante. Para algunos no hay mensaje más noble que este, para otros es un peligro estimular la lectura de un libro tan complicado sin la instrucción debida, para otros simplemente es contaminación visual que ofende su convicción. Cualquiera que sea la posición del lector, el mensaje no pierde valía y grandeza. Alguien expresó: “La Biblia es como un león, suéltala y se defenderá sola”.

Subir a la montaña cada dos años para repintar es un gozo que se siente con cada gota derramada sobre la piedra, los más de 4,000 litros de cal vertidos dan vida a la voz callada. Las manos unidas de cientos de cristianos no alcanzarían para extender una Biblia a más de dos millones de personas, aun cuando quisieran sería imposible. Involuntariamente damos testimonio público de la grandeza del libro sagrado que, sin vacilación alguna podemos decir, es más grande que las mismas montañas.

Para aquellos que consideran el peligro de leer “el libro negro” sin la instrucción debida, quizá deban recordar que fue la lectura del mismo lo que obró en la reforma de la iglesia del siglo XV trayendo convicción de la verdad.

La lectura en si es un beneficio cultural y cuando se trata de la devoción ésta se une al beneficio espiritual. Leer la Biblia desde cualquier perspectiva siempre tendrá un beneficio porque toda la escritura es útil para enseñar, si es que no se busca la perfección, de todos modos seremos afectados de forma positiva.

Solo nuestra ciudad es poseedora de un mensaje de semejantes dimensiones físicas y espirituales. Este es el mejor anuncio publicitario que jamás se ha leído, no es perjudicial a la salud, tampoco a la economía y mucho menos a la inteligencia. Lo que se promueve no proviene de una transnacional o cadena mundial de tiendas. No es para enriquecer a algunos y empobrecer a otros. No es la competencia entre libros, tampoco corre el riesgo de pasar de moda, no anuncia una tragedia, ni la cara de un personaje famoso.

Pero sí es el libro de la esperanza en medio de la tribulación, de la respuesta en medio de la duda, de la protección ante el peligro, de la seguridad ante la eternidad y sobre todas las cosas de la libertad. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32).

No hay duda, la lectura de la Biblia trae toda clase de beneficios a la vida de los hombres. Su grandeza descansa en su autor, Dios, quien ha querido dejarnos el registro de las cosas que no pueden ser superadas. Es el Guinness Record de Dios.

Así como la ciudad ha quedado marcada por la leyenda, también lo será todo aquel que sea influenciado por el libro más grande del mundo, la Biblia.

Fuente: Evangélico Digital

The following two tabs change content below.

Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

Latest posts by Martha Claros (see all)

Comments are closed.