Familias sirias acogidas por iglesias argentinas

 

“Una Iglesia, Una Familia” es un programa de JUCUM Argentina que inició en el año 2016 y que junto a diferentes agencias y al gobierno de la nación ha permitido traer familias sirias que se encuentran en situación de refugiados para ser recibidas por iglesias evangélicas comprometidas en brindarles vivienda, sustento, atención emocional y adaptación social, hasta que la familia se inserte en la sociedad.

Actualmente hay siete familias, distribuidas en distintas partes del país, tanto en Buenos Aires como en otras provincias. Estas familias estaban viviendo en El Líbano, todas son de nacionalidad siria, pero de distintas etnias. Algunos son kurdos, algunos sirios y hay una familia que la mamá es siria y el papá egipcio. Andrea Dos Santos, Coordinadora del Programa “Una Iglesia, Una Familia”, afirma que se prioriza la familia. El sirio por su cultura es muy apegado a su familia, y el estar todos juntos, padres e hijos, es algo muy importante que desean preservar.

Todas las familias están en proceso de adaptación. Dos de ellas ya casi cumplen un año de estar en Argentina. La tarea de las iglesias ha sido muy importante para ayudarles a adaptarse, y quienes mejor lo hicieron con el idioma y la cultura, fueron los niños, a diferencia de los adultos.

“La iglesia está haciendo una tarea excelente con dos familias. Una familia de kurdos y una familia de sirios árabes están muy bien adaptadas, ya están trabajando. Incluso, uno de ellos está estudiando tornería para iniciar algo nuevo, y congregándose de a poquito en la Iglesia, aunque no todos, pero si la gran mayoría”, dice.

Aparte de las siete familias, vinieron dos más, pero decidieron regresar a su país, por falta de adaptación. Hay otras diez en proceso en el Líbano. Están esperando que Argentina les apruebe los papeles.

“Dos familias decidieron regresar a Siria y eso también nos enseñó un montón en cuanto a dar, pero a la vez dejarlos en la libertad de elegir y decidir si quedarse o volver. Tenemos ahora una familia que está justamente en pleno proceso de adaptación, y están pensando volver”.

Al inicio se pensaba, que las siete familias eran cristianas, porque les hicimos una entrevista, dice Andrea. Pero no todo lo que dice el formulario era tal cual. El tema de ser cristiano es difícil de medirlo. Alguno decía “sí, pertenezco a la iglesia evangélica hace 10 años”, pero tenía reacciones no tan buenas.

“No hay certeza de que son cristianos. Nos estamos dando cuenta de que la mayoría no son cristianos. Lo que sí sabemos es que ellos aceptan que una iglesia los ampare. Lo bueno es que se dan cuenta después, aunque vamos caminando con ellos y vamos conociendo lo que realmente creen, nadie los rechaza, todo lo contrario”.

La Iglesia tiene el compromiso de darles por un año; vivienda, alimentación, contención y ayudarles a la inserción laboral.  Pasado ese primer año se evaluará cómo está la familia, y la iglesia de a poco irá menguando su ayuda para que la familia por sí misma, salga adelante. Se espera que a los dos años la familia ya sea independiente económicamente para desenvolverse en la sociedad.

Andrea comenta que lo más difícil de este proceso ha sido la comunicación con las familias que no hablan ni inglés. Han tenido que depender del celular para la traducción o depender de un tercero que no es del equipo para traducir.

Sin embargo, de parte del gobierno han tenido facilidades para aprender el español. Hay instituciones que les están dando el curso gratis. A su vez cada iglesia les ha asignado una persona que les ayuda con el español, generalmente una maestra de la iglesia.

“Algo muy interesante que pasó en una de las iglesias fue que un matrimonio con enfoque al mundo musulmán quería aprender árabe y se acercó a una de estas familias. Ellos aprendieron español y los otros árabe. Fue un intercambio de aprendizaje de idiomas”.

El gobierno y la iglesia hicieron un equipo. El gobierno puso la parte legal jurídica, y la iglesia la parte de contención material, emocional y espiritual. Andrea manifiesta que de parte del gobierno están agradecidos, y reconocen el trabajo del equipo “Una Iglesia, Una Familia”, por responder al “Programa Siria”, un programa impulsado por el gobierno que trabaja junto a Naciones Unidas, ACNUR, Amnistía Internacional, migración, y la oficina de derechos humanos.

“Hasta la ONU se está dando cuenta cómo el cristiano está ayudando al musulmán y el mismo musulmán se sorprende. Dicen “se supone que eran nuestros enemigos, ahora nos están ayudando”, así que eso es un buen testimonio, el darles de comer, darles un lugar, aunque eso no signifique que vienen a seguir a nuestro Dios”.

Varias de estas familias desean irse a Europa una vez que tengan su pasaporte argentino. Son pocas, tal vez dos o tres familias, las que quieren quedarse a vivir por el resto de su vida en Argentina.

Andrea en base a toda esta experiencia, concluye diciendo:

“Nosotros lo que podemos decir a la iglesia parte lo que dice la Palabra de Dios: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, tuve que salir de mi país, me diste alojamiento. Con esa palabra empezamos nosotros, entendiendo que no se trata de los recursos que tenemos sino de obedecer a Dios. Es un compromiso con vidas, es una adopción con grandes desafíos. Yo animaría a toda la iglesia que se involucre de alguna manera porque es una crisis global enorme. Un día tenemos que dar cuenta a Dios, porque fuimos contemporáneos a la mayor crisis humanitaria del mundo. La iglesia latina tiene mucho para dar y entendemos sobre pérdida, sobre dolor, y sobre inestabilidad económica. Muchas veces creemos que los que tienen más son los que tienen que ayudar, y en esta realidad se comprobó que no es así. Simplemente es compartir lo que tenemos”.

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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