"Adelphos,
Sunergos o Sustratiotes"
Hugo C. Morales
![]()
"Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia . . . " Fil. 2:25
Giovani Nájera es un hombre guatemalteco con una misión: Ladja 15 y 16 para Cristo. Soltero y con 40 años recién cumplidos, está en la etapa final de su preparación para salir al campo misionero. El segundo de 4 hermanos, aceptó a Jesús como su Salvador en 1981. Su ministerio en la iglesia local se ha caracterizado por un profundo amor para los niños y adolescentes y por su participación constante en varios proyectos evangelísticos y misioneros. Es de aquellas personas que parecen haber sido dotadas de una energía y gozo especial que contagia a otros e invita a servir. Es un hijo predilecto de su iglesia. Su llamado ha sido el proceso típico de muchos de nuestros misioneros iberoamericanos. Siendo propietario de una pequeña empresa, el Señor le abre las puertas para que conozca y entienda a través de su iglesia local el mandato de la Gran Comisión. Después de asistir a varios congresos y consultas misioneras, de conocer a varios misioneros y escuchar sus testimonios y de pasar largas horas en oración con su Dios, queda convencido de que salir como misionero transcultural es el próximo paso diseñado por El para su vida. Y se prepara, porque es un hombre con una misión: Llevar el evangelio de Cristo a la Ladja (vecindarios) 15 y 16 en las afueras de Tirana, Albania.
Gracias a Dios hoy podemos decir con toda certeza que en Iberoamérica hay miles de personas como Giovani Nájera. Es más, podemos afirmar sin duda alguna que un gran número de ellas se encuentran ya en el campo transcultural, cumpliendo fielmente su llamado.
Todas ellas son el resultado evidente de que el Movimiento Misionero Iberoamericano está "vivito y coleando". De que los años de labor movilizadora, capacitadora y enviadora están rindiendo fruto. No sólo en términos de los pueblos que están siendo alcanzados por el esfuerzo de nuestros misioneros sino también en la fortalecimiento de las estructuras de apoyo en las bases de envío.
Es así como podemos aseverar que este mover del Espíritu Santo está generando discípulos de Cristo entre los no-alcanzados, obreros transculturales, candidatos a misioneros, agencias de envío, centros de capacitación e iglesias misioneras con sus respectivos comités de misiones. Que además está generando talleres, consultas, conferencias, congresos, viajes de exploración, círculos de oración, programas de televisión, viñetas de radio, videos instructivos, libros, folletos, manuales, revistas, cientos de miles de correos electrónicos, y varios sitios en el internet. Ha dado origen a investigaciones, proyectos, redes y alianzas, así como a sanas discusiones sobre cuales son los distintivos de la misionología evangélica latinoamericana y la relación que el norte y el sur deben mantener.
Pero sin duda alguna, el elemento más trascendental que este mover del Espíritu está produciendo es la expectativa, tanto interna como externa, de que el Movimiento Misionero Iberoamericano está pronto a explotar. Su potencial próximo a cumplirse. De que lo que hasta hoy hemos visto es simplemente el inicio de algo mucho mayor y de mucho más impacto. De que el contingente de misioneros actualmente en el campo es sólo un pequeño pelotón de avanzada y que un ejército de latinos está pronto a levantarse y alcanzar el mundo para Cristo.
¿Porqué se da esta expectativa? Primero, por el fuerte crecimiento de la iglesia evangélica en América Latina. Patrick Johnstone en el libro "Operación Mundo" edición 1995, indica que de 1980 a 1990 crecimos de 21 millones a 46 millones y que para el día de hoy debiésemos estar más o menos en 80 millones, un 18% de la población total del continente Latinoamericano. Segundo por el crecimiento ya demostrado del Movimiento Misionero Iberoamericano y la presencia cada vez mayor de misioneros latinos en el campo. Según la fuente mencionada anteriormente, para 1995 Brasil ya tenía un misionero por cada 12,936 protestantes, Colombia y Venezuela uno por cada 8,980 y Costa Rica uno por cada 3,400. Tercero, por la perfil del misionero latinoamericano y sus resultados en el campo. Saliendo de un contexto político de neutralidad y económico de pobreza, la presencia de misioneros latinos en los campos menos alcanzados ha tenido como consecuencia una identificación más fácil con la gente de la localidad y una apertura a estrategias creativas y flexibles.
Entonces,
¿cual es la clave para lograr que esta expectativa se cumpla?
La respuesta podría abarcar desde un mayor énfasis en la oración, lo
cual obviamente es necesario, hasta lo relacionado con mejores logísticas de
envío, lo cual también es de beneficio. A
la luz de la naturaleza de la asamblea que hoy nos reúne, en la cual nos
encontramos "juntos"
evaluando y proyectando el Movimiento Misionero a nivel geográfico así
como por redes de trabajo, la contestación a esta interrogante debe ser de carácter
relacional y cooperativo. Una de
las bases fundamentales para que esta expectativa se cumpla es entender el nivel
de relación al que debemos estar dispuestos a llegar, unos con otros,
independientemente de nuestro "curriculum" evangélico.
El libro de Filipenses nos da un ejemplo singular de este nivel de relación a través de la descripción que el apóstol Pablo hace de Epafrodito, un líder espiritual de la iglesia en Filipos que fue comisionado para llevarle un donativo y ser su continuo ayudante y asistente. Un mensajero que ministrara a las necesidades del apóstol. Aunque no podemos afirmar que haya llegado a ser parte del selecto círculo de sus discípulos, tales como Bernabé, Silas o Timoteo, si podemos concluir que este hombre llegó a tener un lugar muy especial en su corazón. Tanto así que tuvo a bien identificarlo en 3 niveles ascendentes de relación. La primera parte de Filipenses 2:25 los describe: "Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia . . . "
La
palabra hermano, adelphos en griego,
describe un vínculo de amistad que debe ser disfrutado.
La presencia de Epafrodito era un deleite, porque personificaba con sus
actos de servicio el afecto que los filipenses sentían por Pablo.
Compartía con Pablo las experiencias vividas con los creyentes en
Filipos a la vez que era partícipe de los hábitos cotidianos de él en Roma.
Esta interacción permitía a cada uno comprender mejor a su amigo, lo
cual desembocaba en un aprecio aún mayor.
Los lazos de amor por la fe en Cristo Jesús se iban fortaleciendo
teniendo como resultado una camaradería que los identificaba como si hubiesen
estado conectados desde la matriz, adelphos,
hermanos.
El
segundo nivel de relación, colaborador o sunergos,
por su nombre en griego, tiene implícito una tarea que debe ser cumplida.
Describe a una persona que comprometida con un objetivo, está dispuesta
a realizar los esfuerzos necesarios para que la meta sea alcanzada.
Es alguien que suda la camisola, que hombro a hombro, no tiene problema
en tomar su parte de la carga y trabajar. Es un obrero.
Pablo, el incansable apóstol, no sólo tenía necesidad de amigos, tenía
necesidad de colaboradores. Su meta
era clara: Cumplir el supremo
llamamiento de Dios, anunciando a
Jesucristo crucificado y resucitado con demostración del Espíritu y de poder
(1Co. 2:1-5 y Ef. 1:15-23). Aunque
se encontraba bajo arresto domiciliario en Roma, Pablo exponía el evangelio,
recibía a aquellos que llegaban a visitarle, enseñaba, escribía, en realidad
administraba las iglesias a distancia, dirigiendo las misiones por todo el
imperio. Para esto necesitaba una
equipo de apoyo que supervisara la logística de su centro de operaciones y
mantuviera la fluidez en las comunicaciones.
Epafrodito era parte de ese equipo.
El
tercer nivel de relación, compañero de milicia o sustratiotes,
es un término militar que hace referencia a una batalla que debe ser peleada.
Es el nivel más sacrificado de relación.
La razón por la cual Epafrodito recibe esta distinción es porque expuso
su vida para cumplir la obra de Cristo que le había sido encomendada (Fl.
2:30). El pasaje de Filipenses 2:25 al 30 expone que Epafrodito sufrió de una
grave enfermedad en su servicio a Pablo. No
sabemos la razón de su dolencia. ¿Fue
demasiado el trabajo que echó sobre sus hombros? ¿Fue demasiada la entrega de
este maravillosos hermano, obrero y soldado? Después de un difícil y agotador
viaje, ¿fue mucha la tarea de atender a las necesidades de Pablo, de cuidar de
los creyentes de Roma, de predicar el glorioso evangelio del Crucificado a todo
aquel que lo quisiera oír? Y todo
esto en medio grandes dificultades
y peligros personales, en una ciudad cuya gente rendía homenaje no a Cristo,
sino al emperador. Sea como fuere,
Epafrodito, como buen soldado, había
entendido que su mandato divino era ponerse al servicio de Pablo, y cumplir sus
órdenes hasta las últimas consecuencias porque al fin su capitán era Cristo.
Por eso Pablo reconoce en él un calibre distinto de hombre.
Una entrega como pocas. Una
lealtad y sacrificio dignos de un sustratiotes,
compañero de milicia.
La
primera Asamblea Internacional de COMIBAM ha sido diseñada para ser una reunión
familiar donde cada adelpho pueda
ponerse al día con aquellos "parientes" que tiene tiempo de no ver.
Donde pueda conocer a los nuevos miembros de esta hermandad y deleitarse
con sus historias y experiencias. Esta diseñada para que, aunque sea por poco
tiempo, podamos vivir en comunidad, juntos, compartiendo ideales, sueños,
retos, pruebas, consejos y orar los unos por los otros escuchando la voz de Dios
a través de aquellos que admiramos, respetamos y amamos en Cristo Jesús.
Pero
la Asamblea Internacional ha sido preparada también para ser una sesión de sunergos. Un lugar donde estrategas iberoamericanos de misiones
comparten y analizan los aprendizajes y experiencias de cada Movimiento
Misionero Nacional para de ellos tomar aquello que pueda ser de provecho en su
propio territorio y región, y fortalecerlo.
Ha sido preparada para servir como semillero de cooperación, donde el
trabajo en un ambiente de "un cuerpo" permita ver que las ideas que de
aquí surjan, no pueden ser llevadas a cabo eficientemente y con mayor impacto
sino se ejecutan en conjunto.
Finalmente,
y mucho más importante hoy, la Asamblea Internacional ha sido concebida como un
entrenamiento para descubrir a los sustratiotes
de nuestro Movimiento Misionero Iberoamericano. Aquellos soldados que cumplen
con sus órdenes, por absurdas que parezcan, hasta las últimas consecuencias.
Aquellos siervos que están dispuestos a exponer su vida ministerial a un
cambio radical de como ellos la tenían prevista, con tal de ver cumplida la
obra de Cristo que les ha sido encomendada.
Estando en una reunión con los miembros del Centro Colombiano de Misiones Mundiales este pasado mes de Mayo, una de las preguntas más agudas que recibí fue la siguiente: "¿Qué es lo que COMIBAM ve?" Después de darle incontables vueltas a esta inquietud, la respuesta más sencilla que puedo dar hoy es que COMIBAM ve que la manera más relevante de cumplir el potencial misionero de Iberoamérica es trabajando en cooperación. Y que para que esta cooperación sea una realidad, Dios está levantando un grupo de "incitadores" al trabajo en unidad, pero todavía se necesitan más, muchos más.
Desde los inicios de nuestro Movimiento Misionero Iberoamericano, nosotros a los que este movimiento ha sido encomendado, aprendimos a unirnos con el fin de movilizar a la iglesia de cada uno de nuestros países. Hemos trabajado en equipo arduamente para realizar todo lo necesario para que la iglesia, nuestra iglesia, se transforme y se convierta en una fuerza enviadora del glorioso evangelio de Cristo. Nuestra habilidad para realizar congresos y consultas de "éxito" ha llegado a ser tal, que los primeros en inscribirse han sido las agencias misioneras extranjeras. Federico Bertuzzi, en su ponencia presentada durante la reciente consulta de CLADE en Quito, expresaba su preocupación con la irrupción de docenas de conglomerados misioneros anglosajones en nuestro territorio. Comparto su preocupación pero cabe mencionar que muchos de ellos vienen aquí invitados por los mismos frutos de nuestra movilización. Basta con mencionarles el tema para recibir de ellos copia de la larga lista de correos electrónicos que reciben de América Latina solicitando ayuda.
¿Cuánto más hay que esperar para que como iglesias, centros de capacitación y agencias nos sentemos y seriamente empecemos a trabajar en esta siguiente fase de cooperación? ¿Será que nuestra capacidad de trabajo en equipo llega sólo a la movilización nacional? ¿Estamos acaso condenados a siempre tener que vivir bajo la sombra de otros que en la escala evolutiva de las misiones mundiales están mucho más avanzados? ¿A competir según sus reglas? ¿A desarrollar misiones según sus modelos?
La obra misionera tanto desde el norte como desde el sur, está sedienta de un nuevo paradigma, pero no de un paradigma organizacional, sino de un paradigma relacional. Uno donde el cuerpo de Cristo es real . Donde todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Donde la relación llega a ser tan sólida que no sólo se es hermano; se es colaborador y compañero de milicia. Pero no será fácil llegar a ese nivel si ni siquiera estamos dispuestos a practicarlo entre nosotros mismos.
No
me queda la menor duda que durante este cónclave irán a brotar todo tipo de
ideas. Desde simples y directas
hasta extravagantes y complejas. No
importa. Hay suficiente sabiduría
y experiencia en el salón para discernir entre osadía y necedad.
Lo que si es de vital importancia es que halla la suficiente esencia de sustratiotes
para responder al llamado de Dios de ser el eje facilitador para que las
estrategias acordadas lleguen a ser una realidad y hasta lo último de la tierra
sepa que Jehová es Rey y otro no hay.