IDENTIDAD, VISIÓN Y PROYECCIÓN DEL MOVIMIENTO MISIONERO IBEROAMERICANO

David D. Ruiz M.

Presidente

COMIBAM Internacional

 

Estamos viviendo una de las épocas más emocionantes de nuestra historia, es un cambio de paradigma en estos últimos tiempos que sólo tiene parangón con la expansión del evangelio en los primeros siglos de la era cristiana o en la llegada de este a las tierras americanas en el siglo XV.  Como podemos ver en la siguiente tabla[1], la iglesia se encuentra en medio de una nueva transformación, está pasando de una iglesia occidental a una basada en el mundo de los dos tercios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A partir del decrecimiento que la iglesia de América del Norte y Europa, en la suma total de creyentes, ha experimentado en los últimos 40 años, la participación de la iglesia en Asia, Latinoamérica, África y el Medio Oriente ha estado creciendo rápidamente hasta llegar, en este momento, a significar el 65% del total de creyentes en el mundo.  La mezcla de la iglesia ha cambiado significativamente y el eje de influencia ahora se ha movido hacia el hemisferio sur.

 

Como escribe Philip Jenkins:  “África y América Latina podrían estar en competición por el título del continente más cristiano... para esta fecha, estos dos continentes contarán con el 50% de los cristianos del planeta...para el año 2005, sólo un tercio de los 3 mil millones de cristianos serán blancos no-hispanos”[2]

 

¿Qué implicaciones tiene esto para la evangelización mundial?  La iglesia en el Mundo de los Dos Tercios está creciendo tanto en números como en recursos; y cada día está más preparada para hacer un impacto significativo en la evangelización mundial en los últimos tiempos.

 

Aprovechando la oportunidad

 

A.       COMIBAM Internacional:  Jonatán en el paso de Micmas.

El Movimiento Misionero Iberoamericano se encuentra en una posición similar a la Jonatán en paso por Micmas (1 Samuel 14)  Una puerta de oportunidad ha sido abierta en el camino y el Señor nos está mandando a entrar.  El Movimiento continúa creciendo y madurando.  Aun cuando al principio entendíamos que las limitaciones eran muchas, así como Jonatán, entendimos que el Señor estaba con nosotros.  Después de COMIBAM '97, nos dimos cuenta que las victorias pasadas podían únicamente ser contadas como historia y que un cambio renovador estaba frente a nosotros.  Depositándonos en las manos de nuestro amado Señor este ejercicio de fe ha venido a ser un testimonio de su gracia y misericordia al buscar y alcanzar los no alcanzados para Él.  Nuestra seguridad es la de Jonatán al final de la prueba de Micmas:  una gran victoria para el reino de Dios!

 

 

B.       LA PUERTA DE OPORTUNIDAD

 

El cambio en la presencia geográfica del evangelio:

Iberoamérica está viviendo en una era privilegiada.  En los últimos 40 años, la ubicación geográfica de la iglesia cristiana ha cambiado radicalmente.  En el año de 1960, más del 80% de la población cristiana vivía en el hemisferio norte. Ahora, el Reportero Evangélico Mundial, indica que 69% de la población evangélica se encuentra fuera del hemisferio norte.  Con este cambio, una gran oportunidad ha sido presentada a nosotros, pero también una gran responsabilidad.

 

El crecimiento de la iglesia:

La iglesia evangélica está creciendo rápidamente en muchos países de América Latina.  Por lo menos 4 países reportan que más de un 20% de su población son evangélicos, y los números continúan creciendo.  En Guatemala, el porcentaje de evangélicos ha sido establecido para el año 2001 en 27.25%[3] (por SEPAL, Servicio Evangelizador para América Latina)

 

La visión misionera se ha expandido:

Una creciente y sólida visión misionera despertó a la Iglesia en 1987.  En respuesta, la iglesia ha hecho el compromiso, de forma profética y valerosa, de transformar el continente de un campo misionero en una fuerza misionera. 

 

La migración de latinos:

Las migraciones de Latino América están contribuyendo en el establecimiento de la iglesia en países con grupos de  pueblos no alcanzados en esas regiones.

 

Nuestra vocación misionera:

COMIBAM existe para ayudar a las iglesias en América Latina a llegar a ser un pueblo misionero capaz de llevar el evangelio de Jesucristo a las naciones.  Nuestra estrategia es promover y fortalecer el Movimiento Misionero Nacional en cada país de Iberoamérica.

 

 

EL DESARROLLO DE UN MOVIMIENTO

 

A.      CONSULTAS

        Las misiones iberoamericanas están expandiéndose de acuerdo al diseño de nuestro Señor. Algunas fechas claves nos ayudan a entender esto de una mejor manera:

 

¨        1987:  Primer congreso continental.  Inicios de esfuerzos movilizadores a través de la región y un compromiso serio con las misiones comienzan a realizarse; se establece el lema del movimiento “de un campo misionero a una fuerza misionera”.

¨        1991-1992: Son llevadas a cabo consultas sobre entrenamiento transcultural; como resultado, se define el “Perfil del misionero transcultural ideal”[4]  y nuevos centros de capacitación comienzan a nacer a los largo y ancho del continente.

¨        1992:  La estrategia Adopte un Pueblo (AUP) es lanzada con el fin de promover y alcanzar "pueblos no alcanzados".  Los resultados incluyen: el establecimiento de un programa de oración regional, publicación de varios manuales y material de AUP, así mismo, el incremento en el número de misioneros en el campo.

¨        1994:  Iglesias y agencias enviadoras se sientan juntas en una consulta y exploran áreas de convergencia, no de competencia.  Un modelo integrado de misiones, que incluye iglesias, centros de entrenamiento y agencias enviadoras es definido.

¨        1997: COMIBAM celebra su segundo congreso continental, una oportunidad en la cual evaluar y proyectar lo que es, lo que necesita ser y cómo puede llegar allí.  A medida que el Movimiento Misionero Iberoamericano es analizado en consultas nacionales en cada uno de los países de Iberoamérica, nuevos temas emergen.

¨        2000: COMIBAM celebra su Primera Asamblea Internacional con la  representación oficial de 23 de los 25 países de Iberoamérica. Se inicia, entonces, un proceso de regionalización integrando a los países en 8 regiones geográficas; cada una de ellas elige el líder que la representará en la Junta Directiva y trabajan juntos durante la Asamblea para definir y aprobar conjuntamente un plan estratégico de integración regional.

 

B.      LA CONTINUACIÓN DEL PROCESO DE TRANSFORMACIÓN

 

Específicamente, uno de los frutos del segundo congreso fue la concentración de COMIBAM en cuatro áreas en particular.  Con estos elementos ha sido trazada la ruta para transformar a COMIBAM Internacional en una movimiento catalizador que permita alcanzar la visión de la transformación de Iberoamérica en una fuerza misionera

 

1.       Fortalecer y mejorar la efectividad de cada Movimiento Misionero Nacional.  Una de la lecciones del congreso COMIBAM 97,  fue la necesidad de subdividir al continente en regiones.  De esta manera, los países más fuertes en una región podrían ayudar al movimiento en un país vecino  y menos desarrollado sin que este tenga que esperar o depender directamente de la oficina central que se encuentra, generalmente, lejos. Se establecieron 6 áreas geográficas en Iberoamérica y comenzamos a trabajar para relacionar y promover actividades conjuntas entre ellos.  Como resultado, las regiones han llegado a estar más y más integradas y siguen trabajando juntas definiendo sus propias agendas que se establecen dependiendo de la madurez de sus Movimientos Misioneros Nacionales.

 

2.       Definir el enfoque de la iglesia hacia alcanzar a los no alcanzados. COMIBAM ha estado desarrollando materiales y proveyendo entrenamiento para  líderes nacionales, con el fin de fomentar el uso de los recursos de la iglesia en América Latina hacia el alcance de los grupos no alcanzados dentro y fuera del continente.  En el año 2002, reunimos a líderes claves de nuestro programa Adopte un Pueblo y volvimos a definir la estrategia que necesitaba ser implementada para llegar a ser más efectivos.  Como resultado, el concepto fue cambiado de "Adopte Un Pueblo" a uno más afinado: "Alcance Un Pueblo".  De esta forma, la adopción viene a ser parte del proceso y no el fin.  También, el énfasis fundamental fue balanceado, con el fin de enfatizar el mandato bíblico de "ir a las naciones", no simplemente de "ver la necesidad de sus números". Fueron producidos nuevos materiales, incluyendo un manual de la iglesia, tarjetas de oración y cápsulas de radio y un CD de información básica.

 

3.       Incrementar comunicación, redes, cooperación e intercambio interna y externamente entre los Movimientos Misioneros Nacionales. Como una cooperación misionera, COMIBAM Internacional ha invertido consistentemente en crear y nutrir un ambiente de hermandad en Iberoamérica incrementando la habilidad del Movimiento Misionero de trabajar juntos.  Esto, a través de la producción de material en español que presenta y explica la diferencia y potencial de transformar un Movimiento Misionero Nacional en modelos integrales compuesto de tres redes principales.  Hemos invertido una parte significativa de nuestro tiempo y recursos viajando a través de América Latina, enseñando sobre redes, alianzas y ayudando a cada MMN a identificar maneras en las cuales poner en práctica los principios aprendidos.  Como resultado tenemos 23 movimientos misioneros funcionando con una estructura que les permite relacionarse, comunicarse y crecer uno al lado del otro.

 

4.       Construir una base de sostenimiento económico para COMIBAM y capacidad para entregar los servicios que produce  A medida que ha crecido el movimiento la necesidad financiera para poder servir también ha crecido.  Actualmente, Iberoamérica (iglesias, individuos y organizaciones) provee entre el 50% y el 75% (dependiendo del proyecto) de los fondos necesarios para que COMIBAM Internacional opere  y lleve acabo su misión.  Esta iniciativa fue implementada para asegurar la consistencia en esta área y ayudar a expandir el sostenimiento de la iglesia iberoamericana a su propio movimiento misionero. 

 

5.       Desarrollar una misionología iberoamericana. Con el objeto de establecer un modelo integrado de misionología que surja de la reflexión misionológica del continente, y que a su vez, esté siendo aplicado tanto en iberoamérica como en el campo misionero se ha iniciado un proceso de trabajo que tiene como propósito: conectar a los misionólogos en iberoamérica para mantener un diálogo tendiente a definir una misionología desde nuestro contexto y que, como resultado de este proceso, sean publicados a lo menos 10 libros sobre el tema en los próximos 6 años. 

 

C.      ENTREGANDO EL MOVIMIENTO AL CONTINENTE

 

El desafío que recientemente enfrentamos fue el de responder al hecho de que el Movimiento había alcanzado una "masa crítica" y la única manera de asegurarse que la visión misionera permaneciera fresca y fuerte, en el corazón de nuestra iglesia, era transferir el liderazgo a la gente en las trincheras de las misiones iberoamericanas; aquellos que se encuentran desarrollando nuevos modelos de movilización, entrenamiento, envío y cuidado misionero.  Durante los últimos dos años y medio, un plan para una transición organizacional fue implementado concluyendo con la Primera Asamblea Internacional de COMIBAM llevada a cabo en Lima, Perú, en noviembre de 2000; este evento trajo a reunión a los representantes de cada Movimiento Misionero Nacional que eligieron por región a su propio representante para la Junta Directiva de COMIBAM.  Un liderazgo nuevo, desde los niveles base del movimiento, es ahora responsable de la visión y dirección. Nuevos discípulos del Movimiento han venido ahora a servir.  El papel de la Junta de Directores, como Representantes Regionales y personas claves para el desarrollo  de sus regiones, fue afirmado.

 

Esta ocasión, también sirvió como una red de alianzas en donde varias regiones y proyectos ministeriales recibieron luz verde para comenzar a implementarse y,  finalmente, las tres redes de trabajo de COMIBAM (iglesias y pastores, centros de entrenamiento y agencias enviadoras) fueron juramentadas.  La fuerza misionera emergente llegó a ser el siervo del mover de Dios.

 

Así como Jonatán subió hacia Micmas para tomar la oportunidad de Dios para él, COMIBAM continúa avanzando para que la puerta de Dios no se cierre en Iberoamérica.  Nosotros hemos tomado nuestra espada con valor, y creemos que el Señor ha de proveer de sus abundantes riquezas los recursos que el Movimiento necesita.  Alabamos al Señor porque su mano ha estado presente durante todo el proceso confirmando que estamos caminando de acuerdo al deseo de Su corazón.

 

 

 

 

 

 

RETOS Y DESAFÍOS DEL MOVIMIENTO MISIONERO IBEROAMERICANO:

 

El primer desafío característico es el creciente número de misioneros latinos dentro de la comunidad misionera mundial. El número de vocaciones misioneras sigue creciendo en el Mundo de los Dos Tercios, particularmente en Iberoamérica, y muchos misioneros son enviados cada año de esta parte del mundo hacia los no alcanzados.  Según nuestras últimas estadísticas, para el año 2001 el número de misioneros latinos ha alcanzado ya los 6478[5], lo que significa más de un 12% de crecimiento anual; esto sin reflexionar mucho en los nuevos países que se han sumado a la lista de aquellos con misioneros latinos.

 

El siguiente desafío serían nuevas formas de cooperación. Podemos identificar tres etapas de cooperación en el desarrollo moderno de las misiones en nuestro continente.  La primera, se sucede en los primeros años que acompañaron al establecimiento de la iglesia en América Latina, la cooperación se entendió como “hacia América Latina”, particularmente a partir del año 1916 con la celebración del Congreso de Panamá y el establecimiento del Comité de Cooperación en América latina[6] (CCLA), las iglesias en el norte deciden un proceso de cooperación tendiente al establecimiento de la iglesia en nuestra región, en el cual no contempla la posibilidad de un futuro de cooperación con esta parte del mundo.

 

A medida que la iglesia en nuestra parte del mundo fue creciendo comenzó a experimentarse un cambio con la cooperación Norte Sur. En esta segunda etapa, la cooperación se entendía como “con América Latina”; había un reconocimiento de la iglesia en esta parte del mundo, pero con un fuerte énfasis en el norte, el paternalismo y la dependencia fueron dos elementos en los cuales esta cooperación estuvo gravitando. Más adelante, a medida que hemos ido dando muestras de madurez, se han intentado nuevas formas de cooperación en un camino difícil de cambio de mentalidad en la manera de ver a América Latina y en la voluntad de considerarla al mismo nivel. 

 

Como la transformación de la iglesia en América latina se está repitiendo también en el resto de los países del tercer mundo, estamos a las puertas de una nueva era en la cooperación que podríamos llamar Sur-Sur; esta tercera etapa abre la oportunidad de dar paso a una nueva forma de relacionamiento y trabajo en común entre las regiones y naciones que componen el mundo de los dos tercios, una cooperación “entre y desde América Latina”.

 

Dios está abriendo nuevas oportunidades para relacionar los movimientos del hemisferio Sur para construir espacios donde podamos compartir hablar de nuestros asuntos tanto eclesiásticos como misionológicos sin avergonzarnos; un lugar donde podamos encontrarnos para intercambiar información acerca de lo que Dios está haciendo en nuestras regiones en  términos de misiones.

 

El tercer desafío que vemos es fruto del ejercicio de la misión transcultural, este proceso ha abierto para la iglesia en América Latina una ventana en la que los vientos de la reflexión misionológica han comenzado a entrar y oxigenar nuestra praxis para desarrollar una misionología más autóctona, más contextual y más acorde a nuestra idiosincrasia. Estamos dando pasos serios y significativos para establecer un modelo integrado de misionología que esté siendo aplicado, tanto en Iberoamérica como en el campo misionero.  En los ejercicios que hemos hecho hasta el momento, los resultados han sido muy importantes en términos de planteamientos misionológicos desde nuestra realidad y desafiando nuestra propia perspectiva de la misión.

 

América Latina tiene otra gran oportunidad de impactar el liderazgo del mundo evangélico global, cada día más vemos que se abren oportunidades para que personas del Mundo de los Dos Tercios, algunos latinos entre ellos, estén ganando y manteniéndose en espacios de liderazgo en las grandes redes y organizaciones de evangelización mundial, creo que estamos viendo el tiempo en el cual nuestra contribución será mas sensible y constante. 

 

Estaremos observando un crecimiento en la participación de latinos en el liderazgo mundial, y por esa razón, debemos prepararnos, trabajar arduamente para elevar nuestro nivel de eficiencia y  mejorar nuestra efectividad.  Tal como sucede en empresas mundiales estamos compitiendo en un mundo que por muchos años estuvo monopolizado por las naciones industrializadas con estándares del mundo empresarial como sistema de trabajo. Ahora, es nuestra oportunidad de proponer nuevos y creativos estilos de liderazgo que, sin dejar de ser eficientes, recuperen el valor de la persona, de la familia, de la Palabra como la regla de medida y, sobre todo, la obediencia a la Palabra como el máximo no negociable

 

Un último impacto revelador de la iglesia en América Latina hacia la iglesia mundial es el resultado del avivamiento de las iglesias en nuestra parte del mundo- Estamos a las puertas de una nueva renovación de la iglesia mundial influenciada, en buena parte, por la experiencia de la iglesia en nuestro continente. La iglesia está ya marcando tendencias en el ámbito mundial, conferencistas latinos y modelos de iglecrecimiento, discipulado, plantación de iglesias y misiones, están siendo “exportados” fuera de Latinoamérica; esto anticipa un fortalecimiento de la iglesia cristiana durante este siglo, un empuje que la haga llegar a ser una fuerza creciente que desafía aun al Islam como la religión predominante, Samuel P. Huntington en su libro “The Clash of Civilizations and the Remarking of World Order” estima que “para el 2050 llegará a haber tres cristianos por cada dos musulmanes en el mundo”[7]

 

Dios ha puesto en nuestras manos, no sólo una oportunidad de liderazgo en Iberoamérica, sino también, de guiar un proceso de desarrollo en el movimiento misionero iberoamericano tendiente al establecimiento en esta parte del mundo de una fuerza misionera. Estos esfuerzos redundarán, también, en una contribución significativa en el proceso de renovación de la iglesia, su imagen, su modelo y particularmente su manera de relacionarse con Dios y cómo manifestarla; enfrentemos con gozo y alegría este gran desafío.

 

RECOMENDACIONES FINALES:

 

Estos nuevos retos y desafíos del movimiento misionero iberoamericano requieren una nueva calidad de liderazgo. Si estamos de acuerdo de que Dios está encaminando a Iberoamérica hacia una nueva etapa y que está abriendo delante de nosotros una puerta de oportunidad, debemos también estar de acuerdo de que necesitamos revisar nuestro estilo de liderazgo y la calidad del mismo para poder capitalizar este “momentum” y surgir en este momento de necesidad como la nueva fuerza misionera del tercer siglo, alistada y preparada para caminar la última jornada de evangelización en dirección a las ultimas fronteras.  Como resultado de esta reflexión, propongo cuatro recomendaciones finales para afirmar nuestro rostro hacia este futuro:

 

Primera:  Volvamos a los orígenes, a la palabra y a la integridad del siervo de Dios:  Estamos entrando en un momento en el cual el “espíritu de la época” nos está cambiando los valores para evaluar lo que debemos ser hacer y a dónde debemos ir.  Pareciera que estamos “acuñando” nuevos modelos, “redescubriendo ministerios” y “justificando” formas de actuar basados en qué es bueno o qué es la urgencia del momento.  Debemos volver a tomar la Palabra como norma de autoridad y piedra de toque que nos permita que a su luz podamos discernir lo que debemos hacer.  Por otro lado,  estamos siendo confundidos con vestiduras reales, capas púrpuras y redes de poder, que nos están llevando a satisfacer nuestros deseos mundanos de poder, autoridad e influencia mientras que el siervo de Dios, como lo vemos en la Palabra, siempre fue el más pequeño, el que no le molestaba pasar al último lugar de la mesa, pero que veía con sonrisa que el banquete había sido preparado para el.  Hay un mundo que ignora el mensaje de Jesucristo, pero está abierto a considerar a aquellos que lleguen a sus tierras presentando una nueva forma de relación, de servicio y de amor incondicional; pueblos que no están esperando un nuevo “reino” sino el reino de Dios, ese que es justicia, paz y gozo en el Espíritu.

 

La segunda recomendación es que entendamos el relevo de liderazgo, no sólo como “tirar el manto” a los que nos siguen, sino también prepararlos para asumir el papel de líderes con la misma visión y pasión con la que nosotros lo hemos tomado. A partir de la Primera Asamblea de COMIBAM en Perú, comenzó un proceso de transición de liderazgo que no terminará; cada uno de los que tenemos el privilegio de participar al frente de este ministerio debemos estar conscientes de que nuestro tiempo debe invertirse también en formar a aquellos que nos sustituirán; que tomarán de nuestras manos la estafeta para que este movimiento misionero siga adelante.  Los que nos precedieron hicieron una tremenda labor confiando e invirtiendo tiempo en los que ahora estamos al frente. Podemos seguir sus visiones y sus planes, pero delante de nosotros tenemos una generación joven y emergente que está dispuesta a aprender y a dejarse guiar si nuestra guía es según el Espíritu. Debemos asegurar el futuro del movimiento preparando hoy a los líderes que tomarán nuestro lugar, pero de tal manera que al llegar allí ellos estén aun mejor capacitados que como nosotros llegamos

 

La tercera recomendación es que nos preparemos mejor misionológicamente; el movimiento se desarrolla cada día, ya no somos un puñado de líderes que tratamos de hablar de misiones donde nos dan oportunidad, ahora, es un tema necesario en los congresos y encuentros serios; de pronto vemos surgir a “maestros” de misiones por todos lados y predicadores que hablan de misiones sin que sus iglesias estén haciendo algo entre los no alcanzados.  Esta hora demanda de nosotros un compromiso de prepararnos mejor, de subir el estándar de calidad de nuestra exposición, de renovar nuestra reflexión capitalizando los aprendizajes de este tiempo y de la experiencia de misioneros en el campo. Movámonos hacia delante, un paso más, busquemos mejores explicaciones bíblicas para los éxitos o fracasos de los misioneros en el campo, demos cada vez mejores argumentos bíblicos a los pastores para llevar a sus iglesias a la obediencia y dejemos claramente expuesto el mandato bíblico delante de los miembros para que ellos sepan qué hacer con la gran comisión. Dejemos de repetir lo que leemos y fortalezcamos nuestro encuentro con Dios y su Palabra para mantener fresco el mensaje con la Palabra de vida.

 

La cuarta recomendación es que iniciemos amistades profundas y fructíferas con líderes del Mundo de los Dos Tercios:  Estamos a las puertas de una nueva etapa en la cooperación, en el tiempo de iniciar esfuerzos cooperativos con los demás continentes del hemisferio sur, África, Asia, Medio Oriente, abramos nuestros ojos a estos lugares, en tanto trabajamos fuertemente en la transformación de Iberoamérica; busquemos oportunidades de intercambio entre estas partes del mundo, tal como ha quedado establecido en esta ponencia. El potencial futuro para las misiones y para la iglesia está entre nosotros, comencemos a buscar y a aprender de los demás continentes del hemisferio sur, no cometamos nuevamente el error de enviar misioneros a África, Asia, Oceanía, etc.  Sin investigar y sin considerar la existencia de la iglesia y el recurso de la presencia de Jesucristo en medio de ella, no ignoremos lo que Dios está haciendo en estos lugares.  Ha llegado el tiempo de unir las manos y de cooperar juntos para llegar a la última frontera.

 

El gran desafío de las misiones desde Iberoamérica somos nosotros mismos.  Puestos, como estamos, a las puertas de una de las mejores épocas de la evangelización mundial; no permitamos que la práctica sustituya a la palabra, que la soberbia desplace al servicio.  No dejemos que la visión muera con nosotros por no haber sido sabios en formar nuestros Josués y Timoteos.  Es tiempo de acuñar una nueva misionología escrita con tinta de cochinilla, con pluma de caña y en papel de pulpa latina. Ahora, comienza nuestra época, la época del hemisferio sur, de ese cinturón de pobreza que ahora exhibe sus riquezas espirituales, de estos continentes débiles que muestran la fuerza del Espíritu y que viven... y mueren por llevar el evangelio hasta los últimos rincones de la tierra.

 


 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

1.       World Evangelical Reporter, Connected Churches in Action, May 2000

2.       Jenkins, philip, The Next Christendom, Oxford University Press, 2002

3.       Estado de la iglesia evangélica en Guatemala 2001, Reporte preliminar, SEPAL Guatemala

4.       Dr. Guillermo Taylor, Capacitación Misionera Transcultural, COMIBAM Internacional, ED Unilit, 1994

5.       Arturo Piedra, Evangelización protestante en América Latina, ED. CLAI, Tomo I (sin fecha)

6.       Huntington, Samuel P, The clash of Civilizations and the Remarking of the World Order (New York: Simon and Schuster, 1996), 65

7.       David D. Ruiz M. Artículo en  World Evangelical Alliance, Mission Comisión, Connections: The Journal of the WEA Missions Comisión

8.       Bertil Ekstrom, “El espíritu de COMIBAM” Documentos I Asamblea Internacional de COMIBAM, Perú Noviembre 2000

 


 

[1] World Evangelical Reporter, Connected Churches in Action, May 2000

[2] Jenkins, philip, The Next Christendom, Oxford University Press, 2002

[3] Estado de la iglesia evangélica en Guatemala 2001, Reporte preliminar, SEPAL Guatemala

[4] Ver: Dr. Guillermo Taylor, Capacitación Misionera Transcultural, COMIBAM Internacional, ED Unilit, 1994

[5] Limpic, Ted, COMIBAM

[6] Ver:  Arturo Piedra, Evangelización protestante en América Latina, ED. CLAI, (sin fecha)

[7] Huntington, Samuel P, The clash of Civilizations and the Remarking of the World Order (New York: Simon and Schuster, 1996), 65