El perfil del misionero frente a un mundo turbulento

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Dr. Jonatán Lewis

Vivimos en los mejores y en los peores tiempos. Los avances tecnológicos permiten a algunos vivir vidas más largas, más productivas, y con mayor confort que nuestros antepasados. Pero con todos los avances tecnológicos, una gran parte de los seis mil millones de habitantes de este mundo tiene una pésima calidad de vida, algunos al punto de la deshumanización increíble. Los problemas sociales son enormes y endémicos: el SIDA, la deuda, la deforestación, la contaminación ambiental, los refugiados, las guerras, el genocidio, la amenaza de armas biológicas y nucleares, el terrorismo, etcétera. El secularismo, impulsado por los avances científicos y la corriente del modernismo, no ofrecen soluciones.  Como fuerza misionera, a estos desafíos le agregamos enormes corrientes sociales, tales como el fundamentalismo religioso y su hegemonía política y cultural en muchos países, que entorpecen nuestra labor. ¿Cómo realizamos misiones frente a estos tremendos desafíos? ¿Puede sobrevivir el trabajo misionero? ¿Y si ha de sobrevivir, cómo se perfilará el misionero, su misión, y el sistema que le envía y apoya en estos días tan turbulentos?

Una Perspectiva Escatológica

En Mateo 24, frente a la pregunta: ¿cuándo vendrá el fin? el Señor Jesús describe un mundo muy similar al nuestro. Pero a pesar de los problemas descritos, en el versículo 14 asevera que “Será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” Si entendemos misiones como la gama amplia de todo lo que Dios hace para cumplir con la predicación del evangelio a todas las “naciones,” entonces no cabe duda que en Su plan “misiones” seguirá vigente hasta el fin. Pero con esta declaración, también aclaramos que “misiones” puede realizarse por cualquier medio que Dios quiera utilizar. La meta de la misión no cambia, pero sí sus formas y normas.

Si la historia se repite, Dios seguirá utilizando medios voluntarios e “involuntarios” para cumplir con su meta. Él utiliza la adversidad y los problemas como “oportunidad” para extender su Reino. En nuestro mundo, la persecución de creyentes y la dispersión que son su consecuencia, sigue siendo una vía misionera importante como lo ha sido en la historia de las misiones (Hechos 8:1). No solo se están movilizando misioneros como refugiados, pero Dios está moviendo grandes poblaciones de los inalcanzados como inmigrantes a los países poblados de cristianos con el propósito, según Hechos 17:26-27, que ellos le encuentren a Él. No cabe duda que hay mucha misión transcultural a realizarse entre estos inmigrantes por la iglesia, sin necesidad de enviar misioneros a grandes distancias. Dios ha elegido utilizar a su pueblo como agente principal para la evangelización mundial y realizará este trabajo de una u otra forma. (Gen 12:3; Ex 19:5,6).

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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