Avivando el Fuego del Movimiento Misionero Iberoamericano

Por Raquel Villela

El trabajo misionero de obreros iberoamericanos ha crecido mucho en las últimas décadas, pero aquí y allá se observan signos de cansancio y un sentimiento de que los resultados tal vez pudieran ser mejores. ¿Falta vigor al movimiento? Si es así, ¿cómo renovarlo? Para el Director de Campo de COMIBAM, Allan Matamoros, es posible ser más productivo y el primero y más relevante requisito para eso está por encima de estrategias, metodologías y otras providencias importantes y necesarias. Se trata de la actitud intencional e intensa de “permanecer en Dios”, según el texto de San Juan 15.4: “Cómo el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí”.

Matamoros dice que vio esta realidad bíblica tan obvia, ganar aún más sentido al final de un gran evento en el Sudeste Asiático. Uno de los participantes observó que “hablamos de todo, pero no hablamos de permanecer en el Señor”. Este permanecer presupone permitir que la vida que fluye de Dios prevalezca sobre cualquier iniciativa meramente humana. Para ello hay que invertir un “tiempo extravagante” para estar con Dios cada día. “Tenemos que ponernos de rodillas, clamando por el señorío de Dios, meditando en su palabra, reposando en su voluntad”, observa.

Tiene que ser integral

Otra condición que se debe buscar mientras se hace la obra misionera es la coherencia entre los principios cristianos que se predica, y las propias actitudes. “Acabemos con las tensiones sobre la integralidad de la misión. Integral es integral y tiene que contemplar el ser, el hacer y el decir”, alerta el director, a partir de situaciones observadas en el campo. “A nosotros latinos nos gusta mantener buenas relaciones, pero la preocupación excesiva en ser simpáticos con hermanos de otras religiones ha llevado a algunos misioneros a renunciar a aspectos esenciales de la fe cristiana. No debemos negociar en ninguna circunstancia la particularidad del nombre de Jesucristo”.

Para él, la transformación y el respeto también son importantes. “Aspiremos la transformación de todas las cosas, comenzando por el corazón, y respetemos los dones de cada obrero, como expresión de la multiforme gracia de Dios”.

Trayendo la renovación

Una nueva frescura al movimiento misionero podría venir, de acuerdo con Matamoros, de la atención diferenciada a los jóvenes y de la revisión de estructuras. “Necesitamos amar sinceramente a la nueva generación, acabando con expresiones amargas sobre los jóvenes y sobre su incapacidad o inmadurez para la obra. Incorporemos a la juventud en áreas donde el servicio requiere responsabilidad y dinamismo. Abracemos la cultura del discipulado y del mentor, al mejor estilo de Jesús”.

Para que los procesos formales no restrinjan el flujo de la obra, la orientación es que se observe diligentemente todo lo que se hace con la disposición de buscar algo que pueda ser hecho de manera más simple o hasta que se deje de hacer. “Revisemos nuestras viejas estructuras, los requisitos y las burocracias interminables, sin renunciar a reclutar los mejores corazones y obreros para la obra misionera”.

Sin triunfalismo

La postura de humildad en el campo tiene un efecto superior al que se suele imaginar, pondera Matamoros, fundamentado en situaciones prácticas. “No podemos llegar al campo con actitudes triunfalistas, creyendo que la solución está en nuestras manos, pues antes de llegar al campo, Dios ya empezó a trabajar. No más quijotes, no más mesías. Tenemos que entender que la iglesia es mucho mayor de lo que pensamos”, observa, citando ejemplos exitosos de movimientos misioneros en países menos tradicionales, como de creyentes africanos que están movilizados para misiones mundiales e incluso un grupo étnico de África, que incorporó el carácter misionero y ha buscado llegar a otros pueblos tribales.

“Ser humilde implica también un espíritu de cooperación global, evitando los peligros de la competencia sin escrúpulos”, dice Matamoros, añadiendo que el misionero necesita aún tener la conciencia de que el servicio, muchas veces, estará asociado al sufrimiento, conforme Filipenses 1.29: “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”.

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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