Debriefing, duelo y dolor en la presencia de Dios; una experiencia en la comunidad misionera

 

¿Es posible experimentar la presencia de Dios en momentos de muerte súbita de un colega misionero, es esta paradoja posible?

Por Dr. Carlos Pinto

La Pérdida

Estábamos finalizando el penúltimo día de un encuentro de “Debriefing y Renovación” en Acapulco, México, en el mes de julio del 2018 como parte del trabajo que realizábamos el equipo del área de Cuidado del Misionero de COMIBAM Internacional. El grupo estaba conformado por alrededor de 50 misioneros y habíamos tratado temas relacionados a las luchas y victorias comunes de la vida misionera. Todos escuchábamos y alabábamos a Dios por su presencia en la vida de los misioneros que habían retornado del campo y expresaban sus historias. De pronto se escuchó gritos de varias personas pidiendo ayuda porque un par de misioneros habían sido arrastrados por las olas del mar, y se estaban ahogando. Lamentablemente estas dos vidas pasaron a la presencia del Señor y quienes quedamos sentimos la ausencia, el dolor y la perdida. Lo sucedido nos forzó a dejar de lado el programa planificado y hacer lo indicado en estos casos que fue el realizar un “debriefing” grupal – o una sesión de descarga emocional -sobre el incidente inesperado que habíamos experimentado debido al fallecimiento de los dos misioneros. ¿Es posible experimentar la presencia de Dios en medio de una pérdida inesperada de esta naturaleza?

La Reacción                           

Es normal sentir, dolor, confusión, culpa, enojo o tristeza frente a una perdida intempestiva de un colega con quien hemos trabajado y compartido momentos importantes en el peregrinaje misionero. El sufrimiento es inevitable, como cristianos no estamos inmunes a sentir dolor pero si hemos sido alertados y animados a llevar todo nuestro dolor al Señor, porque Él es nuestro refugio (Salmo 62.8). A su vez, Cristo quien no dejó su modelo, enfrentando dolor y sufrimiento, buscando, justo en esos momentos, el rostro del Padre. Aún Él lloró.

Cuando los gritos de auxilio se escucharon todos interrumpimos lo que estábamos haciendo y asumimos diferentes posiciones. Ahora viendo en retrospectiva, vi algunos corriendo hacia la orilla del mar para intentar salvar a los que se estaban ahogando, otros se arrodillaron y solo oraban pidiendo la misericordia de Dios, otros llamaban por teléfono a la policía, etc. Algunos más arriesgados intentaron dar respiración boca a boca a los rescatados y otros atendíamos a la esposa que lloraba. Es evidente que frente a una crisis inesperada, en este contexto, el cuerpo de Dios se articuló, se unió y cada uno se auto asignó un rol para aliviar el incidente crítico que estábamos viviendo.

Me pregunto si esto no refleja la presencia de Dios en este contexto de pérdida y duelo. ¿No fue esta situación que nos movió a ser más humanos o asumir una actitud más semejante a la de Cristo que siempre nos mostró y que nos muestra su amor incondicional? Sí, es en este momento de pérdida cuando necesitamos unirnos y recordarnos que el único dueño de nuestras vidas es Él y no nosotros.

Imagino que todos quienes estábamos viviendo este momento clamábamos por la presencia de Dios mientras enfrentábamos la pérdida.

El Peligro

Al enfrentar un incidente crítico por la pérdida inesperada de un colega, podemos reaccionar de dos maneras: La primera reacción sería espiritualizando exageradamente la situación y hablando solamente de la vida eterna y del cielo, negando el dolor que el grupo de sobrevivientes está experimentando. La otra reacción sería enfatizar exclusivamente en el hecho de la muerte y en el dolor de los deudos dejándose aprisionar por un estado de lamento y pena, sin considerar ninguna esperanza. Lo ideal es expresar la paradoja de la muerte y esperanza en una manera balanceada.

Es saludable, emocionalmente, identificar y expresar la pena y el dolor sentido por la muerte de un familiar, amigo, o colega. Es también útil usar una teología saludable para expresar esta paradoja de sentir pena y gozo al aceptar el fallecimiento de una persona. Esto es posible porque paulatinamente se va aceptando que el que murió está ausente, se ha perdido una vida, pero a la vez se puede experimentar la presencia de Dios. La gran pregunta que nos invade en ocasiones como esta es: ¿Cómo a una persona que ha estado dedicada a compartir el Evangelio en un país que no era su país de origen llega a ser atrapada y perdida en las olas del mar? El afirmar la soberanía de Dios, el aceptar nuestra incapacidad de entender en detalle cien por cien sus designios y el ver la muerte aun con esperanza (Tesalonicenses 4.13) nos permite experimentar la presencia de Dios frente a una pérdida tan significativa como la de un ser querido o la de un colega del equipo de misiones.

Lo importante es evitar quedar estancado en alguna etapa del proceso del duelo, llámese: 1)Conmoción, 2)mezcla de sentimientos, 3)deseos de negociar con Dios para que la persona fallecida vuelva a la vida, 4)depresión, 5)enojo, 6)aceptación de la pérdida reorientando la forma de pensar y sentir en forma menos catastrófica. La psicología nos enseña la importancia de expresar los sentimientos que surgen en el proceso del duelo. El expresar el enojo, la ira, el desconsuelo y a la vez la esperanza fomenta sanación emocional. El ser una persona cristiana no significa que es incorrecto tener pena, hasta Cristo lloró anticipando su muerte pero Él nunca divorcio la pena de la esperanza del plan maestro del Padre.

Recomendaciones Finales

A los integrantes del equipo del área de Cuidado Integral del Misionero de COMIBAM Internacional, este incidente de los dos misioneros que terminaron ahogados, hizo preguntarnos; ¿confiamos en Dios aún en esta circunstancia? No puedo dejar de mencionar que en los días anteriores habíamos tratado sobre las pérdidas en la vida misionera y afirmamos que Dios estaba presente aún en ellas.

Ahora, el estar en medio de la muerte súbita de dos misioneros participantes del evento, el tema de la pérdida ya no era un concepto sino una realidad, una experiencia. Y nuevamente la pregunta era; ¿está presente Dios aún en esta circunstancia?

La respuesta es claro que sí, Dios está presente y por esa razón nos reorganizamos para afirmarlo y facilitamos un “debriefing grupal” o lo que se denomina como una “sesión de descarga emocional”. Luego de esperar que los cuerpos fueran llevados y la viuda fue atendida y acompañada a las instancias

correspondientes, convocamos al grupo para facilitar un espacio donde se invitó a las personas a expresar sus memorias, pensamientos y sentimientos relacionados a lo sucedido. El escuchar a otros sentir y pensar de la misma forma que uno, esto disminuye la sensación que lo que uno está sintiendo frente a una perdida no es raro o único. Esta experiencia alivia emocionalmente a todos los afectados al validar y normalizar sus reacciones iniciales. A continuación enumero algunas consideraciones:

  • En esta invitación es recomendable no obligar a nadie a expresarse si no lo desea. Si alguna persona se expresa en una forma muy emocional es importante acercarse y sujetarla de una manera firme, pero a la vez delicada, mostrando solidaridad, consolación y acompañamiento.
  • Leer un pasaje bíblico que comunique esperanza es apropiado, pero es necesario hacerlo en forma breve porque lo que se necesita es dar la oportunidad a las personas a ser activos en expresar el impacto emocional que están sintiendo debido a la pérdida inesperada experimentada.
  • Quien facilita este momento debe estar consciente de los pensamientos y emociones que surgen en quienes se expresan, algunos expresarán, confusión, enojo, desaliento, culpa, ausencia o presencia de Dios. Es importante no reprimir sino permitir la expresión de
  • Afirmar que el sentirse culpable por no haber podido salvar al colega misionero, o culpable por no haber reaccionado más rápido, o por no haber logrado evitar la muerte del colega es normal. Esto es conocido como el “síndrome de sentimiento de culpabilidad del sobreviviente” y que es temporal. Este sentimiento de culpabilidad debe de ser corregida o refutada en la mente con una teología saludable. Un ejemplo de esta corrección seria afirmar que solo Dios es omnipotente y omnipresente, no es válido sentirse culpable si no se ha cometido un pecado. No dejemos que la oscuridad de la culpa falsa nos invada, paralizándonos y llevándonos a un estado de una depresión
  • En lo posible es recomendable identificar a las personas más afectadas y establecer un momento posterior de “debriefing individual” donde se pueda dar más tiempo a la persona para expresar sus pensamientos, memorias de los hechos, y sentimientos relacionados al incidente vivido. Lo que esta persona necesita es ser escuchada para que ponga orden a sus memorias, las procese corrigiendo las conclusiones erróneas que pueda llegar a darle un significado saludable al evento. El escuchar es una forma de consolación en estos momentos. Cada persona tiene su forma y tiempo de expresar su duelo, respetemos esto.

Nota Final

En el debriefing individual, se busca facilitar un espacio en que la persona en su ritmo y forma se exprese. La labor principal es ayudar a que la persona afectada enfoque sus sentimientos en forma catártica, evitando el uso exagerado de la racionalización del evento. El que la persona manifieste los hechos vividos es importante también para luego manifestarle que es “normal” que se sienta de determinada manera. Y en el caso que sus sentimientos y pensamientos no sean normales (culpa extremadamente inadecuada) se recomienda rechazar lo irracional, para luego reorientar y renovar la expresión del impacto al área de sentimientos como una pena con esperanza (Romanos 12. 2) evitando caer en la trampa del acusador.

Posteriormente se puede iniciar un momento informativo donde brevemente se mencione los síntomas esperados en los sobrevivientes críticos de incidentes. Y luego fomentar un proceso de ayuda para que la persona analice si está sintiendo algunos de estos síntomas, y dialogar sobre las opciones correspondientes para cuidarse, o acudir a un profesional en busca de ayuda.

Finalmente es oportuno mencionar que quien facilite exprese que en Dios tenemos consolación y que Él nos envía a consolar a otros con Su consolación. El “debriefing” es una herramienta que utilizan los profesionales de la salud mental o personas entrenadas para proveer este tipo de ayuda. Realizar este tipo de intervención sin haberse entrenado, puede provocar más daño que ayuda.

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo Clínico y Familiar y es parte del Equipo de Cuidado Integral de COMIBAM internacional

cimcomibam@gmail.com

 

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Carlos Pinto

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y familiar. Sirve como consultor sobre Cuidado del Misionero en HCJB , SIM y COMIBAM.

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