Factores estresantes que la pareja misionera experimenta

Por Carlos Pinto

El hecho de vivir en un país que no es el suyo, donde se habla otro idioma y se tiene una serie de normas de vida diferentes a las suyas, es lo que provoca el mayor nivel de estrés en la pareja misionera.  Sin embargo, la historia de la misión transcultural ha demostrado que la continua dependencia en Dios, el tener claro el llamado, y cultivar la relación intima con Él permiten enfrentar altos niveles de estrés en forma saludable. Tener una o varias iglesias que los respaldan en oración, que les demuestren afecto y sean fieles con el envío de ofrendas necesarias para vivir una vida digna, también contribuye a disminuir los niveles de estrés.

Diferencias de Género

El varón, experimenta mayores niveles de estrés porque en su país de origen ha sido la cabeza del hogar y el proveedor financiero de la familia.  En el país de servicio misionero se siente inútil e inseguro de poder responder a las urgentes y nuevas demandas económicas.

Además, muchas veces, el varón llega al campo misionero con expectativas no realistas y al enfrentar la realidad le surge miedo de fallar o no poder cumplir con la tarea encomendada.  Todo lo mencionado provoca un sentimiento de haber perdido el control, lo cual refuerza el sentimiento de no sentirse tan hombre o tan en control en su relación de pareja.

Es recomendable buscar un colega con quien compartir los sentimientos que surgen, evitar aislarse y tratar de identificar alguien con quién realizar una evaluación objetiva y realista del estrés que sienten.  Establece una agenda de trabajo y sométela a Dios en oración y meditación continua para realizar un proceso de adaptación saludable.

La mujer generalmente, aumenta su nivel de estrés al percibir que su pareja se ausenta del hogar y no guarda el balance entre la vida familiar y ministerial.  El tener que ejercer un rol de mujer y de pareja diferente al acostumbrado en su país de origen, también es causa de conflictos.  Por ejemplo, en ciertos países la mujer no podrá sentarse al lado de su esposo en lugares públicos.

En las últimas décadas las mujeres latinoamericanas han adquirido mayor independencia económica y de género.  Su autoestima se ha incrementado y su autovaloración les ha dado mayor seguridad.  Sin embargo, en el campo misionero algunas veces encuentran que el espacio de crecimiento se reduce porque se le da más oportunidad a su esposo, por ser varón.  En otros casos sucede lo inverso; en el país de origen ella vivió centrada en lo doméstico, y en el país de servicio misionero se le asignan funciones en espacios de liderazgo.

Conclusión

En resumen los roles maritales se enfrentan a un proceso de revisión y cambio al iniciar una vida de pareja misionera en espacios transculturales.  Esta es una tarea continua.  Deben evitar posiciones rígidas o persistir en convivir como lo hacían en su país de origen.

Es vital aferrarse a Dios y al mandato misionero, pero con cierto grado de flexibilidad.  Mantengan una relación íntima con Dios y una vida de oración disciplinada, reconociendo que es Él quien está más interesado en su éxito.

El Dr. Carlos Pinto es psicólogo clínico y de familia. Correo: carlospintopi@gmail.com

Cuidado Integral del Misionero – COMIBAM Internacional

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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