Diferencia intergeneracional y adaptación cultural en familias misioneras

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Introducción

La diferencia del grado de adaptación cultural existente entre los padres y los hijos en las familias misioneras, es un tema central que no se está considerando todavía con la seriedad y el detalle que amerita.  Si bien es cierto que en las orientaciones a las familias misioneras se menciona la importancia de una adaptación saludable, esta se trata como un constructo general y unido.  Sin embargo, la realidad nos muestra que en el campo de servicio misionero los padres experimentan un proceso de adaptación cultural en un grado muy diferente a sus hijos. En general, los padres se aferran a su cultura de origen teniendo más dificultad en su proceso de aculturación, mientras que sus hijos que crecen en el campo misionero se desarraigan progresivamente de la cultura de su país de origen y experimentan una inmersión cultural más rápida y más intensa que sus padres.

La danza de la diferencia en proceso de adaptación de padres e hijos

Lo que se encuentra en muchos casos, es que cuando existe una diferencia mayor en el proceso de adaptación entre los padres e hijos en la familia misionera, esta tiene mayores probabilidades de enfrentar problemas relacionales, conductuales, comunicacionales que afectarán la estructura y la forma de vida al interior de la familia.  Lo mencionado cobra mayor sentido cuando consideramos que los padres llegan al campo misionero trayendo de su país de origen ciertos valores, normas, hábitos, idioma, actitudes, estilo de crianza, etc.  A su vez, los hijos son criados con estos mismos valores culturales, pero ellos al estar en una edad formativa en la infancia y adolescencia incorporan nuevos valores, normas, hábitos, idioma y actitudes que corresponden al país y a la cultura donde sus padres sirven.

El resultado de esta situación mencionada; cuando los padres experimentan un proceso de adaptación en menor grado que sus hijos, provoca que la familia pueda vivir en un constante conflicto.  Los padres misioneros y sus hijos podrían tener expectativas opuestas hacia el otro.  Por ejemplo: Los padres esperarán que sus hijos se comporten como lo hacen los hijos en su país de nacimiento, pero los hijos por el contrario esperan que sus padres acepten el tipo de comportamiento que es natural y esperado socialmente en los hijos en el país donde sus padres misionan.  De esta manera, se da una danza donde padres e hijos viven dando pasos correspondientes a la música de dos mundos.

Reacciones 

Cuando los padres misioneros no son orientados sobre la posibilidad que en el campo misionero ellos no podrían adaptarse tan rápidamente como si lo harían sus hijos, provocará un aumento del estrés en las relaciones familiares.  En algunos casos los padres serán tentados a asumir una actitud rígida y controladora con sus hijos, especialmente si están en la edad de la adolescencia. Responderán con enojo y rechazo a los valores “tradicionales de sus padres”.

A su vez, en algunos casos los padres podrían tener dificultad en aprender el nuevo idioma del país donde sirven, sin embargo sus hijos que están en el periodo escolar aprenderán el nuevo idioma mucho más rápido y en forma natural.  Esta situación puede provocar que los padres consulten con sus hijos y ellos se vuelvan en sus maestros del idioma local.  Al inicio esta situación se torna en una bendición, pero luego al pasar el tiempo los hijos llegan a sentir y expresar resentimiento por estar asumiendo un rol que no les corresponde al convertirse en “seudopadres de sus padres” al asumir responsabilidades de ser los traductores culturales a sus padres que no han logrado un proceso de aculturación lingüística eficiente al nivel que ellos.

Pregúntese cómo se sentiría un niño en edad escolar que se siente obligado a traducir a sus padres cuando van a la tienda a hacer las compras.  Cómo se sentirá la hija de la familia misionera cuando ella tendrá que traducir a sus padres y maestros cuando se dé una cita en alguna reunión entre profesores y sus padres en su escuela.  Estas situaciones, generalmente se encuentran cuando familias misioneras Latinas sirven en Europa o en los Estados Unidos.

Experiencias vividas por familias transnacionales muestran que cuando existe una diferencia muy grande en el grado de adaptación cultural entre padres e hijos y esta situación no se la procesa en consejería o con apoyo psicológico, habría la posibilidad que los hijos desarrollen problemas de deficiencia académica, problemas de comportamiento, depresión, etcétera, debido a la disonancia cultural en la que viven. La buena noticia es que esta situación es totalmente prevenible y tratable si se da una realista y amplia orientación a los padres y familia antes de que se trasladen al país de servicio.

Recomendaciones finales 

Debo mencionar que no todas las familias misioneras experimentan conflictos, porque existe una diferencia mayor en el grado de aculturación entre los padres y los hijos al vivir en el campo misionero al verse forzados a aprender una nueva cultura, un nuevo idioma, unas nuevas reglas, etc.  Las investigaciones muestran también que si en la familia cada uno tiende a colocar más importancia en el interés de la familia por sobre el interés individual, entonces habrá mayor unidad al interior de ella y menos conflicto.  Este valor cultural Latinoamericano es conocido como “familismo”, que expresa la mayor importancia a la familia sobre la posición particular de un integrante de la constelación familiar.  Algunos investigadores se refieren a esta dinámica como un alto nivel de lealtad a la familia.

A su vez, también se ha encontrado que a pesar de la gran diferencia en el proceso de aculturación entre padres e hijos, esto no se torna un problema mayor si el nivel de comunicación y afecto entre la familia es fluida y saludable. En resumen, se espera que los padres enfrenten menos conflictos con los hijos y viceversa si como familia tienen entre otras las siguientes características:

  • Aceptar cambios inesperados,
  • Ofrecer alternativas positivas frente a las diferencias culturales,
  • Establecer acuerdo en lugar de imponerse,
  • Ayudar a sus hijos a integrar nuevos valores culturales,
  • Modelar el resolver conflictos escuchando a todos los integrantes de la familia
  • Recordar constantemente que Dios los hizo nacer en una cultura determinada y reconocer que Dios está guiándoles para ser embajadores de Él en una nueva cultura respetando y asimilándose en ésta, de la mejor manera posible.
  • Recordar y enseñar a los hijos pequeños a seguir hablando el idioma materno a los hijos y esforzarse en que la familia conviva con la meta de ser bilingües y transculturales. Esto se hace pertinente en familias misioneras Latinas que al ir a servir en Inglaterra o los Estados Unidos optan por fomentar que sus hijos aprendan el inglés y no se esfuerzan en enseñar el castellano a los hijos que nacen en el país de servicio misionero.

A propósito, el recordar de donde los trajo Dios constantemente ayudará a que los hijos no se desarraigan de su país de nacimiento y que más bien formen una identidad denominada hijos de familias transnacionales, donde se integran a la cultura del país donde se nació y del país donde sus padres sirven como misioneros y donde ellos son parte de este regalo de Dios.

Las organizaciones de envío misionero o iglesias enviadoras, requieren dar una orientación realista sobre la importancia de tratar de lograr aminorar las diferencias en el nivel de grado de adaptación cultural entre padres e hijos, para aminorar las consecuencias negativas en la familia. En el caso donde se encuentren familias en el campo misionero que están viviendo crisis por la diferencia mayor en la adaptación cultural entre padres e hijos, el asesoramiento de un psicólogo cristiano con experiencia en trabajar con familias misioneras se hace necesario.

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Carlos Pinto

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y familiar. Sirve como consultor sobre Cuidado del Misionero en HCJB , SIM y COMIBAM.

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