¿Dónde está tu corazón?

Por Ronaldo Lidório

Cuando Cristo se convierta en nuestro tesoro más precioso, finalmente nuestro corazón estará en el lugar correcto.

Estudiando el Evangelio de Mateo con algunos hermanos africanos, uno de ellos interrumpió la lectura preguntando de manera directa: “cómo saber dónde está nuestro tesoro?”. Él se refería a Mateo 6.21, donde Jesús afirma que “donde esté su tesoro, allí también estará su corazón”. Sentí que esperaba una respuesta para hacer el asunto más objetivo. Pasamos algún tiempo leyendo todo el texto y conectando las porciones bíblicas que hablan de “tesoro” y “corazón”. Expliqué que Jesús nos llama a vivir con los valores indestructibles del Reino y que esto debe gobernar nuestro pensar, hablar y actuar. Al final, uno de ellos, con una palabra práctica exclamó: “Donde colocamos nuestro dinero, trabajo y tiempo, ahí está nuestro tesoro… y también nuestro corazón”.

En todo el mundo hay 2 mil millones de personas que desconocen a Jesús y en Brasil hay diversos segmentos aún no evangelizados. ¿Cómo entender el fuerte crecimiento de la Iglesia de Cristo coexistiendo en lugares que están llenos de gente que no ha conocido el Evangelio? ¿La multiplicación de congresos, encuentros, libros y exposiciones bíblicas en contraste con el cuadro de millones, muy cerca de nosotros, que poco o nada saben del Cordero de Dios? ¿Las concentraciones cristianas con miles – y decenas de miles – a pocos metros de vidas en plena desesperanza y angustia?

Parece haber una creciente distancia entre lo que se alardea sobre la misión de la Iglesia y la realidad de las calles, bosques y desiertos. La misión es más estudiada que practicada. El amor es más explicado que manifiesto. La evangelización es más enseñada de lo que se ejerce. Tal vez sea necesario, al final del día, pensar donde invertimos nuestro tiempo, esfuerzo y dinero… y ver dónde está nuestro corazón.

En buena parte del mundo las situaciones de crisis se han mostrado como buenas oportunidades para demostrar el amor de Dios. Las iglesias de Egipto han socorrido a las víctimas de la terrible guerra en Siria. Los cristianos en el norte de Irak han refugiado islámicos que huyen del extremismo terrorista. Muchos misioneros e iglesias contribuyen a tratar a los enfermos contaminados por el Ébola y contener su avance en África. Los abogados cristianos se comprometen en la lucha por los derechos humanos en varias partes del mundo, como en Pakistán e Irán. La Iglesia en India se despierta para socorrer a niños y adolescentes, víctimas de agresiones en su país. La Iglesia Brasileña se mueve de forma más visible entre los segmentos menos evangelizados y con mayor carencia social, como los indígenas, ribereños, quilombolas y gitanos, entre otros.

Conversé días atrás con un misionero indio que compartía sobre algunas crisis en el norte de su país. “Entre persecuciones y oportunidades, la Iglesia camina mostrando el amor del Padre”, decía. Me hizo pensar en esta mezcla de riesgos y oportunidades. Los ambientes con mayor carencia siempre presentarán mayores riesgos, pero también óptimas oportunidades. Un vaso de agua para quien tiene sed es mucho más significativo y transformador.

Involucrarse con la causa de Cristo demanda redefinir nuestro tesoro. Cambiarlo del eje de los deseos puramente individuales y transitorios por la causa de lo Eterno, sea cerca o lejos. Cuando Cristo se convierta en nuestro tesoro más precioso, finalmente nuestro corazón estará en el lugar correcto.

Fuente: Radar Missionário

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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