Iniciativa Cristiana Panameña por Migrantes y Refugiados

 

Dios está sacudiendo al mundo, ha dispersado pueblos y etnias enteras en todas las direcciones. Según Naciones Unidas, el 3,4% de la población mundial ha realizado un proceso de migración. Lo que equivale a 250 millones de personas aproximadamente. Y muchos de estos pueblos son considerados entre los menos alcanzados y de poco acceso al Evangelio en sus respectivos países de origen.

Como resultado de esta diáspora de naciones (culturas, razas y lenguas) de todo el mundo y el aumento de la migración a nuestra región, un equipo de voluntarios en Panamá percibió que este país es paso obligado en la “Autopista Mundial del Migrante”.

Gustavo Gumbs y su esposa Cristina sirven en el movimiento misionero panameño hace 25 años. Gustavo, quien es el Coordinador de Iniciativa Cristiana Panameña por Migrantes y Refugiados, dice que fueron desafiados por el gobierno a hacer algo, ante la crisis, y fue así que, hace tres años, nace este ministerio. “Somos un equipo interdisciplinario de voluntarios, discípulos de Cristo comprometidos con el llamado de Dios a ser testigos de Su amor y servicio sacrificial a todas las naciones. Somos una red no-denominacional de esfuerzos individuales o colectivos del cuerpo de Cristo en Panamá a favor de los migrantes”.

La Iniciativa Cristiana Panameña por Migrantes y Refugiados, (en proceso de registrarse como “Fundación de Asistencia a Migrantes” – FAM) busca aliviar en alguna medida la aflicción propia de aquellos que migran desde tierras lejanas y se ven obligados a pasar por Panamá (sin necesariamente tener la intención de quedarse allí). Colabora con las autoridades y el país en su manejo de la crisis migratoria. Procura suplir las necesidades físicas, emocionales y espirituales de los migrantes. Al mismo tiempo se asegura de que escuchen el evangelio en un idioma que puedan entender.

Además, sirve entre los migrantes y refugiados donde quiera que estén y por donde quiera que penetren al país. No hay lugar específico. Continuamente el flujo de inmigrantes se da por aire, tierra y mar, y mayormente en zonas fronterizas. Por lo que se les puede encontrar formando campamentos en puertos, escondidos en áreas rurales; en campos, en selvas y en costas.

 “Trabajamos en colaboración con entidades gubernamentales y no gubernamentales, por medio de donaciones (ropa, artículos de aseo, medicamentos, etc.), a través de la movilización de profesionales de diferentes disciplinas (doctores, abogados, psiquiatras, docentes, etc.), con giras médicas, distribuyendo literatura relevante para ellos en diversos idiomas y llevándoles programas (haciendo visitas en albergues, campamentos y donde se encuentren) multilingües, culturalmente sensibles, buscando explicarles que el sueño americano no existe y que la verdadera felicidad no está en un lugar, sino en una persona, el Señor y Salvador Jesucristo”, expresa Gustavo.

También les ayudamos a conectarse con instituciones u oficinas que puedan responder a sus inquietudes específicas. De igual forma, a aquellos que están buscando estadía en Panamá, los ponemos en contacto con alguna iglesia local que quiera adoptarlos.

En cuanto a que el migrante pueda llegar a su destino, Gustavo dice que todo depende de su estatus migratorio. Si sus papeles están en orden para continuar, esto se convierte en sí mismo en su salvoconducto a su destino, pero en caso contrario ocurre la “deportación”. “No garantizamos la llegada o estadía de ningún migrante a ninguna parte. Eso lo dejamos a las autoridades. Más bien nos aseguramos de aliviar su tránsito y ministrar a sus necesidades de forma integral en el proceso”.

Para involucrar a la iglesia en el trabajo que realizan, han hecho foros, talleres o jornadas de concientización sobre el tema migratorio. Buscan descubrir con la Iglesia ¿qué deben hacer ante la crisis migratoria mundial? y cuál debe ser su respuesta bíblica y visión misional ante este fenómeno migratorio. Hablan de la necesidad de responder como iglesia de forma diferente al resto de la población, con un rol separado al del gobierno.

Según Gustavo, una vez que algunas iglesias, líderes o miembros entienden lo anterior, no es difícil el reclutamiento u ofrecimiento de voluntarios. “Dios ya tiene un remanente de discípulos que saben que al extranjero hay que amarlo como a “un natural” (Lev. 19:33-34) y que hay que ayudarle a “encontrar a Dios” una vez que llega a nuestro país (Hch. 17:26-27)”.

En el proceso de ayuda que brindan, se encuentran con muchas historias de migrantes. Gustavo nos cuenta una de ellas.

Es la historia de un hombre a quien llamaremos Osama. Osama llegó enfermo, cansado y desanimado a Panamá, por la ruta o “Autopista Mundial del Migrante”, viniendo de Sudamérica y atravesando la selva del Darién. Como todos los migrantes, fue retenido en territorio panameño. En una de nuestras visitas a los campamentos y después de ministrar a todos los presentes, uno de los obreros de nuestro equipo, que es norteamericano, a quien llamaremos JC, se acercó a Osama, escuchó su historia y se hicieron amigos. Osama quedó muy agradecido por el servicio hecho por la “Iniciativa Panameña por Migrantes y Refugiados” por medio de los cuales escuchó el Evangelio. Las autoridades dejaron a Osama continuar su peregrinaje, dejando Panamá, aunque JC y Osama se mantuvieron en contacto. Eventualmente Osama llegó a los Estados Unidos y consiguió trabajo.

En un viaje donde JC y familia regresaron de visita a su país, se comunicaron con Osama. Le saludaron, expresando su deseo de verlo, pero lamentando que residían en estados tan lejanos uno del otro. Durante la llamada Osama les dice que justo en ese momento (providencialmente) él está pasando por la ciudad de JC con su prometida y futuro suegro (también pakistaníes). Sorprendidos por la providencia, los invitan pasar y comer a su casa. Y así fue como Osama, con su prometida y suegro, pasan un hermoso tiempo en casa de JC. Al saber que la familia anfitriona era cristiana, al principio el suegro de Osama ni siquiera quería bajar del carro, pero finalmente aceptó y más bien terminó hablando de todo. Allí tuvieron la oportunidad de compartir el Evangelio nuevamente con Osama y por primera vez con su novia y suegro. ¡Ellos muy sensibles y agradecidos recibieron el mensaje, les entregaron un regalo especial y reiteraron su reconocimiento a JC y a los cristianos en Panamá, que lo amaron y bendijeron durante su travesía!

Gustavo afirma que tienen referencias de variedad de migrantes que al llegar a su destino terminan buscando iglesias para congregarse, abiertos al Evangelio por causa de los muchos creyentes/discípulos que se encontraron en su camino y que, a diferencia de otros, les mostraron amor y servicio cristiano. Solo en Panamá, cada mes pasan centenares de migrantes de los cinco continentes, unos transitan y pocos se quedan.

“Podríamos decir que si Latinoamérica no está yendo a las naciones (al ritmo que debiese), Dios entonces está trayendo las naciones a Latinoamérica. ¡Dios está trayendo lo último de la tierra a nuestro patio!”. Oramos para que Dios nos permita un trabajo en red, donde todo el cuerpo de Cristo en Latinoamérica colabore para ver la semilla del evangelio sembrada en estos viajeros de todas las naciones. Que hagamos sinergia para poder conectarlos en cada país de tránsito y, poder velar y orar hasta que la semilla germine en sus países de destino (¡aún si terminan siendo deportados!). ¡Unámonos para alcanzar a las naciones menos alcanzadas y en diáspora, que llegan a nuestro territorio! Concluye Gustavo.

Para más información sobre este ministerio, puede escribir a Gustavo Gumbs: gustavo.gumbs@gmail.com

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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