Cambios y ajustes de la pareja y familia misionera transcultural

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Por: Dr. Carlos Pinto

El peregrinaje de la pareja y/o familia misionera transcultural se inicia con el llamado de Dios. Él los invita a salir de su país de origen, dejando la familia extendida y amistades para insertarle, en un país desconocido, a una nueva cultura y al ministerio de comunicar el Evangelio con palabra y obra en forma contextualizada.

Cuando Dios llamó a Abraham para ejercer el servicio misionero, él experimentó tres etapas: 1) Llamado, 2) Transición y 3) Reubicación.

Humanamente estas etapas implican vivir momentos altamente estresantes que impactan a la vida de la pareja, de la familia y sus redes sociales, pero la fe, presencia y guía de Dios, provee el factor mayor de resiliencia.  Al mismo tiempo es necesario que la pareja y sus hijos estén informados sobre los cambios y las etapas que vivirán para tener mayor capacidad de enfrentarse y a adaptarse al nuevo estilo de vida en forma saludable de tal manera que los costos sean menores que los beneficios de esta gran aventura de fe.

 La danza en la pareja y familia

1.- Generalmente la decisión de salir, se vive con una mezcla de entusiasmo e incertidumbre.  La certeza del llamado de Dios crea la seguridad propia de esta etapa, pero a la vez crea inseguridades cuando surgen las preguntas sobre: cómo ir, cuánto dinero se requerirá, qué iglesia apoyará, si los hijos se adaptarán y dónde estudiaran, cómo quedarán los padres, quién los cuidará etc. crea cierta incertidumbre.  Lamentablemente, muchas veces, la pareja misionera asume una posición de negación o subestimación y no exterioriza sus preguntas y temores.  Esto puede provocar que su iglesia no asuma una posición proactiva de ayuda provocado cierto nivel de desilusión y descompensación en la dinámica familiar. Se ha observado que cuando la iglesia, familia extendida y amistades muestran un apoyo práctico y consecuente, la pareja y familia misionera primeriza hace la transición en forma más saludable.

2.- El periodo transitorio es caracterizado por la preparación y ejecución del viaje.  El don de la paciencia, tolerancia y de dependencia en Dios son necesarios para realizar los trámites de visa, la compra del pasaje, escuchar las quejas de los hijos que no quieren dejar las amistades o la cantidad de preguntas que hacen debido a su entusiasmo de convertirse en hijos de padres misioneros.  Algunas veces la esposa y en otras ocasiones, el esposo asume un rol más activo y es en esta etapa que la complementación entre ambos se hace evidente. Es muy posible que cada uno aprenda del otro en relación a como afrontar en forma más saludable la separación de la familia y amistades y el mirar el futuro con optimismo, confiando que es Dios el que los llama a dejar, y también a recibir. Sí la promesa que Dios le hizo a Abraham es la misma hoy… te bendeciré y engrandeceré tu nombre y serás bendición (Gen.12. 2b).

En el caso de Abraham y su familia, es notorio que la Palabra destaca la acción de “oír y salir” del patriarca.  Abraham oyó, obedeció y salió aun sin haber recibido indicaciones precisas sobre hacia donde debería dirigirse (Gen. 12. 1).  La ubicación exacta no había sido dada y en ese sentido, imagino que la familia le habría hecho una serie de preguntas a Abraham quien solo pudo responder con la frase… Dios me ha llamado y yo solo obedezco, Él ha prometido bendecirnos y cuidarnos.

3.- Finalmente la etapa de la reubicación se da al llegar al nuevo país, la nueva cultura con la debida exigencia de adaptación. El aprender las nuevas formas de vida y las reglas de convivencia en la nueva cultura se convierten en la tarea más importante de la pareja o de los padres.  En resumen, es encontrar su espacio y función en el nuevo país y sociedad donde se insertan con un propósito de testimonio cristiano. Generalmente surgen crisis a nivel de la relación conyugal y/o parental pues no es lo mismo ser esposo, padre, o hijo en su país de origen que serlo en un país extranjero.

Al inicio la familia vive comparando la diferencia entre su cultura y lo nuevo que ve en el país donde se han asentado. Luego, a medida que pasa el tiempo y se adaptan, el nivel de comparación disminuye y disfrutan de las diferencias.  De un contexto extranjero pasan a ser adoptados por un país a través de un proceso divino de pérdidas y ganancias donde se vacían los perjuicios culturales y se asume más la identidad de la gente a quienes fueron a servir y los acogió. Muchas veces los hijos se adaptan más rápido que los padres, y el varón en la pareja es quien se resiste más al cambio cultural. Es notorio ver que a medida que pasa el tiempo el país de origen se torna más extraño y el país de servicio se torna más “hogar”.

Recomendaciones:

  1. Reconozcan que Dios los ha llamado y guiado por lo tanto Él es la fuente de su fuerza, guía, y protección.
  1. Recuerden que en las tres etapas que van a vivir, se darán situaciones que provocan tensiones en las relaciones de pareja y parental. Anticipen estas etapas y úsenlas para crecer como personas de fe y ciudadanos del reino de Dios.
  1. Es necesario informarse para no ser sorprendidos por estas tensiones y crisis de adaptación esperadas, busquen la guía de Dios, manténgase en oración y soliciten ayuda cuando lo necesiten.
  1. Mantengan una estrecha relación con un grupo pequeño de su iglesia con el que tengan confianza como para compartirles sus luchas y victorias. Al llegar al nuevo país inicien amistades con la gente local, no vivan en soledad o aislamiento. Déjense ministrar por los creyentes o gente local, en el mundo de las misiones a veces el hijo o hija espiritual puede convertirse simbólicamente en un padre y madre en un país donde ustedes son extranjeros, donde desconocen muchos factores y requieren protección y guía.
  1. Tengan paciencia; el proceso de aculturación se da en tiempos y procesos diferentes en cada persona en la pareja y familia. Recuerda de dónde Dios te saco, cómo lo hizo, qué milagros portentosos realizó y cómo te ha preparado para el ministerio que ahora estas ejerciendo.

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Carlos Pinto

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y familiar. Sirve como consultor sobre Cuidado del Misionero en HCJB y SIM, y es Director Asociado del Área de Cuidado Integral del Misionero de COMIBAM.

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