CARACTERÍSTICAS Y FILOSOFÍA DE TRABAJO
DE UN MOVIMIENTO MISIONERO NACIONAL
Moisés Mejía
Director Regional Centro América
COMIBAM Internacional
Mis primeras experiencias con un movimiento misionero nacional (MMN) fue en 1980 en la ciudad de México cuando con mis compañeros de misión universitarios fuimos a evangelizar en la universidad autónoma de ese país (UNAM). En ese tiempo era obrero voluntario que tenía una visión y pasión por ganar a mis compañeros de estudio, mi nación y el mundo entero. Conocimos a un grupo de líderes de todo un país, integrados con una misma visión y con una proyección agresiva.
Luego, fundamos en El Salvador el Movimiento Universitario Cristiano en cooperación con la Cruzada Estudiantil (Campus Crusade) y la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (Intervarsity). El lema de la fundación fue “Venga tu reino a la Universidad” impulsándonos a la visión y acción de orar, planear y trabajar el “movimiento” como lo llamamos en un principio. El movimiento incluía evangelizar, discipular y enviar estudiantes que se convirtieran en misioneros en otros lugares y sectores de la sociedad y el mundo.
Después, siendo líder y pastor juvenil de mi iglesia local, Iglesia Nazaret MCA, en San Salvador durante 7 años (1978-1985) El pastor Luis Bush me propuso la idea de un movimiento misionero transcultural. Ahora, ya no era mi universidad, ni mi iglesia, sino también el país y el mundo entero para desafiar y alcanzar. Encuentros como Misión ‘84, COMIBAM ’87, COMIBAM ’97 y experiencias misioneras en Guatemala, España, Marruecos, India, Argentina y otros países proyectaron en mi mente y corazón ya no sólo un congreso, sino una consagración permanente y una cooperación con alcances de lo que los 25 países participantes en esta cumbre lo representan. Esto fue un aprendizaje de cambios de mentalidad para servir y dar de mi país, iglesia y denominación hacia una región, continente y diversidad de denominaciones y mentalidades.
Pero ante este desafío ¿qué es un Movimiento Misionero Nacional? Veamos lo que dice nuestra Guía para los Movimientos Misioneros Nacionales: “Un MMN se ocupa de la promoción de la visión misionera, el establecimiento de redes de trabajo y, en resumen, la creación de un ambiente de cooperación”.
Con esta experiencia y concepto quiero proponer tres características de un Movimiento Misionero Nacional:
1. Un espíritu de unidad (Juan 17:21-23, 1 Corintios 1:10, Eclesiastés 4:8-12)
La unidad ya creada por el Espíritu de Dios en su iglesia necesita ser demostrada concretamente. Cuando alzamos nuestros ojos al dueño de la mies y a la última cosecha de estos tiempos, tenemos la oportunidad de buscar esa unidad con los discípulos de Cristo. Juntos y en armonía podemos lograr más y mejores resultados. Cristo ora para que seamos guardados del mal, en santidad, en su nombre, pero el clímax es la unidad (Jn. 17:21-23). Así el mundo va a conocer y creer en Él. Somos responsables del impacto, del testimonio, de los frutos de la predicación del evangelio del reino entre los pueblos no alcanzados.
2. Un espíritu de servicio (Marcos 10:45 y Filipenses 2:1-11)
Servir a todos dentro de los parámetros bíblicos es una oportunidad de involucrarlos en el movimiento. Cada iglesia evangélica de nuestros países debe recibir, por lo menos, un beneficio de nuestra parte. Todos los recursos misioneros deben ser facilitados o promovidos por el MMN.
En El Salvador, por ejemplo, nuestra vivencia fue que después de una consulta nacional, el congreso continental se realizó en un ambiente de cooperación donde todos fueron invitados y convocados para ser parte de un comité nacional que después se ha convertido en una cooperación de servicio mutuo en las 3 redes definidas.
Esta cooperación la hemos denominado COMISAL (Cooperación Misionera Salvadoreña) cuya visión es: “Que la Iglesia evangélica salvadoreña se involucre como un solo cuerpo en el envío de misioneros para que participen en el establecimiento de iglesias en todas las etnias de la tierra” y la misión es: “Servir a la iglesia evangélica salvadoreña como promotores, facilitadores y unificadores en el cumplimiento de la visión misionera transcultural”. El objetivo de primer nivel es que “para noviembre de 2003, se haya involucrado a los movimientos misioneros salvadoreños en 3 redes de cooperación mediante alianzas estratégicas que permitan facilitar los proyectos misioneros de la iglesia evangélica salvadoreña”.
3. Un espíritu de humildad (Juan 3:27-30)
Al entender claramente nuestra identidad como siervos y las limitaciones que como seres humanos tenemos, podemos desempeñar el papel de agentes de unidad y no de división. Muchos han dicho que la verdad, la santidad, la unidad y la humildad van juntas. Nuestra actitud refleja lo que somos, lo que tenemos, lo que hemos de ser y cómo lo debemos hacer. Somos siervos, no dueños en el movimiento del Rey y su reino aquí y hasta lo último de la tierra. Tenemos un ministerio mesiánico, profético y apostólico. Mesiánico porque somos embajadores de Cristo; profético porque somos llamados a ser y hacer puentes y no muros en el cuerpo de Cristo y apostólico porque somos enviados como obreros.
Además, quiero sugerir 3 aspectos a considerar para justificar o establecer una filosofía de un Movimiento Misionero Nacional:
En Centroamérica, inclusive Belice, nos hemos integrado en COMCA (Cooperación Misionera de Centroamérica) con la misión de “servir a la iglesia evangélica de Centroamérica como motivadores y facilitadores en el cumplimiento de la visión misionera a los no alcanzados”. Tenemos obstáculos geográficos, económicos y denominacionales, pero ya hemos avanzado en un periodo de 2 años y esto nos ayuda a darle una continuidad al proceso.
Que el Señor Jesucristo dueño de la historia, de su iglesia, del mundo, de las naciones y sus discípulos nos haga más responsables de su misión y sobre todo, efectivos en amarnos unos a otros, soportarnos unos a otros... siendo uno para que el mundo crea y conozca que Él ha venido, que hay salvación sólo en Jesús.