El Arte de la Traducción

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Según la definición del diccionario, «traducir» es expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra. Sin embargo, cuando hablamos de traducciones bíblicas nos referimos a mucho más que eso, porque una traducción formalmente correcta no sería suficiente tratándose de las Escrituras.

Es posible que alguien piense que para hacer una traducción basta con conocer bien el idioma de origen y el idioma receptor y seguir algunos métodos técnicos, pero esto produciría una traducción formalmente correcta, aunque sin vida y deshumanizada.

Traducir es un arte, y uno de los objetivos fundamentales de las Sociedades Bíblicas Unidas es la traducción de la Biblia de manera que cualquier persona que la lea en su propia lengua reciba el mensaje que los autores en la lengua original quisieron transmitir.

Estos son algunos de los desafíos más importantes que un traductor debe enfrentar al traducir la Biblia a una lengua indígena:

1. El idioma indígena contiene expresiones idiomáticas únicas.

Una característica de la literatura oral es el uso de la onomatopeya y de la repetición sonora para representar una acción verbal. El Salmo 18.13 dice: «Tronó en los cielos Jehová». Una Biblia quechua emplea el término onomatopéyico «kununununumun» para traducir el verbo tronó, imitando el sonido del trueno.

2. Es posible que los elementos de la narración bíblica existan, pero con otra carga temática.

Para los indígenas del norte argentino, los frutos del algarrobo son un elemento básico de la alimentación, símbolo del buen comer. En la parábola del hijo pródigo el hijo se ve forzado a mendigar las algarrobas que comían los cerdos. Si esto se traduce literalmente resulta incomprensible o por lo menos contradictoria. El relato de Lucas 15 habla de una gran hambre, y al mismo tiempo señala que había algarroba para comer. Al hacer la traducción, es necesaria una adaptación cultural del nombre del fruto a incluir en esta parábola.

3. Muchas veces, el idioma indígena es más rico que el idioma base o dominante.

La riqueza y variedad de la fauna y flora en su tipo y multiplicidad idiomática pone en serio aprieto al traductor. Por ejemplo, Marcos 1.6 relata que Juan el Bautista «comía miel silvestre». En la lengua wichí hay 18 palabras para referirse a ese tipo de miel, en el toba hay 10, en la lengua chorote, 7 u 8. El texto bíblico no especifica el tipo de miel silvestre, pero el traductor del Chaco (recolector de miel) debe usar la palabra exacta, pues no hay una palabra genérica para referirse a ella.

4. Las categorías de pensamiento de su cultura, a veces, predisponen al traductor indígena.

Por ejemplo, los zapotecos de México hicieron una interpretación monetaria del diezmo, e interpretaron que se trataba de dar sólo 10 centavos. De igual manera, cuando los indígenas hicholoén, de México, se encontraron con el pasaje en donde Jesús dice: «En la casa de mi padre, muchas moradas hay», pensaron que se trataba de casas de color morado.

5. La experiencia diaria deja huellas en el pensamiento de un pueblo, lo que muchas veces dificulta la comprensión bíblica.

El hambre, la pobreza y marginalidad a los que son sometidos la mayoría de los pueblos indígenas, dejan huellas en el pensamiento. Los grupos étnicos del Chaco paraguayo han sufrido una constante escasez de víveres y, muy a menudo, hambruna. Por consiguiente, cuando hay comida, la comen. No les cabe la idea de tener víveres o comida almacenada y decidir no comer. Esto presentó dificultades para interpretar el ayuno bíblico. Por eso, fue preciso traducirlo explicando el concepto: «dejar de comer por un tiempo con el propósito de dedicarse al culto o al servicio a Dios».

6. Los modismos pueden ser tan diferentes, que modifican el sentido del pasaje si no se adaptan.

Los modismos son un género propio de un determinado idioma. La Biblia habla del «corazón duro» indicando la terquedad o el entendimiento entenebrecido de una persona. En cambio, para los shipibo, de la selva peruana, tener un «corazón duro» es algo deseable y loable, pues se refiere a una persona valiente. Cuando quisieron expresar la idea bíblica de «corazón duro», ellos tradujeron: «sus oídos no tienen huecos».

La idea de corazón como el centro de la personalidad humana aparece con frecuencia en el relato bíblico. En el sermón del monte, Jesús dice: «Bienaventurados los de limpio corazón». Bien sabemos que esto es una figura, ya que el corazón en un órgano. El problema es que en otras culturas el órgano usado para referirse al centro de una persona, es el hígado, no el corazón. En estos casos el texto bíblico debe decir: «Bienaventurados los de limpio hígado».

7. La geografía puede complicar o hasta contradecir el mensaje bíblico.

Como todos sabemos, en el norte argentino no hay nieve; por eso, en textos como en el Salmo 51.7 «… más blanco que la nieve», los traductores emplean figuras de su cultura: «más blanco que el algodón».

8. El hábitat cultural puede complicar la traducción de determinados pasajes.

A veces, los elementos culturales cotidianos y el hábitat pueden complicar la traducción de determinados pasajes. Por ejemplo, en Apocalipsis 3.20 leemos: «Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos». En algunas culturas del sudeste de Asia, traducir de esta manera podría prestarse a una interpretación errónea, porque tocando a la puerta es como el amante le comunica a la chica su deseo de que se encuentre con él en alguna parte.

Sin embargo, para los basanaki, pueblo de África Oriental, esta misma frase implicaría que Jesús es un ladrón, puesto que solamente los ladrones tocan a las puertas para saber si hay alguien en la casa. Las personas honradas llaman a los de la casa por sus nombres, y al hacerlo ellos mismos se identifican.

En otros pueblos de África, todos viven en chozas que no tienen puertas, sino agujeros. ¿Cómo traducir el pasaje? En esa traducción, y teniendo en cuenta que la forma adecuada de anunciarse es toser al costado de la choza para que se le invite a entrar, en la traducción se lee: «He aquí, yo estoy al costado de la choza y toso».

9. La lógica propia de cada cultura determina su idioma.

Para los shilluks del Sudán «un gran corazón» tiene alguien que es avaro, mientras que «pequeño corazón» se usa para referirse a alguien muy generoso. La lógica es clara: quien tiene un gran corazón es la persona que acumuló todo lo que ha querido en su corazón. El generoso lo dio todo, y por eso su corazón es pequeño.

10. A veces, no existen palabras en el idioma a traducir para algunos términos básicos del lenguaje bíblico.

Hay palabras muy importantes dentro del relato bíblico, que simplemente no existen en algunas lenguas. Es el caso de la palabra «perdón» en el idioma esquimal. Para expresar el término hubo que reconstruir el concepto. La traducción en lengua esquimal, en lugar de perdón, dice: «Incapaz de pensar en ello nunca más».

Fuente: Sociedad Bíblica Argentina

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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