COMIBAM, Una Comunidad Misionera Que Peregrina Con Dios

Palabras ofrecidas durante la sesión de cierre en la VI Asamblea Internacional de COMIBAM, el 14 de octubre de 2015 en  la ciudad de Córdoba, Argentina.

En COMIBAM la mayoría somos soñadores, pero no de aquellos que viven de ilusiones efímeras, ya que tienen el temple para mirar la realidad de frente y no intimidarse ante los fracasos en que incurran. Nunca estarán dispuestos a renunciar a sus ideales, porque no quieren dejar inútiles sus fracasos.  Nuestro peregrinaje amistoso en la misión que hemos celebrado en la VI Asamblea  es una cosa realmente fascinante.  Bendito sea Dios por nuestra existencia que nos permite “ser”, porque en ésta hay lugar para nuestras posibilidades y talentos.   Ser y estar en COMIBAM es un peregrinaje permanente con Dios en Su misión en todo el sentido de la palabra.  Hablar de COMIBAM como comunidad nos remite ineludiblemente en lo mínimo a 28 años atrás en nuestro andar misionero -época para la cual la mayoría de los aquí presentes éramos jóvenes y niños-.   Me pregunté  ¿qué hubiera pasado si COMIBAM no hubiera existido?  ¿Dónde se hallaría cada quien en su peregrinaje misionero personal? o ¿de qué forma el individualismo y egoísmo adornaría nuestro trabajo en la misión?  Para mi COMIBAM no es más que un acto de pura gracia, amor y misericordia de Dios, que nos ha enseñado y afirmado que dos, tres o diez son mejor que uno.

Pensando en dicho peregrinaje, he decidido introducir al contexto de esta conversación 5 señales que enriquecen nuestro camino dentro del movimiento.

La primera de ellas  es la Misión en comunidad.  En COMIBAM hemos aprendido a pronunciar la palabra “yo”, porque  para que digo “yo” si no existe “usted o el otro” como punto de referencia. El “usted” y el “yo” se anulan histórica y existencialmente en la prueba más concreta de la existencia que inicia en el Dios trinitario: El “nosotros”.  Siendo que la misión nace en Dios, es de Dios, y ese Dios es tremendamente comunitario y por ende relacional, a Él se le ocurrió la brillante idea de invitarnos a caminar con Él y además  repartir deliberadamente los dones y recursos, por lo tanto, nadie debiera  pretender tenerlo todo, ni ser el único, porque entonces ya no es misión, ya no es de Dios. Misión y comunidad son dos elementos inseparables.   Ninguna nación, iglesia, organización o denominación puede ostentar tener todos los elementos requeridos para completar la Gran Comisión por si misma.  La unidad y la colaboración son esenciales. Es inminente que en el movimiento sigamos impulsando la colaboración y la cooperación entre nosotros, porque les recuerdo,  precisamente somos la Cooperación Misionera Iberoamericana.  También requerimos escuchar la perspectiva de representantes de las iglesias nativas de las etnias en América y en los campos misioneros de otros continentes. Caminando con ellos en interdependencia, les aseguro que podremos avanzar con mayor ímpetu la misión en esta generación.

Una segunda  señal que hemos de tener muy en cuenta en nuestro movimiento es una  misión que sea Intergeneracional.  Venimos de diferentes generaciones, cada quien se ha unido al peregrinaje de COMIBAM en diferentes etapas de un camino con más de 28 años de historia, sin embargo, nos ha tocado vivir un mismo tiempo y aquí estamos. Apelo a su piedad, para que no reproduzcamos esas actitudes con las que solemos descalificar las experiencias de las generaciones que nos han precedido históricamente en la ruta de nuestro movimiento, pero igualmente apelo a la lectura creativa de los más experimentados para que estas glosas sobre la misión intergeneracional, nos proponga ayudar a que los jóvenes no sigan siendo anestesiados con cuentos de hadas, sino cuyas entrañas sean conmovidas -como las de aquel buen samaritano- ante el dolor de la persecución de los creyentes, el dolor por los que están a puertas del infierno cada día y cuyo destino es un lago de fuego y azufre; jóvenes que no se resistan a ser generosos y amar a los desposeídos, hambrientos, pobres, enfermos de nuestro mundo, como Jesús los amó.

Una tercera señal que debe caracterizar nuestro peregrinaje, es aquella en la que  cooperaciones misioneras nacionales y  el movimiento en todo su conjunto se lideren con mujeres y hombres que sean siervos y facilitadores.  Líderes controladores, acaparadores del poder, inamovibles, eternos, necesitan dejar lavar sus pies nuevamente por el Maestro Siervo Jesús, para que la mirada humilde y profundamente escalofriante de abajo hacia arriba, de ese Jesús arrodillado con el lebrillo y la toalla, no deje otra alternativa como la de Pedro al decir “Señor lávame todo”.  Nuestras cooperaciones misioneras nacionales no pueden estancarse, no pueden envejecer con los mismos y con las mismas, no pueden adormecerse, no pueden dejar de ser comunidad, no pueden ser excluyentes con las nuevas fuerzas misioneras que se siguen levantando en cada país.  Mi llamado respetuoso es a que se pase la antorcha del liderazgo con intencionalidad y preparación, no significando con ello, que los que la han llevado se aparten del camino, sino que sigan transitando en este como mentores y acompañantes fieles.

Una cuarta y muy importante señal, es la que recuerda que nuestro peregrinaje se hace con la cruz en nuestras espaldas y en comunión o íntima relación con Dios.  Cuando a nuestra misión le restamos espiritualidad se convierte en activismo, el cual es una enfermedad que carcome lentamente como cáncer y al final extermina con agotamiento, con muertos y heridos en el camino, porque hemos asesinado a nuestro prójimo cuando se le deja de amar en medio del afán de buscar resultados.  Recordemos que el gran mandamiento antecedió a la Gran Comisión.   Pero cuando a nuestra espiritualidad le quitamos la misión, esta se convierte en misticismo.  En Jesús vemos la muestra del balance perfecto, por ello, volvamos a nuestros países con la iniciativa de inyectar  más Eusebia (devoción a Dios), más Koinonia y más Shalom.  El movimiento misionero será tan fuerte y tan resistente a los embates del enemigo de Dios, en la medida que nuestro espíritu esté con el Espíritu de Dios, el consolador que Jesús nos envió.

Y un quinto factor de nuestro peregrinaje, indica la próxima gran estación en el camino que después de la última cita de 2006 en Granada (España), juntará las fuerzas misioneras Iberoamericanas de todos sus tiempos, con las fuerzas de otras regiones del planeta.  Ese gran encuentro que hemos llamado IV Congreso Misionero Iberoamericano  propondrá  otro paso de madurez. Buscará producir un efecto e impacto en su corto plazo y para la siguiente década.  Anhelamos ver a COMIBAM y a cada Cooperación Misionera Nacional dando un paso firme a la nueva etapa del camino, analizando su pasado y mirando su futuro con miras al crecimiento, renovación, inclusión y efectividad, frente a su audiencia global, regional y nacional, como un movimiento dinámico, inspirador y pertinente para el cumplimiento de la Gran Comisión.  Llegar a esta estación no puede ser tarea únicamente del equipo organizador y de la junta.  Llegar allí será un trabajo de todos.  Con esta Asamblea el inexorable tiempo ha empezado su cuenta regresiva. Tenemos aproximadamente dos años, que parecerán como un suspiro.  Este congreso es el congreso de todos, es nuestro espacio, es una nueva oportunidad, todos están invitados a construir.

Estas cinco señales de nuestro peregrinaje no son para concluirlas de manera sentenciosa y tampoco son las únicas, pues hay otras más. Considero más bien que sirven para ambientar ricas y creativas conversaciones, en el marco de un rico abanico de posibilidades que expresa nuestra múltiple diversidad cultural y de pensamiento.  Mi gran esperanza radica en que estas reflexiones hagan en usted sentido y nos mantenga abierta otra ventana, por la que circulen vientos frescos que perduren y mantengan viva la llama que caracterice nuestros múltiples encuentros en el movimiento misionero; reflexiones que en el tiempo seguiremos retomando y espero sean contexto para ulteriores conversaciones que podamos establecer  al calor de un delicioso café, mate o té.

Al salir de ésta Asamblea nos corresponde volver a nuestra vereda o sendero y  ocuparnos de la gran tarea que nos aguarda,  aumentar nuestra pasión junto a la de todos aquellos que sirven en los campos de labor de la misión, afinar nuestro oído para escuchar claramente los llamados de tipo macedónico.  Cada uno de ustedes es el portador de una onda expansiva que no pasará impune por la historia misionera de Iberoamérica, que es el continente de la esperanza.  El “Ser fuerza misionera”, es fuerza si caminamos juntos en integridad, vulnerabilidad, comunión, paz y visión.

Cada uno de ustedes es COMIBAM, todos somos COMIBAM.  Al despedirme déjeme solicitar esa bendición que se da en la comunión de los amigos, y recibamos la de Dios que seguro viene desde su  corazón.

 

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David Cardenas

Presidente de la Junta de Directores de COMIBAM, período 2015 a 2018. Representante de COMIBAM para la Región Andina, período 2009 a 2015 Facilitador de Alianzas Estratégicas, Alianza Global Wycliffe

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