Tendencias de la iglesia y sus implicaciones en el movimiento misionero iberoamericano, amenazas y desafíos

David D. Ruiz M.

Presidente

COMIBAM Internacional

 

El cristianismo en América latina ha crecido significativamente en los últimos años, los expertos dicen que hay aproximadamente 480 millones de cristianos (protestantes, evangélicos, católicos, etcétera) y que nos encontramos en abierta competición con África para ser declarados con el título de continente más cristiano... Se cree que para el año 2050, sólo cerca de un quinto del mundo cristiano será blanco no-hispano[1].

 

Al revisar la historia del cristianismo en América latina notamos que las cosas se suceden sumamente rápido en esta parte del mundo, la llegada de los primeros misioneros cristianos evangélicos data de poco más de un siglo y su crecimiento ha sido por demás impresionante. A juzgar por su corta edad, el crecimiento de la iglesia cristiana en América latina ha sido explosivo.

 

La iglesia en Iberoamérica, es tan colorida como la vestidura de sus múltiples grupos étnicos.  Por ser una comunidad multicultural es difícil para nosotros establecer un patrón uniforme para describir lo que la iglesia es y puede llegar a ser en el futuro cercano; sin embargo, hay algunos elementos que son necesarios considerar antes de examinar las tendencias de la iglesia, los mismos que han impactado significativamente su crecimiento y que, por seguir presentes en ella, marcan definitivamente el futuro de la iglesia en esta parte del mundo.

 

1.     Características de la religiosidad latinoamericana:

 

Su espiritualidad: Latinoamérica se ha caracterizado como un continente muy espiritual, a su llegada, los primeros conquistadores pudieron confirmar el grado de desarrollo en el aspecto religioso que las culturas originales de este continente tenían. Las monumentales edificaciones religiosas, así como los intrincados sistemas de culto y su desarrollo en el conocimiento de temas como:  las fuerzas del bien y el mal, su relación con los espíritus, la vida después de la muerte y aun los sacrificios humanos, fueron elementos que impresionaron a los conquistadores por su grado de desarrollo.

 

Su unidad: Esta sería la segunda característica que ha favorecido el establecimiento de la iglesia como una comunidad social particularmente, observando dentro de los grupos indígenas su inserción como parte de la sociedad. Dentro de las mayores diferencias que presenta la iglesia establecida en América Latina con la de otras latitudes,  ha sido la facilidad con la que esta ha sido absorbida por la cultura y se ha abierto un camino de ida y vuelta para el intercambio de valores, creencias, y percepciones.  Esta capacidad de la iglesia para absorber de otras filosofías o culturas aun ancestrales, creencias y valores han sido sumados a cada una de las diferentes confesiones produciendo en algunos casos una iglesia con un alto grado de sincretismo.

 

El caudillismo rural: “la única institución autóctona que la América Latina ha producido”[2] como lo llamó Arturo Uslar Pietri, ha afectado significativamente la iglesia en cuanto a su estructura y el tipo de liderazgo que aún se ve presente en cada una de las diferentes iglesias existentes en América Latina.

 

El analfabetismo: tanto en forma general, como el que podríamos llamar analfabetismo bíblico, es otro elemento a considerar al evaluar las tendencias de la iglesia en América Latina y, finalmente,

 

El tradicionalismo de la cultura en América latina, el modernismo lucha por tomar partido en nuestras culturas, pero la lucha es férrea; seguimos siendo una cultura fuertemente tradicional.

 

2.  Tipología protestante de América Latina:

Es difícil tipificar el protestantismo latinoamericano debido a la variedad de las culturas que lo forman.   Algunos teólogos han intentado hacerlo desde la manera simplista y directa de Rubem Alves, por ejemplo, que divide el protestantismo en dos categorías, conservador y revolucionario[3] en función del compromiso de la iglesia con el proceso social, hasta divisiones más elaboradas como las de José Migues Bonino o Read, Monterroso y Johnson.  Orlando Costas hace, a mi parecer, una tipificación más sencilla y clara y como resultado presenta tres tipos de protestantismo como son: protestantismo troncal e histórico, nombre con el que describe a aquel relacionado con las iglesias de la Reforma.  El protestantismo evangélico que se describe como conservador en doctrina y firmemente comprometido con un proselitismo celoso en nombre del evangelio y, finalmente, el protestantismo pentecostal, que está representado por los movimientos pentecostales nacionales que surgieron de las denominaciones evangélicas o por movimientos que se originaron por la obra misionera de pentecostales europeos o norteamericanos en las primeras décadas de este siglo[4].

 

Siguiendo el pensamiento de Orlando Costas, me atrevo a proponer a cinco segmentos en los cuales, a través del tiempo, la iglesia cristiana en América Latina se ha ido desarrollando o transformando según el caso, los elementos comparativos serían: elementos doctrinales, las relaciones con cuerpos denominacionales, el tipo de evangelio que proclama, su base doctrinal, su estilo de liderazgo y la medida de éxito que utiliza para presentar.  Se proponen 5 segmentos como siguen:

 

Iglesias históricas tradicionales: son aquellas que fueron trasplantadas de otras latitudes a nuestros países, motivadas en su mayoría por movimientos migratorios y cuya función original era servir a las comunidades expatriadas en los lugares donde éstas quedaron establecidas, ya sea por razones comerciales, políticas,  religiosas, etcétera. Una de las características significativas de este segmento fue su falta de interés en la evangelización de los americanos puesto que, como decía, el enfoque primordial era que los inmigrantes pudieran celebrar sus oficios religiosos en la forma y tradición en la cual lo acostumbraba a hacer en sus países de origen.

 

Iglesias denominacionales:  son aquellas que surgieron con base en denominaciones europeas o norteamericanas, pero ya con una conciencia más clara de su necesidad de adaptación y como un deliberado esfuerzo evangelístico  y misionero hacia América Latina. Este segmento incluye tanto las denominaciones tradicionales como: bautistas,  metodistas, hermanos libres, etc. así como las misiones de fe que establecieron iglesias en el continente, tal es el caso de Misión Centroamericana (CAM) en Centroamérica y México o SIM en Bolivia, para citar algunos casos.

 

Iglesias pentecostales históricas:  son aquellas que surgieron como resultado del movimiento pentecostal partir del año 1900; algunas de ellas emergieron de denominaciones evangélicas ya establecidas o bien por la obra de misioneros pentecostales europeos o norteamericanos en las primeras décadas del siglo; algunas de ellas fueron una extensión de denominaciones ya establecidas y otras se volvieron denominaciones autóctonas o nacionales.

 

Iglesias neopentecostales:  son aquellas iglesias que surgen como resultado del despertar evangelístico de la iglesia y, en especial, con el uso de nuevos métodos para atraer nuevos conversos a la iglesia, el uso de medios masivos de comunicación es un elemento muy característico, así como, especialmente, el intento de presentar un cristianismo más pertinente a la realidad de la sociedad del momento.  Un estilo de liderazgo carismático no necesariamente clérigo es otra de las características significativas de este tipo de iglesias, así como una medida de éxito empresarial como representación de su efectividad y pertinencia para la sociedad.   El “evangelio de la prosperidad” y el de “la interpretación de las señales de los tiempos” fueron dos de los temas característicos del establecimiento y fortalecimiento de estas iglesias.  Un detalle significativo es que estas iglesias han surgido, tanto de denominaciones pentecostales como tradicionales como fruto de una deficiencia de estas en su adaptación a una nueva mezcla de miembros que vienen de trasfondos muy variados y de niveles poblacionales medios y medios altos.

 

Desde mi perspectiva, las iglesias neopentecostales han sufrido dos variaciones en los últimos años, particularmente, influenciados por el tamaño, su filosofía de trabajo y multiplicación, así como sus intentos de mantenerse en contacto con la congregación, estas dos variaciones son:

 

Mega iglesias: que es la variación producida por el éxito en el establecimiento de las iglesias neo-pentecostales y que se caracteriza por congregaciones mayores a 2.000 miembros en cada servicio, un equipo pastoral numeroso, así como voluminosos presupuestos de operación y una impresionante variedad de servicios, así como también, la edificación de grandes y modernas instalaciones.

Meta iglesias[5]:  sería la siguiente variación producida básicamente por aquellas que han adoptado sistemas de redes de grupos pequeños que funcionan como centros de asimilación, entrenamiento, cuidado pastoral y evangelismo. La mayoría de ellas están descentralizadas en casas, oficinas y otros lugares de reunión y otras, celebran reuniones anuales donde reúnen a todos estos grupos para un tiempo de intercambio y medida de su fuerza.

 

Iglesias apostólicas:  sería el quinto segmento en el cual se ha subdividido la iglesia; éste es un movimiento creciente de último cuño, la mayoría de ellos han surgido de iglesia neo pentecostales o de denominaciones nacionales y han contado con el apoyo entusiasta de la facultad del seminario de Fuller, particularmente, con el aliento dado por Peter Wagner en su libro "terremoto en la iglesia" ellos ven en este mover un desarrollo pionero para la iglesia del mundo, y una renovación de los ministerios y su efecto en el crecimiento y el impacto significativo para los últimos tiempos.

 

Al observar cada una de las variaciones de la iglesia podemos concluir diciendo que la experiencia nos muestra que cada vez que se inaugura un nuevo segmento en la iglesia, este produce incomodidad y división y, en algunos casos, una abierta oposición entre las iglesias existentes y la nueva que está surgiendo para pasar a un periodo de tolerancia y luego de asimilación.

 

2.  Tendencias de la iglesia en América latina.

 

Como resultado de este proceso dinámico en el crecimiento de la iglesia, hay algunos cambios que podemos ver dentro de la iglesia en América Latina y que necesariamente debemos considerar al estudiar el desarrollo de la iglesia y, particularmente, sus implicaciones en el movimiento misionero iberoamericano.  Tal como hemos apuntado anteriormente, con el desarrollo de la iglesia han venido también perversiones doctrinales, sobre énfasis en el liderazgo, formatos doctrinales variables y la introducción de filosofías humanas dentro de la predicación de la iglesia. En estos últimos 100 años de existencia de la iglesia podemos apuntar lo siguiente:

 

Una nueva segmentación de la iglesia: tal como ya lo hemos dicho la iglesia ha estado segmentándose cada vez con más rapidez en un intento de adaptarse al crecimiento y a los nuevos conceptos sociales de la población circundante, observando los últimos años nos damos cuenta que los nuevos segmentos de la iglesia carecen de una estructura doctrinal para tipificarlos, de una estructura administrativa para afirmarlos o de una metodología uniforme para hacerlos permanentes como los conocemos, y eso anticipa que la iglesia seguirá el proceso de segmentación, cada vez más rápido, abriendo vez tras vez, nuevas opciones para responder a la presión de la sociedad o a la inauguración de nuevos segmentos dentro de ella, que no encuentra cabida en las denominaciones o segmentos de la iglesia existentes; basta observar a otras regiones del mundo donde se están iniciando iglesias orientadas a recibir a los homosexuales, lesbianas, refugiados, etc.

 

La polarización:  es otro de los cambios significativos que vemos aparecer dentro de la iglesia empujado, particularmente, por el surgimiento de una comunidad más pensante dentro de ella iglesia, una cultura de independencia como se está acuñando con los últimos segmentos de la iglesia y que produce que las iglesias,   dentro de una misma denominación, tengan diferentes opiniones o inclinaciones en cuanto al mismo tema, algunos ejemplos que están produciendo polarización dentro de la iglesia serían: la participación de la mujer en el liderazgo, el aborto, la participación de los cristianos en la política y el homosexualismo.

 

La manera cómo aprendemos: es otro de los cambios significativos y que se está manifestando de una manera muy dinámica dentro de la iglesia, las tradicionales formas de enseñanza como la disertación, la conferencia o la enseñanza dominical pasiva están dando paso ahora a medios más contextualizados culturalmente como la narración, de la dramatización, grupos de discusión; así como otros adaptados a la competencia particularmente de lo que se ha llamado la “cultura MTV” con un alto grado de influencia de los medios masivos que manejan imágenes, combinación de música, sonidos, danzas vestuarios etc. otro de los cambios significativos es que “los sermones en serie ya no hace sentido a los asistentes a la iglesia porque no consideran la regularidad un elemento importante.  En un  mundo no secuencial como en el que vivimos, cada sermón debe ser una unidad de comunicación completa”[6].

 

La administración por redes: nos presenta un cambio muy importante en la fisonomía de la iglesia en el siglo anterior que se caracterizó por su institucionalización así como la burocratización paulatina de cada uno de sus servicios que fueron una influencia directa de haber recibido la cultura occidental como herencia junto con el evangelio, tal como lo podemos observar, ahora mismo, la mayoría de las denominaciones y organizaciones eclesiásticas en América Latina conservan aún un sistema burocrático de administración en tanto que el mundo se ha tornado radical y violentamente a un concepto de redes con las siguientes características: unidad en función del objetivo y no de la organización, asociación voluntaria, permanencia en función del servicio, liderazgo múltiple, así como una organización más plana "la iglesia del siglo XXI será una iglesia de redes. Los cristianos escogerán sus iglesias en base de recomendaciones personales más que una afiliación denominacional. Las contribuciones financieras serán controladas más por una red que por conceptos denominacionales, levantamiento de fondos de organizaciones para eclesiásticas o lealtades tradicionales"[7].

 

La destrucción de las tradiciones: Lo que se ha llamado tradicionalmente "controversia  iconoclasta" es otro de los cambios significativos que estamos viviendo ahora mismo en la iglesia en América Latina y se caracteriza por ver delante de nuestros ojos que los íconos o imágenes que fueron tradicionales en nuestros conceptos religiosos son atacados, y literalmente destruidos. Estamos viendo "pasar de moda" La himnología tradicional con fuerte contenido doctrinario, para dar lugar a cánticos repetitivos, algunos de ellos con escasos o, más peligroso aún, un controversial contenido bíblico. La escuela dominical como fundamento de la formación doctrinaria de la iglesia ha sido sustituida por reuniones sociales, conciertos, servicios entre semana o seminarios de fin de semana que responden de una manera más efectiva a una sociedad altamente ocupada.   La fidelidad a la iglesia o a la denominación está dando paso a un concepto utilitario de la iglesia y una búsqueda de aquella que responda a preferencias personales y los valores para evaluarla, más en función de la satisfacción inmediata, el ambiente de la iglesia, el carisma de líder y otros elementos que han cambiado significativamente la fisonomía de la iglesia.

 

 3. Implicaciones en el movimiento misionero iberoamericano:

 

Al observar los cambios que se han sucedido en la iglesia y, particularmente, la fisonomía tan variada de la iglesia a lo largo y ancho de América Latina y sumar a estos los cambios que representan o que vemos a las puertas respecto a la forma como tradicionalmente conocíamos la iglesia, debe concluir diciendo que el movimiento misionero iberoamericano enfrenta un gran desafío de poder adaptar el mandato bíblico en conceptos y valores, y de transformar la práctica misionera en formas y maneras, que respondan a cada uno de los segmentos de la iglesia que no se limite solamente a los segmentos tradicionales y, especialmente, que puedan capitalizar con aquellos segmentos eclesiásticos en donde se encuentra el volumen más grande de la iglesia y el crecimiento más rápido.

 

Dentro de las conclusiones que sacamos como resultado de la investigación en el año 1997, pudimos observar que el 65% de los misioneros en el campo habían salido de la iglesia dentro de los segmentos histórico tradicionales y denominacionales que representaban solamente el 25% de la población evangélica en aquel momento solamente 35% de los misioneros, salieron de iglesias de corte pentecostal, representando 75% de los cristianos evangélicos en América Latina; ese desafío sigue presente a pesar de que la participación de misioneros de iglesias pentecostal ha crecido entre el año 97 y el año 2002.  En conclusión, podemos establecer que el primer desafío para el movimiento misionero iberoamericano es desarrollar las formas de comunicar el mandato de la gran comisión en términos orientados a cada uno de los segmentos eclesiásticos y que, como resultado de una observación y estudio concienzudo, podamos responder a las necesidades de cada uno de estos segmentos a fin de que arriben a una convicción clara de su demanda de obediencia a la gran comisión.

 

Un segundo desafío está planteado en la capacidad para desarrollar un ambiente de cooperación que permita la interacción verdaderamente interdenominacional dentro de los movimientos misioneros nacionales, así como de los equipos misioneros y quizá, el desafío más grande será contestar a la pregunta cómo facilitar la cooperación de equipos múltidenominacionales en el campo; con sus implicaciones de cual será la característica de la iglesia que establezca en el campo, su forma de gobierno, su declaración de propósito y doctrina y su estilo de reproducción.

 

Un tercer desafío que enfrentamos como movimiento misionero iberoamericano es desarrollar planteamientos misionológicos consecuentes con el tipo de pensamiento y esquemas teológicos y reflexivos de cada uno de los segmentos de la iglesia, buscar canales efectivos para transferir el conocimiento y la experiencia y, particularmente, para facilitar la adaptación de la misionología a cada uno de estos segmentos diferentes de la iglesia. Necesitamos ser efectivos para encaminar los procesos de reflexión interna para cada iglesia y que den como resultado una misionología contextualizada tanto desde la perspectiva latinoamericana como desde la perspectiva particular de la denominación o iglesia a la que nos acercamos.

 

Un cuarto desafío será buscar los medios que ayuden a las denominaciones recientes a desarrollar un pensamiento de largo plazo y la planificación de proyectos de larga duración en el campo cuando, tal como lo vemos en su experiencia, sus horizontes de planificación sean cada día más cortos y sus capacidades de adaptación las hace producir activamente muchas ocasiones de servicio con el entendido de que algunas de ellas no funcionarán y serán dejadas en el camino que sería totalmente inaceptable y dañino hablando de proyectos misioneros.

 

Un quinto desafío que tenemos por delante es examinar los planteamientos que actualmente tenemos para medir el éxito de los proyectos misioneros, tal como lo vemos en la experiencia, han sido en muchos casos un obstáculo para la promoción misionera dentro de iglesias que están en franco crecimiento y cuya paciencia se acaba muy rápidamente cuando ven una alta inversión de recursos en un proyecto misionero sin, aparentemente, ningún resultado objetivo en el horizonte.

 

Finalmente,  un sexto desafío que tenemos por delante es el desarrollo de un liderazgo misionero que pueda tener la capacidad de relacionarse efectivamente con esta tan variada gama de líderes, pastores, apóstoles, líderes denominacionales, predicadores y ministros de alabanza internacionales para poder capitalizar los esfuerzos de todos hacia la transformación de Iberoamérica en una fuerza misionera.

 

Estamos enfrentados al hecho de que la realidad de la iglesia se encuentra en pleno proceso de cambio, como un movimiento incipiente, hemos empezado a acuñar nuestra identidad y a desarrollar modelos de relaciones, promoción y de reflexión misionológica, pero el desarrollo de la iglesia nos muestra que necesitamos ser más activos en la participación en el quehacer de la iglesia, ya no podemos seguir subsistiendo paralelamente a la iglesias como su brazo misionero, necesitamos una participación más activa que nos permita identificar los cambios y variaciones de la iglesia, su características en constante cambio y tener la habilidad de adaptarnos a esos cambios a fin de establecer canales de comunicación y de servicio para que cumpla con la gran comisión.

 

En su reporte de evaluación, luego de su participación en COMIBAM 87, el Dr. Teodore Williams, Secretary for Missions[8], EFI, describió el reto de COMIBAM en dos caras: “Misión transcultural hacia adentro... a fin de lograr la evangelización de aquellos grupos entre cada país, que no han sido evangelizados y Misión transcultural hacia fuera... como un punto de partida para Europa África y Asia.  Esos continentes pueden ser alcanzados por latinoamericanos en respuesta al mandato de Jesucristo”.  Si bien el reto sigue siendo el mismo, nos damos cuenta que el movimiento misionero iberoamericano tiene retos aún mayores como resultado de la segmentación, sofisticación y de los cambios en la fisonomía y el quehacer de la iglesia, pero el poder sigue siendo el mismo, como parafraseó Rudy Girón en COMIBAM 87: “no es con dólares ni con computadores sino con mi Santo Espíritu ha dicho el Señor”.  ¡El futuro ha llegado... el futuro es nuestro!


 


 

[1] Jenkins, Philip, The Next Christendom, The Coming of Global Christianity, Oxford University Press, 2002

[2] Uslas Pietri, Arturo, Cuarenta Ensayos, Monte Avila Editores, 1990, pp. 361

[3] Deiros, Pablo Alberto, Historia del cristianismo en América Latina, Ed. FTL, 1992, pp. 784

[4] Ibidem, pp. 785

[5] Anderson, Leith, A Church for the 21st. Century, Ed. Bethany House Publishers, 1992, pp. 55

[6] Ibidem, pp. 45

[7] Ibidem, pp 49

[8] AIM Bulletin, February 1988, pp17.