EL LÍDER DE UN MOVIMIENTO MISIONERO NACIONAL
QUIÉN ES Y QUÉ HACE
Luz Esther Cádiz
Representante Región del Caribe y
2da. Vicepresidenta
COMIBAM Internacional
El movimiento misionero iberoamericano ha crecido a pasos agigantados y es la suma de los movimientos misioneros nacionales. El movimiento misionero nacional de cada país dependerá de muchos factores, pero ninguno será más importante y trascendental que sus propios líderes. El movilizador o coordinador nacional de misiones juega un papel más trascendental que sólo dirigir el movimiento nacional en su país, es el agente que provocará que otros impacten vidas que a su vez harán posible que Jesús llegue y trasforme naciones que hoy viven en oscuridad. Es una tarea que afecta la eternidad de muchos. Por ello, quiero compartir algunos principios que nos han sido útiles en nuestra tarea de brindar un mejor servicio hacia el propósito de Dios con iberoamérica. Quiero resaltar también, algunas características propias que debemos observar y desarrollar para el mejor aprovechamiento de la valiosa oportunidad que Dios nos da.
a. Grupo iniciador
b. Eventos
c. Identificación de recursos
d. Proceso de aprendizaje
e. Logros y fracasos
a. Mayor reconocimiento por el liderazgo nacional.
b. Respuesta de las iglesias al envío de misioneros.
c. Limitaciones en la estructura para impulsar el envío y dar seguimiento en el campo.
d. Muchos no responden, pero hay respuesta y compromiso.
ETAPA DE DESARROLLO(2000-)
a. Estableciendo redes de cooperación.
b. Mayor conciencia de servicio y ser agentes facilitadores.
c. Maximizando los recursos disponibles a favor del continente.
d. Necesidad de reestructurar el movimiento de acuerdo a la realidad presente del movimiento nacional.
e. Demandas del movimiento para un mayor desarrollo.
1. CARÁCTER:
El movimiento misionero necesita gente con carácter firme y convicciones profundas en Dios. Cultivar una integridad genuina, no sólo en lo que es correcto e incorrecto, sino mantenernos claros y firmes en las “áreas grises”.Debemos ganar la confianza y el respeto de aquellos a quienes queremos impactar con la visión. Ser objetivos e imparciales de forma que los que vienen con intereses particulares o agendas escondidas no tengan lugar. No somos perfectos y reconocer nuestros errores y pedir perdón cuando fallamos nos fortalece en lugar de debilitarnos.
2. PASIÓN:
Sólo el fuego encendido en nuestro corazón y el amor por el trabajo que realizamos podrá contagiar a otros que quieran involucrarse junto con nosotros en esta gran empresa. La pasión nos hace poner todo el empeño del mundo, llevándonos a lograr lo imposible. El fuego de nuestra pasión por la obra misionera es avivado por Dios mismo. Esa pasión nos lleva a un compromiso que inspira a otros. Las capacidades pueden ser limitadas, pero cuando hay pasión desarrollaremos el máximo de nuestro potencial. Sin pasión es fácil ver las dificultades demasiado grandes y no continuar. La pasión nos lleva a trazar estrategias adecuadas de acuerdo a la realidad de nuestro movimiento nacional. Busquemos la manera de lograr los objetivos y alcanzar las metas. Tener pasión nos hace persistir hasta ver resultados y ver el movimiento nacional avanzando en su proceso aun en medio de dificultades.
3. CULTIVAR RELACIONES:
No hay manera de lograr la movilización misionera si no nos relacionamos con los pastores, líderes de misiones, misioneros, y personas interesadas. Esto requiere buenas destrezas de comunicación. Nuestro tiempo no puede estar tan ocupado en la planificación, los papeles, los compromisos; que no tengamos tiempo para la gente. Invierte en la gente que Dios te pone delante; unos más cerca (tu equipo de trabajo) y otros más distantes. Necesitamos ser gente accesible y que la gente nos conozca como somos. El contacto personal, telefónico y hacer presencia es muy importante. Desarrollemos habilidades para involucrar a la gente y hacer que se sientan parte. No nos enfoquemos sólo en dar, recibamos también de los demás.
4. SERVICIO:
Necesitamos repasar el modelo de liderazgo de Jesús: “el que quiera ser el más grande, será vuestro servidor... yo no he venido para ser servido, sino para servir y dar mi vida en rescate por muchos”. El movilizador es un siervo y no un caudillo. Las palabras “coordinador y facilitador” nos ayudan a ubicarnos mejor en el papel que desarrollamos. Como movilizadores nacionales estamos para viabilizar lo que Dios está haciendo en medio de su iglesia en nuestra nación y poniendo todos los recursos posibles a su alcance. La tendencia a que las iglesias y grupos nacionales sirvan al movimiento nacional en lugar de que este servir a estos, ha limitado la efectividad de algunos movimientos nacionales. Somos siervos sirviendo para impulsar a otros a servir.
5. SEAMOS PERSONAS INFLUYENTES:
Si estamos claros en nuestra función como facilitadores, como siervos, podremos influir efectivamente en el movimiento nacional de nuestro país porque nos enfocaríamos en las personas a quienes servimos. No eres influyente por la posición que ocupas, sino por quien eres. Una persona influyente actúa con integridad con las otras personas, no tiene agendas particulares, procura nutrir a los demás y tiene fe en ellos; sabe escuchar y entender a las personas. Muchos no pueden entender o no pueden participar en el movimiento nacional, pero siempre pueden contar con nosotros y nuestra amistad. Como personas influyentes nos ocupamos de potenciar el liderazgo de los demás, desarrollando sus dones y talentos. Solos podemos hacer muy poco, pero como cuerpo podemos lograr mucho. Influye invirtiendo tiempo y recursos en otros, fortaleciéndolos y manteniéndolos conectado a otros; ellos, a su vez, influirán en otros.
6. INICIATIVA:
Alguien dijo que “hay tres tipos de personas: los que observan lo que sucede, los que no saben lo que sucede y los que hacen que las cosas sucedan.” El movilizador de misiones es uno que provoca que las cosas sucedan, tiene iniciativa. Aprende a soñar con los pies en la tierra trazando metas reales y alcanzables que lo ayuden a avanzar en el proceso. Procuremos involucrar a otros de modo que se sientan guiados y a la vez sean partícipes del desarrollo del movimiento nacional.
7. ACTITUD POSITIVA:
Hemos aprendido que el desarrollo del movimiento nacional es un proceso. Ciertamente es un proceso que toma tiempo y, a veces, no se ven los resultados esperados. Cultivar una actitud positiva no sólo nos permitirá llegar a las metas, sino que también nos ayudará a crecer y mejorar las estrategias. Las malas actitudes y el pesimismo arruinan la efectividad del equipo. Evaluar objetivamente y aprender de los errores, ayudará a ver siempre nuevas oportunidades. Nuestra actitud ayudará a que el resto del equipo continúe o desista en el camino. La iglesia y las organizaciones esperan ver que persistimos en lo que creemos y la actitud positiva los dejará ver que la tarea es amplia, difícil, pero es posible y alcanzable en el nombre del Señor.
8. ESPÍRITU DE SACRIFICIO:
“Si Jesucristo es Dios y murió por mí, ningún sacrificio que yo haga por Él será demasiado grande” (C.T. Studd) Si hay algo que muy pronto aprendemos los movilizadores es el sacrificio. Esto demanda mucho, cuesta mucho y no hay muchas opciones. La disciplina que necesitamos llevar y la diversidad de responsabilidades nos llevan a sacrificar y entregar mucho, pero nunca será suficiente. Mantener una alabanza en nuestros labios y reconocer que adoramos a Dios en cada cosa que hacemos nos permitirá crecer y disfrutar nuestro servicio. No es fácil ceder para el hombre común, pero sí es de valientes, de gente apasionada por Dios, de gente de fe. Qué alegría da saber que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano” y que nuestra recompensa viene de Él.
9. ACTITUD DE APRENDIZ:
Un líder comienza a morir cuando deja de aprender. Para mantenerte dirigiendo, mantente aprendiendo. El movimiento misionero requiere que nos mantengamos aprendiendo constantemente de las experiencias que vivimos y que otros viven. Leer, estudiar, escuchar a otros con más o con menos experiencia que nosotros; son oportunidades de crecer. Aprender de los que nos antecedieron y de los que llevan años de experiencia es tan importante como de aquellos que están comenzando en el proceso. Esta nueva generación de misioneros tiene mucho que enseñarnos sobre cómo hacer misiones y trazar estrategias para ser efectivos hoy.
10. MULTIPLICARSE EN OTROS:
El movilizador de misiones, como siervo de Dios, será efectivo en la medida que se multiplique en otros. Servir no sólo, para ser efectivos, sino discipulando a otros para que también puedan servir, es lo que hace a nuestro ministerio de verdad efectivo. Somos gente que damos oportunidades a otros para que desarrollen su máximo potencial. No hay mejor testimonio que ver a nuestro discípulo haciendo el trabajo mejor que nosotros. Únicamente un buen maestro hace un excelente sucesor. Una persona influyente se reproduce en otros que influyen en otros. Esto es posible si nos enfocamos más en los demás que en nosotros mismos; si en lugar de competir, nos complementamos unos con otros. La multiplicación de movilizadores efectivos será mucho mayor de lo que podemos pensar.
Dios nos ha dado un gran privilegio al ser parte del movimiento misionero de nuestra nación. No sólo estamos cambiando la historia de la iglesia en nuestro país, sino también en otros lugares donde están llegando misioneros iberoamericanos mejor equipados y respaldados para realizar una labor efectiva. A través del poder de Dios podemos hacerlo posible. Alguien dijo: “Sin Dios no lo podemos hacer, pero sin nosotros, Dios no lo hará.” Él nos conoce y sabe nuestras debilidades y limitaciones, pero también el gran potencial que hay en nosotros en virtud de la obra de Jesús. Él nos escogió para mostrar a través nuestro su gloria entre las naciones. Cultivemos estas y otras cualidades que nos permitirán servirlo con excelencia. El movimiento misionero nacional debe ser la mejor expresión la iglesia en nuestro país; una iglesia que sabe para qué existe y cumple su propósito. Y para ello, Dios nos quiere seguir usando como un movilizador nacional de misiones.