Iglesias Fuertes, Pastores con Visión

 

David Ruiz

 

  Cuando me preguntan sobre lo que me gustaría ver realizado en Iberoamérica como resultado del mover misionero de COMIBAM, sin duda la respuesta es la misma:  “Iglesias fuertes y pastores con visión”.  Es una respuesta sencilla pero que tiene muchas implicaciones para quien la dice y para quien la oye.

 

  Iglesias fuertes

La primera cosa que se debe aclarar es que significa una iglesia fuerte, pareciera que la tendencia tradicional en América Latina es a pensar que las iglesias fuertes, son las iglesias numerosas, eso es lo primero que viene a la mente y, a juzgar por lo que vemos a nuestro alrededor, pareciera que estamos de acuerdo.  Casi sin excepción, en este momento, en el “ranking” de las mejores iglesias siempre aparecen las que han tenido mas éxito en el crecimiento.  Sus pastores son los que sin duda aparecerán predicando en los grandes congresos, en los best sellers evangélicos y en los foros de televisión.  Son ellos los que acuñan las tendencias o... ¿será que las tendencias los acuñan a ellos?, no sé que será en realidad, pero allí están, siendo considerados muchas veces como la voz evangélica de sus países.

 

Otra manera popular de contar la fortaleza de la iglesia es por los diferentes servicios que ofrece.  En este momento, sin duda, una iglesia con canal de televisión siempre será considerada una iglesia fuerte, de éxito, si tiene también una estación de radio pues lo será aún más.  Si solo tiene radio estación pues no lo será tanto.

 

La iglesia que marque una tendencia en algún tema evangélico, es sin duda una iglesia fuerte, hemos visto casos como este, sin duda que estas son lanzadas al estrellato con algo que comience a funcionar dentro de ella, el modelo X, la iglesia tipo Y, etcétera.

 

¿Que es lo que hace, en realidad una iglesia fuerte, el hermano Emilio Antonio Núñez, escribe lo siguiente acerca de la iglesia:

«Para cumplir con su misión, la iglesia ha de vivir el evangelio en el poder del Espíritu Santo. El mundo debe escuchar el evangelio pero también lo ha de ver en acción en las vidas de aquellos que profesan ser cristianos. La iglesia es llamada a ser la comunidad en la cual las señales del reino de Dios están presentes: amor, gozo, paz, justicia y el poder en el Espíritu Santo».

 

Parece que debido al crecimiento de la iglesia cristiana, de pronto los evangélicos comenzamos a vivir en un clima en el que ya no es difícil profesar nuestra fe, en el que paulatinamente el cristianismo se vuelve más y más popular hasta, en algunos casos -como en ciertos países de Latinoamérica-   el ser cristiano abre oportunidades de trabajo, de influencia social y de participación en el gobierno, esto ha provocado que la iglesia cristiana haya perdido el concepto de integridad y de transformación social a la que fue llamada, y el deber de que el llamado a ser la sal de la tierra, siga vigente.

 

La iglesia en América latina se encuentra enfrentando uno de sus momentos complicados, en el cual parece que cada día es más difícil distinguir entre quién es cristiano y quién no lo es. La contemporización con los valores éticos del mundo se vuelve más y más común, en maneras más y más alarmantes.

 

Al examinar el texto bíblico y particularmente las palabras de Jesucristo  respecto a las misiones mundiales, no podemos dejar de entender que el  desafío del Señor para la iglesia era un llamado al compromiso con la integridad, no con un poder cultural. Causa sorpresa leer cien años después el reporte de Andrew Murray sobre la Convención Misionera Mundial de 1900 en Nueva York, que reunió a los gigantes de la iglesia en aquel tiempo bajo el lema: «¿Cómo podrá despertarse la iglesia a fin de conocer y hacer la voluntad del Señor para la salvación de los hombres?» Las conclusiones a las que arribaron hace cien años no cambian mucho con respecto a las que llegaríamos si este año celebrásemos una consulta con los mismos planteamientos:

"La gran mayoría de los miembros de la iglesia no son lo que deberían ser, no desean realmente hacer que el conocimiento de Cristo llegue a toda criatura tan rápidamente como sea posible".

Al indagar más profundamente las razones, sus respuestas fueron igualmente  sorprendentes: "El bajo estado espiritual de la iglesia en conjunto", cuyos síntomas principales fueron: "la mundanalidad y la falta de oración."

 

El Llamado

El llamamiento del Señor Jesucristo, al abrir a los gentiles una oportunidad de ser parte de su reino, fue claro y directo. En Mateo 16:18-20 podemos ver cómo llama a la humanidad a entrar en su iglesia y cómo se compromete personalmente con el  establecimiento de ella para construirla, edificarla y hacerla un organismo victorioso. Sin embargo, el llamado no queda allí, sino que invita a la cristiandad encarnada en el apóstol Pedro a que las puertas de la iglesia sean abiertas delante de todos.  Le invita a trabajar  para que no haya nadie que quede atado cuando pueda ser desatado, que no haya ninguno que muera sin esperanza cuando el mensaje de esperanza está en labios de muchos cristianos alrededor del mundo.

 

En la continuación de ese pasaje, en Mateo 16:24, nos damos cuenta de cual es el elemento necesario para que estas dos cosas sucedan: el llamado a cada uno es a una conversión personal para ser parte de la iglesia y a  una transformación que comienza con el negarnos a nosotros mismos, continua con el morir paulatinamente al yo e imitar a Cristo. Esa transformación nos demanda sufrir con gozo la pérdida de las cosas del mundo, negar la mundanalidad, cuestionar el conformismo y la contemporización y rechazar las posesiones del mundo por amor a Cristo. Esto implica exhibir sus marcas y vivir bajo sus estándares aun a costa de la burla y la pérdida de la propia vida. Es también una transformación que da como resultado la obediencia.

 

Como vemos sistemáticamente en el evangelio según San Mateo, cada vez que Jesús enseñaba hacía una apelación a la obediencia. Vea detenidamente cómo el sacrificio de Cristo abre las puertas para que toda la humanidad pueda entrar, y establece un cuerpo que se ocupa de poner el evangelio al alcance de todos, pero, veamos también como pone como requisito una transformación constante de los que son miembros de la iglesia.

 

La Obediencia

Por muchos años hemos intentado abrir los ojos de la iglesia hacia las misiones mundiales presentando la necesidad de los perdidos tan real como fuese posible, presentamos laminas con las estadísticas más recientes y alarmantes, mostramos fotografías que muestran los rostros de desesperanza de la gente y hacemos comparaciones numéricas en cuanto a cuantos mueren sin tener a Jesucristo cada hora, cada minuto, cada segundo.  Sin embargo, si vemos detenidamente, las misiones son en esencia un llamado a la obediencia a Cristo.  Una obediencia, no solamente a la Gran Comisión, sino a la transformación personal. Son un llamado para que los miembros de la iglesia que Él edificó sean luz, ejemplos de vidas transformadas que cuestionan las costumbres y valores del mundo y señalan a Cristo como la única esperanza.

 

¿Cuál es la contribución de la visión misionera para esta transformación de los miembros de la iglesia? Siempre decimos que son los mejores los que salen a la obra. Pero, hoy quiero cuestionar eso, porque el punto más importante es que ¡nunca habrá mejores en la iglesia... a menos que abramos nuestros ojos a la visión misionera!.

 

Personalmente, creo estar viviendo en mi propia mente el cambio de paradigma de ver la necesidad del mundo, ya no como lo que motive a la iglesia a pagar cualquier costo para alcanzar a los que se mueren sin Cristo, sino como la única razón relevante para la permanencia de la iglesia sobre la faz de la tierra.

 

La visión misionera tiene una perspectiva doble: una vertical que nos permite ver a Dios en su santidad y transformarnos día a día, y la otra, es una perspectiva perpendicular que nos permite demostrar a la humanidad nuestro amor por Jesucristo en obras de amor hacia los otros y enseñar los cambios profundos que Él ha hecho en nuestra propia vida.

 

Para la iglesia en Latinoamérica, esta visión implica un proceso de purificación de nuestras congregaciones, para que al mirar hacia la realidad del mundo veamos con más claridad la misericordia de Dios para alcanzarnos. Para que al gustar de esa misericordia encaminásemos nuestras propias vidas, como individuos y como iglesia, hacia una transformación, no ya a estar persiguiendo números, edificios, recursos e influencias sino a la búsqueda de oportunidades de exportar a otras naciones la integridad de la vida cristiana.

 

Las misiones no sólo requieren los mejores de las iglesias, sino también las mejores iglesias. No de iglesias dispuestas solamente a dar unos cuantos dólares para apoyar a los misioneros, sino a luchar cada día para que más de sus miembros tengan la misma visión que Jesucristo tuvo del mundo: un lugar que no era su hogar pero le brindaba la oportunidad de cumplir el plan de Dios en su propia vida.

 

La Incondicionalidad

Cuando reflexionamos así, podemos ver que la iglesia evangélica en Iberoamérica, más que moverse a ser una fuerza misionera, tiene la oportunidad de transformarse para contribuir a la transformación del mundo. Estamos aprendiendo que el alcance de los pueblos no alcanzados no debe ser el simple resultado de una iglesia obediente sino aún más: las tremendas exigencias de presentar el evangelio en esos lugares sumidos en la oscuridad, deben dar como resultado una autoevaluación de lo que somos como iglesia; si estamos listos para ser probados en una cultura adversa y si los cristianos que producimos son maduros, capaces de enfrentar tan grandes desafíos.

 

Las iglesias con visión misionera ven el alcance de los no alcanzados ya no como las migajas que caen de la mesa de los hijos, sino como la mejor oportunidad para producir cristianos más obedientes y dispuestos a seguir incondicionalmente a Cristo adonde Él los mande a vivir un evangelio acultural, que puede implantarse y mantenerse integral en cualquier cultura.

 

Iberoamérica tiene la oportunidad de continuar avanzando hacia la meta de ser una fuerza misionera, no para tener un nuevo motivo de orgullo, sino para una evaluación constante que dé como resultado el fuerte compromiso de transformarse y contribuir a la transformación del mundo.  Esta es una iglesia misionera. ¡Esta es una iglesia fuerte!

 

 

Pastores con visión:

Hablar del papel del pastor en la obra misionera, en Iberoamérica,  es hablar de la clave o el clavo para producir una iglesia fuerte, como dice un querido pastor en Latinoamérica, “los pastores son la llave, pueden abrir o pueden cerrar la puerta para las misiones transculturales en la iglesia”.  En la experiencia que he vivido al visitar tantos países, iglesias y pastores, puedo confirmar esto con toda certeza.  Cuando decimos que las misiones están fuertemente basadas en la iglesia local, lo que decimos, en realidad,  es que, el pastor, es la clave del avivamiento misionero. 

 

Hay un pasaje en las escrituras, que está cargado de emoción, sucede en un momento similar, quizá con otro tipo de actividad pero, al fin y al cabo, era la obra de Dios.  Este es también un pasaje de transición, es la transmisión de mando, de parte del rey David, para su hijo Salomón.  Es un pasaje en la vida de David, el antes pastor de ovejas y ahora el pastor de Israel, se encuentra al final de su vida.  

 

David se encuentra en una posición muy privilegiada, conoce el pasado y sabe ya de la inminencia de su muerte, pero también conoce que hay cosas por hacer que deben de terminarse.  Conoce ahora que hay una tarea por cumplir y que debe de entregar bien esa encomienda.  El pasaje se encuentra en el 2º. Libro de Crónicas 28:2-20.  Este libro como saben, se ha llamado, "El libro de las cosas que faltaron en el libro de los Reyes" aquí se amplía el relato de esa transición de esta "obra de Dios" de manos de David a su hijo Salomón, quien debería de tomar ahora la estafeta, el batón o este instrumento en sus manos.

 

David tenía el propósito de edificar el templo a Jehová, un propósito tan fuerte que ya había preparado todo lo que se necesitaba para terminar la casa de Dios, sin embargo, Dios no le permitió cumplir este propósito, no fue un castigo a mi manera de ver, sino una clarificación de roles de parte de Dios, David había sido llamado para ser un hombre de guerra y lo hizo bien, había empuñado su espada y se había llenado las manos de sangre.

 

Pero como Dios le había elegido para que perpetuamente fuera Rey de Israel, entonces Dios escogió a su hijo Salomón para que edificara el templo y terminara esta labor que David tenía en su corazón.  Sin embargo, Dios siempre aprovecha para enseñarnos una lección y aquí en este texto no es la excepción,  Dios condiciona la confirmación del reino de Salomón y la permanencia del pueblo en la tierra a la obediencia a sus mandatos.  Si lo vemos detenidamente, Dios levanta una voz profética de parte de David quien habla a su pueblo en cuanto a la necesidad de ser obedientes, pero, también, David le da a su hijo Salomón las 3 mejores recomendaciones que un padre puede dar a su hijo

 

Obediencia:  En primer lugar, David le invita a reconocer al Dios de su padre como su Dios, a considerar los resultados de la obediencia de su padre y reproducir ese ejemplo.  Creo que la obediencia a Dios, depende del concepto de Dios que tenemos en nuestra mente, si nuestro conocimiento de Dios es reducido, nuestra obediencia no será completa.  Cuando le conocemos, le tememos, con ese temor reverente que nos hace ser obedientes.  Cuando conocemos lo que ha hecho entre nosotros, entonces somos agradecidos y actuamos para serle agradable.  Eso le pide a su hijo, el éxito al frente de este pueblo estaría siempre en función de su obediencia.

 

Servicio:  Le llama a servirle a Dios, no por carga ni por temor, ni siquiera por el que dirán, le invita a servirle con un corazón sincero, como un resultado del amor a Dios y a su pueblo.  Le invita a servirle con ánimo voluntario, proactivamente, sin necesidad que le estén recordando sus responsabilidades.

 

Oportunidad:  Le anima a cumplir la tarea que Dios le envió a cumplir, le recuerda que cada hombre tiene un propósito y que lo único que debe de llenar su corazón, es cuando el puede cumplir ese propósito.  Carpe diem, diríamos en latín, aprovecha el momento que Dios ha puesto delante de ti.  Cumple el propósito para el que te ha llamado.

 

En este pasaje, también vemos que David da a Salomón los recursos necesarios para que pueda cumplir con su obra, le dio los planos, los hombres y los materiales necesarios, suficientes para terminar toda la obra.  En este proceso de transición de bienes,  David reconoce que todo lo que ahora entrega, lo ha recibido de parte de Dios.

 

David exhorta a su hijo Salomón a la Acción usa tres expresiones, casualmente, las mismas que están sirviendo de marco para esta asamblea.  Le dice: Anímate:  una  invitación a considerar todo lo que Jehová ha hecho en preparación para esto, antes aun que el lo supiera, antes de ser escogido como rey y a tomar ánimo en eso.  Le dice: Esfuérzate: que le invita a considerar que la tarea que tiene por delante es grande y requiere un compromiso inquebrantable, aún incluye el sufrimiento.  Le dice: Manos a la obra:  Le invita a la acción, a una acción decidida y continuada que solo termine cuando la obra se halla terminado

 

David termina con una nota de ánimo que debe guardar para momentos críticos, es un ábrase en caso de necesidad.  No temas ni desmayes: Le dice, mientras le anima a iniciar la obra y a mantenerse con firmeza en toda ella, y le da dos razones para que el pueda recordar en los momentos en los cuales venga el desánimo:  Jehová estará contigo:  Dios no le dejará ni le desamparará  El pueblo estará contigo: Lo acompañará a través de toda la obra.

 

¿Qué lección aprendemos de este pasaje para este momento?  ¿cuál es el papel del pastor cuando conocer una tarea y sabe que hay que hacerla?  ¿qué nos muestra este pasaje que debemos hacer para ser pastores con visión?  Yo creo que podemos aprender aquí algunas de las cosas que distinguen a un pastor con visión que produce iglesias fuertes:

 

1.      El pastor enseña a sus miembros a conocer la voluntad de Dios:

Un pastor con visión es aquel que le enseña a sus miembros como conocer su parte en la voluntad de Dios.  Me pone a pensar que ésta es una de las diferencias entre la iglesia y una secta, porque en una secta, es el líder de ella quien tiene el plan y quien designa lo que cada uno de ellos debe hacer, que acumula en si mismo la capacidad de ir dosificando para sus seguidores su “revelación” de lo que deben hacer.  En la iglesia no será así, porque Dios tiene un plan de redención para el mundo; dentro de ese plan Dios también tiene un plan para cada iglesia y, dentro de ese plan, Dios tiene un propósito para cada miembro y su familia.  El pastor que tiene visión se asegura que cada uno de sus miembros tiene las herramientas necesarias para conocer la voluntad de Dios para su propia vida.

 

2.      El pastor enseña a sus miembros la forma de cumplir su ministerio:

La triple recomendación que David da a Salomón, sigue siendo pertinente para nosotros el día de hoy, y en especial, la recomendación más importante que un pastor puede dar a sus miembros un llamado a la obediencia, a la incondicionalidad con los planes del padre.  Una determinación a hacer lo que Dios le ha mandado a hacer, no importa lo que esto demande o requiera, sea esto, aún, quedarse en su propia tierra.  La incondicionalidad es un requisito para cada uno de los que quieren salir al campo misionero.

 

El segundo requisito, es la obediencia, si Dios nos llama, debemos de ir, no cuestionar lo que nos está pidiendo, no estar reclamando el plan completo, por eso comienza con las palabras “reconoce al Dios de tus padres” porque eso permite que vayamos, como miembros de la iglesia, desarrollando un sentido de sensibilidad con el carácter del padre que nos permita reconocer la voz de Dios en el llamado, de tal forma que lo único que podamos hacer, sea obedecer.

 

El tercer requisito es ponerse a trabajar, nos invita a poner por obra lo que podemos hacer ahora con lo que conocemos del llamado de Dios, en vez de paralizarnos hasta que tengamos el llamado completo.  Cuantas veces he encontrado con tristeza miembros de la iglesia que el llamado misionero es una excusa para no trabajar, pareciera que cuando no pasamos este proceso, comenzamos a formar “vacas sagradas” en vez de candidatos a misioneros.

 

3.     El pastor le muestra los recursos de Dios para trabajar:

El pastor con visión, se asegura que todo miembro de su iglesia conozca los recursos de Dios para cumplir con su tarea. El pastor con visión, muestra en su propia vida el uso digno de los recursos de Dios y reconoce públicamente, tanto como en privado, que ha recibido de Dios lo que tiene, en vez de imitar a Nabucodonosor y pararse en la puerta de la oficina pastoral y decir:  “ ¿no es está la gran iglesia que yo edifiqué con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?” El pastor con visión recuerda que es su obra la que hará y que la provisión, es suya así que debe animar a sus miembros a trabajar y no dudar de Su provisión. 

 

4.    El pastor, desafía a sus miembros a la acción:

El pastor con visión, es como un capitán de navío, luego de haber consultado su mapa (la Palabra de Dios), de haber consultado los datos del satélite (la oración)  y de haber hecho un plan de viaje, solo le queda dar la orden para actuar. No hacerlo es cobardía, como un barco en el muelle, cuando ha llegado la hora de zarpar hacia su destino, cada minuto cuenta, cada instante que se detiene en el lugar de embarque con la excusa de prepararse mejor, de llevar mejores provisiones de que aún puede llegar un pasajero de último minuto, es muy caro, es mas caro que ponerse a caminar. 

 

Esta es la combinación del pastor con visión en una iglesia fuerte, es una iglesia que se mueve, pero no como el escarabajo con las patas para arriba, el pastor con visión, encamina a  los miembros de su iglesia justo a la incondicionalidad, justo al punto en el cual, cada uno de esto miembros, ya no tienen más alternativa que la de obedecer, la de contribuir con su esfuerzo a que la iglesia cumpla con su misión de poner el evangelio del reino de Dios, disponible para todos en todos los lugares.

 

Que Dios nos asista a que como COMIBAM, el movimiento misionero iberoamericano, podamos contribuir decididamente a impactar con la visión a pastores a lo largo y ancho de nuestros 25 países y que podamos ver surgir de ellos iglesias fuertes con visión misionera, que ven el alcance de los no alcanzados ya no como las migajas que caen de la mesa de los hijos, sino como la mejor oportunidad para producir cristianos más obedientes y dispuestos a seguir incondicionalmente a Cristo adonde Él los mande.  ¡Amén!