CAMBIOS PARADIGMÁTICOS EN EL
LIDERAZGO GLOBAL DE LAS MISIONES
Lic. David D. Ruiz M.
El siglo XX representó para las misiones mundiales un siglo productivo desde la celebración del Concilio Misionero Mundial en Nueva York, en abril del año 1900. La pregunta: ¿qué hace falta para lograr la evangelización del mundo en esta generación? Pareciera que fue la nota predominante.
A partir de entonces comenzaron a surgir individuos que supieron llevar la carga de responder a las inquietudes que emergieron en aquel concilio misionero:
Quizá la figura más relevante sea la de John R. Mott, un joven que a las puertas de tener la decisión de definir su vida en una carrera de ciencias políticas escucha el fervoroso llamado a las misiones hecho por J. E. K. Studd, el cual encendió en su corazón un fervor misionero que lo llevó a la movilización de millares de estudiantes, tanto en Estados Unidos, como alrededor del mundo hacia las misiones mundiales. Que le puso al liderazgo de la histórica conferencia misionera de Edimburgo en el año de 1910, al no menos importante, Congreso de Panamá en el año de 1916 y a todos los esfuerzos necesarios que culminaron con la formación del Concilio Mundial de Iglesias en el año 1948. Ningún liderazgo ha sido tan impactante y tan reconocido como John R. Mott. En el año 1957 recibe en Suecia el Premio Nóbel de la Paz.
Permítanme explorar en la vida de líderes claves de este siglo pasado y en las grandes organizaciones para la unidad alrededor del mundo, la gestación del siglo de la evangelización global y del liderazgo mundial de las misiones.
WCC Concilio Mundial de Iglesias
John R. Mott, un joven que en camino a convertirse en un abogado, escucha un tremendo mensaje de K. Studd y se ve retado, junto con otros casi 100 jóvenes, a suscribir la “promesa de Princenton” que decía: “me propongo, si Dios quiere, convertirme en misionero”. Este es el toque que cambia la vida de Mott, iniciando su ministerio en ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes), inicia un proceso de movilización que lo llevaría a recorrer el mundo con el propósito de canalizar jóvenes a las misiones. Funda en EEUU el Student Volunteer Movement y, posteriormente, amplia esta experiencia a otros países a través de la fundación del World’s Students Christian Federation para promover el involucramiento de los jóvenes en las misiones mundiales. En uno de esos encuentros, la frase de “la evangelización del mundo en esta generación” fue acuñada y se convirtió en el motor de la vida de John R. Mott.
Conjuntamente con D. S. Moody, cuya vida y ministerio lo impactó tremendamente, y otros; trabajaron arduamente para la realización del Concilio Misionero Mundial en New York en Abril 1900. Durante este congreso, se buscó responder a la pregunta: ¿qué hace falta para que la iglesia alcance el mundo en esta generación? La respuesta de la evaluación fue, por demás, triste: “la iglesia no está interesada en que el mundo sea evangelizado” el problema de la iglesia se resumió en dos síntomas principales: “la mundanalidad y la falta de oración”. Como resultado de aquel encuentro se establecieron los siguientes principios:
Uno de los mayores logros de John R. Mott fue convocar la World Missionary Conference en Edimburgo 1910, un encuentro histórico que reunió a 1200 representantes de misiones cristianas alrededor del mundo para evaluar exactamente cómo debería de hacerse la misión cristiana, qué podrían aprender unos de otros, y cómo ellos podrían cooperar mejor. Mott fue el presidente del “Comité de Continuación”. Otras conferencias fueron convocadas por el comité tales como Jerusalén en 1928, Madras, India en 1938, en esta reunión, por primer vez, la participación del Tercer Mundo fue mayoría. John R. Mott junto con el comité jugó un papel muy crucial durante la Primera Guerra Mundial, en especial velando por los misioneros alemanes en los países enemigos como Inglaterra y propició la reconciliación de los alemanes en el congreso de Jerusalén 1928.
El celo de Mott y su llamado era a “evangelizar hasta el final para que el Rey regrese” lo que puso en evidencia que el mayor obstáculo para la consecución de los sueños de Edimburgo era la iglesia mundial dividida. Esto, naturalmente, llevó a trabajar para la fundación del Concilio Mundial de Iglesias en 1948.
Los evangélicos estaban divididos en su actitud hacia el Concilio Mundial de Iglesias. Algunos no querían tener nada que ver con el WCC, otros que respetaban su trabajo, pero temían de las tendencias liberales y tendencias sincretistas dentro de él y aquellos que estaban activamente involucrados en sus comités.
Alrededor del congreso de Edimburgo en 1910 se tejió todo un drama que afectaría significativamente la evangelización de América Latina y desde América latina. Había una fuerte influencia de las agencias misioneras norteamericanas para que América Latina fuera considerada un área no evangelizada, sin embargo, la iglesia anglicana en pleno se unió en contra de tal propuesta. La preocupación Anglicana radicaba en el cuidado que querían tener de sus relaciones con la iglesia católica y con la tradición oriental de la iglesia. Fueron muchas las cartas y cabildeos que llevaron finalmente a que las agencias americanas desistieran de su propuesta y que América Latina no fuera considerada un campo misionero, a excepción de las menciones que se hicieron del trabajo dentro de algunos grupos indígenas. A John Mott este asunto lo tomó casi de sorpresa; ocupado como estaba en los viajes y la promoción del congreso no pudo medir las implicaciones para ambas partes de esta decisión. Este evento, sin duda, marcó significativamente a Mott que lo llevó a unirse y participar activamente en la preparación, celebración y seguimiento del congreso de Panamá en 1916 que significa, para nosotros por una parte, el inicio de un esfuerzo concertado para la evangelización de América Latina, pero, por otro lado, el concepto de designar a estas tierras como parte de lo último de la tierra con las consabidas implicaciones en el ánimo de la iglesia latina de creer que no tiene responsabilidad de contribuir con la evangelización mundial.
J. Elwin Wright, un pastor de Nueva Inglaterra, EEUU, comienza en 1929 la Interdenominational New England Fellowship (INEF). El propósito primordial en aquel entonces fue el de defender el fundamentalismo de la amenaza que se cernía sobre él. La Alianza Evangélica Americana había quedado prácticamente extinta desde 1900.
Durante los tiempos de la guerra, esta organización comenzó a considerar la creación de un cuerpo que pudiera unir a los cuerpos nacionales evangélicos en los EEUU. Elwin Wright y los que participaban en la INEF eran fundamentalistas que creían en la asociación con los que ellos llamaban: “los evangélicos verdaderos”. Este hecho abrió la oportunidad para que la INEF comenzara a ampliar su cobertura y a tener membresía en la mayoría de los estados de la Unión Americana y se formara así la NAE en 1942.Ya en 1941, Carl McIntire había formado el American Council of Christian Churches, esto agudizó las diferencias. Por un lado, los que esperaban que ambas organizaciones se unieran y los que creían que esto sería una herejía. Debido a esto, y entendiendo que fundamentalismo era un término asociado con una visión separatista, el nuevo grupo dio en llamarse evangélicos o neo-evangélicos.
Hubo varias olas de esperanza, una de ellas fue la fundación de Fuller Theological Seminary con su original enfoque en el iglecrecimiento y en las misiones mundiales y el movimiento de avivamiento de la postguerra, con campañas de radio y presenciales y la fundación del Youth for Christ International en 1945, de donde Billy Graham emerge llegando a ser, probablemente, la cara más conocida de los evangélicos. Desde el principio, simpatizó y estuvo abierto a los evangélicos no-separatistas, lo cual le ganó algunas críticas.
El encuentro de la NAE se veía como una oportunidad para tener juntos a los evangélicos del mundo como había sucedido en 1846 y comenzó a recibir solicitudes de aplicación de gente de muchos países que mostraba una urgencia por unidad e identidad entre los evangélicos.
A partir de entonces, Elwin Wright visitó 26 países alrededor del mundo para evaluar el sentimiento y la respuesta fue un entusiasmo general que llevó a la conferencia en Woudschoten, Holanda en 1951, que marcó el inicio de la Alianza Evangélica Mundial. En su declaración de apertura, Elwin Wright y Paul Rees (entonces presidente de NAE) dijeron:
“Estamos convencidos que el mejor método de promover el interés en WEF deberá ser la preocupación espiritual por aquellos con los que nos relacionamos antes que lo que tenga que ver con la membresía”.
La WEF se ha distinguido como un cuerpo de unidad para las alianzas evangélicas en la mayor parte de los países. Su esfuerzo en defensa de la libertad religiosa ha sido uno de los resultados más relevantes. Su trabajo lo ha realizado a través de diversas comisiones de las cuales la comisión de teología y, particularmente, la comisión de misiones han sido las más persistentes en su trabajo de brindar servicio a la iglesia tanto en la reflexión, la conexión y la unidad.
El fin del siglo sorprende la WEF en medio de un vacío de liderazgo y un serio desafío para una reevaluación total de su enfoque y su método de trabajo. El nuevo liderazgo de la ahora llamada WEA (World Evangelical Alliance) está trabajando arduamente para definir esta entidad de una manera más pertinente a la realidad del mundo evangélico del siglo XXI.
La campaña de Billy Graham en Inglaterra 1953, promovida por la Alianza de Evangélicos de Inglaterra, que generó tanta crítica en Estados Unidos, dio la oportunidad a Billy Graham de ganar la admiración, aun de sus críticos, cuando puso de nuevo el evangelicalismo de regreso en el mapa de la generación inglesa de aquel tiempo. A partir de entonces, los evangélicos de Inglaterra se comenzaron a interesar por saber lo que estaba haciendo su contraparte en Norte América. Billy Graham continúo trabajando en la cooperación internacional desde 1960, esfuerzo que culminó con el Congreso Mundial en Berlín, en 1966. El congreso de Berlín fue seguido por conferencias regionales en Singapur (1969. Bogotá (1969), Mineapolis (1969 y Amsterdam (1971). Convencido por los resultados del congreso, Billy Graham escribe a los líderes de la iglesia alrededor del mundo preguntándoles: “¿Hay necesidad de otro congreso mundial de evangelización?” La respuesta afirmativa y entusiasta de la mayoría de los líderes abre la oportunidad de un nuevo congreso, sin embargo, el sentimiento que prevalece es de no repetir otro Berlin 1966, sino que este debería de ser un congreso enfocado a trabajar con asuntos y estrategias prácticas respondiendo a las preguntas de ¿qué? ¿Cómo? y ¿Por qué? de la evangelización mundial. El congreso se llamó “Primer Congreso Internacional para la Evangelización Mundial” (ICOWE) celebrado Lausana, Suiza en 1974. El obispo anglicano de Australia que fungió como el presidente ejecutivo del congreso mencionaría que la diferencia ente Berlín 1966 y Lausana radicaba que el primero había sido un congreso de evangelismo, pero en Lausana, la iglesia se unió en un congreso de evangelización. Él dijo: “Estamos aquí, un representativo grupo de líderes de la iglesia, buscando tener una mejor visión del mundo en que vivimos y de aquellos fuera del alcance del evangelio”. Emerge, entonces, como resultado de este congreso en 1974 lo que se ha dado en llamar el movimiento Lausana como otro cuerpo de conexión entre los evangélicos del mundo, aunque con una diferente función. Este cuerpo ha sido liderado por el comité de Lausana para la evangelización mundial (LCWE) Ya Lausana tuvo un efecto masivo entre el pensamiento evangélico, reflexionando acerca de la evangelización mundial. Lo interesante fue que se realiza en un momento en el cual algunas voces clamaban por una moratoria en la actividad misionera preguntándose si no era ya el tiempo para que los misioneros occidentales volvieran a casa. Lausana identificó miles de grupos humanos alrededor del mundo que aún no tenían testimonio cristiano lo que redefinió la tarea de la iglesia y su enfoque en los grupos no alcanzados.
Lausana también llega en un momento en el cual los evangélicos estaban enfrentando problemas con su responsabilidad con la acción social, tanto como con el evangelismo. El Pacto de Lausana, hace una afirmación clásica de este intento evangélico:
“Afirmamos que Dios es tanto el Creador como el Juez de todos los hombres. Por lo tanto, debemos compartir su preocupación por la justicia y la reconciliación en toda la sociedad humana, y por la liberación de todos los hombres de toda clase de opresión. La humanidad fue hecha a la imagen de Dios; consecuentemente, toda persona, sea cual sea su raza, religión, color, cultura, clase, sexo o edad tiene una dignidad intrínseca, en razón de la cual debe ser respetada y servida, no explotada. Expresamos además nuestro arrepentimiento, tanto por nuestra negligencia, como por haber concebido, a veces, la evangelización y la preocupación social como cosas que se excluyen mutuamente. Aunque la reconciliación con el hombre no es lo mismo que la reconciliación con Dios, ni el compromiso social es lo mismo que la evangelización, ni la liberación política es lo mismo que la salvación, no obstante afirmamos que la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano. Ambas son expresiones necesarias de nuestra doctrina de Dios y del hombre, de nuestro amor al prójimo y de nuestra obediencia a Jesucristo. El mensaje de la salvación implica también un mensaje de juicio a toda forma de alienación, opresión y discriminación, y no debe temer el denunciar el mal y la injusticia dondequiera que existan. Cuando la gente recibe a Cristo, nace de nuevo en Su Reino y debe manifestar a la vez que difundir Su justicia en medio de un mundo injusto. La salvación que decimos tener, debe transformarnos en la totalidad de nuestras responsabilidades, personales y sociales. La fe sin obras es muerta”.
LCWE ha convocado nuevos congresos con diferentes y significativos enfoques que han marcado la evangelización como la conocemos ahora:
En 1980 en Tailandia se celebra una consulta internacional sobre la evangelización mundial con la participación de 650 representantes de 87 países. Los siguientes encuentros imitaron este ejemplo:
Muchos otros comités han surgido como resultado de su labor.
En Julio de 1989, se realiza el segundo congreso Lausana en Manila, Filipinas, con el tema de “proclamar a Cristo hasta que Él venga” el propósito de este congreso fue tanto celebrar los que Dios había hecho en el mundo, como pensar, orar y planificar juntos como la iglesia podría ser más efectiva en llevar a cabo la tarea de proclamar y vivir el evangelio frente al mundo. Para algunos líderes, este congreso representó el momento de pérdida de relevancia de Lausana como movimiento de unidad hacia la evangelización.
Lausana, en un intento de recuperar la relevancia celebrará su Foro 2004 en Pataya, Tailandia. Lausana arribará a Tailandia en medio de una seria incertidumbre acerca de su relevancia, de la ausencia de un liderazgo de relevo y de una agenda clara de trabajo para el seguimiento de este foro.
Luis Bush, que fuera el primer presidente de COMIBAM y a quien le tocó la difícil tarea de llevar adelante el proyecto de COMIBAM 87, comienza a ver ampliada su visión hacia un esfuerzo global de evangelización que permitiera hacer un esfuerzo final para alcanzar a evangelizar la parte restante antes del fin de siglo XX. Tal como lo anunciara el comité organizador del congreso de Manila 1989: “La plenaria y el segmento de AD2000 llevan a la formación del movimiento AD2000 y más allá, el cual está promoviendo consultas nacionales y regionales para animar a la iglesia a hacer planes para la evangelización de su nación para el año 2000”. AD2000 el treceavo grupo de interés llevará adelante y dará seguimiento al trabajo de los demás segmentos en Lausana II en Manila. Bajo el liderazgo de Tomas Wang y Luis Bush, AD2000 comienza un activo involucramiento en la evangelización mundial alrededor del mundo. Muchos comités son formados, el concepto de redes es introducido y una nueva generación de líderes es catapultada a la dirección de este esfuerzo de evangelización mundial.
Una de las mayores contribuciones de AD2000 a la evangelización mundial es el concepto conocido como la “Ventana 10/40”. En su momento, esta presentación de la necesidad del mundo no evangelizado desarrollada por Luis Bush permitió a muchos tener un encuentro con la realidad de un mundo diferente del que conocían, para muchos de ellos la Ventana 10/40, los ayudó a ubicar geográficamente la necesidad del mundo.
El establecimiento de una fecha definitiva y perseguir esta meta, a veces en formas no muy aceptables, llevó a muchos misiólogos a señalar este movimiento como una nueva forma de acercamiento a la evangelización que ha sido llamada “Misionología Gerencial” y que ha dividido a la comunidad misionera en muchas partes del mundo y muchos foros.
El 31 de diciembre del año 2000, AD2000 como movimiento, deja de existir, pero deja como herencia una serie de redes establecidas y que se encuentran, muchas de ellas, en búsqueda de identidad y acercándose a las megas estructuras existentes como Lausana, WEA y GCR.
La inminencia del fin del siglo toma a la iglesia en medio de una situación de división; las grandes megaestructuras de la iglesia no tienen una estrategia o puentes de comunicación entre ellos. Entre WCC y WEA persiste la separación producida por su surgimiento en medio de un mundo bipolar que aún cuando dejó de existir como tal, su efecto en estas dos organizaciones persiste. Lausana se encuentra en medio de una falta de relevancia donde se ha reducido a publicaciones ocasionales y a un comité de administración liderado básicamente, por los norteamericanos.
Ante la experiencia positiva de los noruegos de unificar las 3 entidades en una en la península Nórdica, se convoca estas entidades a un tiempo de intercambio para ver este modelo y buscar solución a esta división dentro de la iglesia.
En Marzo de 1999, 90 hombres y mujeres, líderes de organizaciones misioneras y redes de muchos países del mundo evangélico se reunieron en Hurdal, Noruega. Seguido a un momento de arrepentimiento y reconciliación que ayudó a resolver malos entendidos y errores del pasado entre los líderes del Movimiento Lausana para la evangelización mundial; la Alianza Evangélica mundial y el movimiento AD2000. Los participantes acordaron que un nuevo foro mundial, una red de redes, debería ser formado para proveer un vehículo de cooperación entre ellos.
Un segundo encuentro en Copper Canyon, Texas avanzó hasta el establecimiento de un acuerdo en la tarea por delante. El nombre de esta nueva unión cooperativa para las misiones cristianas se llama “La Mesa Redonda de la Gran Comisión” (GCR) Esta es una alianza estratégica global única que está abierta a todos los segmentos del cuerpo de Cristo y facilita la colaboración entre las redes internacionales, regionales y funcionales, orientada a discipular a todos los pueblos en respuesta a la gran comisión de Jesucristo. En un proceso continuado de evaluación constante y revisión, GCR ha arribado a una definición de su existencia como una mesa redonda integrada, tanto por el WEA, LCWE así como otras redes significativas en la representación, tanto regional como funcional en el resto del mundo. Es este foro el que provee para las mega estructuras de la iglesia un espacio confiable para la discusión de aspectos significativos de la misión global que requieren la cooperación mutua, tanto como la resolución de conflictos entre estas y algunas iniciativas globales que surjan en el futuro.
Conclusión: Al examinar la historia de los grandes movimientos de unidad alrededor del mundo, concluimos que estamos entrando a una nueva etapa en la evangelización global en la cual, el acceso a la información, la globalización de la iglesia y los cambios políticos en la fisonomía del gobierno en el mundo ha puesto a prueba la organización de coordinación mundial existentes. Los siguientes hechos son relevantes:
§ Que los sueños de la evangelización a través de un enfoque gerencial no pudieron cumplirse porque la evangelización mundial no es un producto que pueda mercadearse o definirse como un asunto de tener el liderazgo apropiado, tanto existente como emergente o administrarse desde una aislada oficina en algún punto del globo con representantes nacionales en las demás latitudes como en el tiempo de la poderosa Compañía de las Indias orientales.
§ Que la nueva fisonomía del mundo cristiano hace inoperantes las estructuras creadas con una mentalidad occidental y basadas en el hemisferio norte, tanto como aquellas que surgieron como reacción a estructuras existentes, supuestamente liberales, socializantes y no democráticas.
§ Que los encuentros que presenten programas basados en una mentalidad occidental o con una ausencia de participación activa y balanceada del Tercer Mundo están condenados al fracaso en sus resultados y alcances.
§ Que existe una urgencia de unidad en la tarea de la evangelización, pero esta sin duda, vendrá como resultado de un avivamiento del celo evangelizador entre los no alcanzados en el seno de la iglesia en el Hemisferio Sur. Todos los esfuerzos tendientes a dar a la iglesia los elementos necesarios para su transformación y reforma para “ser lo que debe de ser”, sin duda tendrán un efecto significativamente positivo. Por otro lado, los esfuerzos de hacer prevalecer las organizaciones paraeclesiásticas sobre la iglesia está condenado a repetir los fracasos del pasado.
§ Que se potencializarán aquellos esfuerzos que propicien el encuentro de las redes y organizaciones existentes en África, Asia y América Latina con el propósito de unificar objetivos, pero sin un compromiso de afiliación a una megaestructura o sometimiento al pensamiento occidental.
§ Que ya no será posible vender congresos mundiales y estructuras aglutinantes que tengan una etiqueta de demanda, compromisos anticipados o futuros o con intenciones veladas de formar nuevas estructuras, redes u otro tipo de organizaciones.
§ Que todos los esfuerzos personales o individualistas para liderar procesos de evangelización global, han pasado a la historia y ahora, la demanda de esfuerzos coordinados desde la base, que se desarrollen de las estructuras existentes hacia una visión general, marcará el paso de la evangelización global.
Este es el ambiente que recibe a la II Asamblea Internacional de COMIBAM, este es el marco de referencia que pone a los representantes regionales de la fuerza misionera iberoamericana a evaluar su realidad y a planificar el futuro. Es a nosotros a los que nos cabe en el desarrollo de la nueva evangelicalidad mundial dejar este encuentro como un ejemplo, tanto de los aportes que la iglesia iberoamericana está dispuesta a dar para terminar la tarea, así como nuevas y creativas estrategias de unidad, unificación y trabajo. Hoy se nos llama a ser una voz profética para despertar a la iglesia occidental ocupada en la política interna, la contemporización con el mundo y la falta de eficiencia de su llamado primordial y en la búsqueda de ser inclusiva sin un sentido de obediencia bíblica.
Hoy se nos invita a ser una voz de llamado a la unidad de una iglesia que crece en nuestras latitudes, pero que a la vez piensa tanto en sí misma, en su promoción continental, en acuñar nuevas tendencias, como lo poco que se interesa en alcanzar a aquellos que no tienen oportunidad de oír el mensaje del evangelio.
Hoy se nos llama a no perder el sentido en una esquizofrenia de envío sin considerar la existencia de iglesias emergentes en los campos de misión, iglesias que se entristecen, igual que como nos sucedió a nosotros, al ver misioneros extranjeros venir a probar teorías misioneras en sus países o a exportar sus divisiones y herejías y a contratar por dinero a los nuevos convertidos, confundiendo así el significado del verdadero discipulado.
Por todos esto, la II Asamblea Internacional de COMIBAM ya es un hecho histórico. Depende de cada uno de nosotros el que, en medio de este tiempo juntos, sepamos buscar la dirección de Dios antes que la promoción de nuestras organizaciones. Trabajar por la unidad en la misión sin interponer compromisos nacionales o sectoriales. Que sepamos ser inclusivos sin que esto signifique dar la bienvenida a movimientos basados en la autosatisfacción en contra de la obediencia a la Palabra.
Dependerá de nosotros evitar caer en la trampa de llegar a ser un movimiento rector de las misiones en nuestros países y, en su lugar, ser un esfuerzo cooperativo que invite a la conexión y al intercambio de esfuerzos aun cuando nuestro nombre desaparezca paulatinamente sacrificado en el altar de la unidad, la cooperación y el compromiso misionero.
El tiempo de las megaestructuras ha pasado tanto como el de los grandes encuentros. Ahora, se anuncia la llegada de la época de servicio a la iglesia y no de servirnos de ella, ni siquiera a favor de la evangelización de los no alcanzados
Que su espíritu que ha salido ya delante de nosotros, nos guíe y nos del valor para terminar con gozo la tarea que tenemos por delante.