Evangelismo: Perspectiva de un Viajero

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Por Sadiri Joy Tira

Hace más de dos décadas, mi amigo, Raúl, y yo viajamos a Nueva Delhi, India, sólo por un día. De hecho, no teníamos negocios en la India, pero pasar por la India era la ruta más barata a la Península Arábiga. Una vez que nos instalamos en nuestro hotel, contratamos un taxi para llegar al Taj Mahal, una de las siete maravillas del mundo. La tarifa era de $ 25 por pasajero. Pasaríamos diez horas en compañía de Divakaran,* nuestro taxista.

Es cierto, que estaba preocupado de que Divakaran nos estafara en el camino al Taj Mahal. Quizás no confiaba en él porque el gerente del hotel nos advirtió que fuéramos muy cautelosos con los taxistas sin escrúpulos. Reiteré a Divakaran que debía llevarnos al Taj Mahal y no a otro lugar en la India. Después de confirmar nuestro destino de viaje y el pago total de $ 50, Divakaran expresó ¡enojo! Se dio la vuelta, me miró y reprendió severamente. “Mira, si no confías en mí, sal de mi coche y camina.” Me negué a salir, así que no tuve más remedio que confiar en él.

Finalmente llegamos a una de las obras de arquitectura más bellas del mundo, el Taj Mahal. Esta hermosa tumba fue encargada por el emperador mogol, Shah Jahan (reinó del 1628 al 1658) en 1632, para su fallecida esposa, Mumtaz Mahal. ¡Qué maravilla presenciar este espectáculo increíble!

Agradecemos a Divakaran profundamente, mientras regresábamos a Nueva Delhi. Después de ver el Taj Mahal, me sentí obligado a contarle sobre el cielo, descrito como el más bello lugar en el universo. Como estábamos atrapados en el vehículo, no tenía más remedio que escuchar mis historias y descripciones bíblicas de mi destino celestial. Durante las casi cinco horas de nuestro viaje de regreso, hablamos del cielo como un lugar no sólo para ver, sino un lugar para residir permanentemente por toda la eternidad. Le dije, sin embargo, que a diferencia del Taj Mahal, el cielo no es una tumba, sino un lugar lleno de vida.

Después de lo que pareció una eternidad, ya al atardecer, llegamos a nuestro hotel sin incidentes. Le pagamos los $ 50, y le dimos otros $ 50, haciendo un total de $ 100. Él quedó muy feliz. Antes de separarnos, le dije que esperara, mientras corría rápidamente a mi habitación. Volví con mi Biblia de predicación y la entregué como un regalo a nuestro nuevo amigo. Nos sorprendimos al ver que allí mismo él decidió seguir a Jesús. Le animé a leer todo el libro de Juan, y él prometió que lo haría.

Tan pronto como llegué a casa en Canadá, envié a Divakaran una copia de la película Jesús, basada en el Evangelio de Lucas. Meses después, Divakaran me escribió diciendo “gracias” por la película, incluyendo con su carta con una foto de muchos de sus vecinos que veían y escuchan a Jesús hablando en el idioma hindi.

Muchos años más tarde, el 13 de mayo de 2017, volví a la India para hablar en la ceremonia de graduación número 43 de la Universidad Bíblica Oriental en Dimapur, Nagaland, sobre el tema del evangelismo y el testimonio. Allí en Dimapur, más de 300 estudiantes graduados, miembros de la facultad, líderes de la iglesia e invitados, y miles más en todo Nagaland, asistiendo el evento en pantallas de televisión, escucharon esto:

No compliquemos el evangelismo. Se trata simplemente de invitar, animar, e inspirar a muchos viajeros a viajar con nosotros a la Ciudad de Dios. La Ciudad de Dios es la más bella, majestuosa, maravillosa, y pacífica. Se gobierna por la perfecta rectitud y la justicia. Los seres humanos son todos los viajeros que van del Jardín del Edén (un lugar hermoso, pero corrupto) a su destino eterno, el cielo (o el infierno). Si los cristianos estamos convencidos de que el cielo es el lugar para vivir por la eternidad, entonces hagamos todo lo posible para animar a otros a alcanzar el Cielo.

De regreso a Divakaran, quien nos llevó al Taj Mahal. Debo confesar que al inicio tuve dudas sobre nuestro conductor, pero cuando confié en él, llegamos y disfrutamos del mundialmente famoso Taj Mahal.

Al compartir el Evangelio, a menudo utilizamos un lenguaje que nadie fuera de nuestras propias comunidades entiende. Nuestras historias son tan complicadas que salen como secas y aburridas para la gente. Hagamos el evangelismo en forma sencilla. Hablemos más sobre el Cielo y confiemos en el Espíritu Santo, que es el guía y el conductor definitivo del camino que conduce a la ciudad de Dios.

* Divakaran es un seudónimo.

Sadiri Joy Tira es asociado principal de ministerio para la diáspora en Lausana y especialista en misionología de la diáspora del Centro Jaffray de Iniciativas Globales de la Universidad y Seminario Ambrose (Calgary, AB, Canadá).

Fuente: Gospel Life http://www.gospel-life.net/

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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