El Escenario Indígena Brasileño y la Actuación Misionera Evangélica

Por Ronaldo Lidório

Vivimos en un país donde hay oficialmente 257 etnias indígenas que representan una población aproximada de 700.000 personas. Según el investigador Paulo Bottrel sólo 4 etnias (Katuena, Mawayana, Wai-Wai y Xereo) poseen la Biblia completa en sus idiomas, 34 dispone del Nuevo Testamento y otras 59 cuentan con porciones bíblicas. A pesar de las 25 Agencias Misioneras que esforzadamente actúan entre los indios en nuestro país, aún contamos con un vasto campo que necesita del evangelio: 103 grupos permanecen sin presencia misionera y 180 no poseen una iglesia local entre ellos.

Es cierto que el desafío va mucho más allá de las estadísticas y de las palabras, pues está compuesto por caras, vidas, historias y culturas milenarias que han sufrido a lo largo de los siglos, la acción devastadora de los conquistadores, la fuerte imposición socio-económica, etnofagias* y pérdidas culturales irreversibles.

En medio de todo este cuadro hay una gran necesidad de hombres y mujeres que se dispongan a transmitir de evangelio, valorizando al hombre y su cultura dentro de una esfera de comprensión lingüística y aplicabilidad social, lo que implica el superarse de varias barreras. Una de ellas es el estudio, registro, preservación, uso y valorización de las lenguas maternas.

El Llamamiento de las Minorías

En el contexto sudamericano nuestro país posee la mayor densidad lingüística y diversidad genética y, paradójicamente, una de las menores concentraciones demográficas por lengua hablada. Las 185 lenguas indígenas se distribuyen en 41 familias, dos troncos lingüisticos y una variedad desconocida de lenguas aisladas. En medio de esta gigantesca diversidad, sólo 3 etnias (Tikuna, Kaingang y Kaiwá) poseen más de 20.000 personas y el promedio de hablantes por lengua es de 196 personas. 53 etnias tienen menos de 100 individuos y hay aquellos con menos de 10 representantes como los Akunsu, con 7 personas, los Arua con 6 y los Juma también con 7 individuos. Cuando pensamos en grupos indígenas nos enfrentamos con la realidad de pueblos minoritarios.

En los años 80 investigadores del Museo Goeldi encontraron los dos últimos hablantes del Puruborá. En 1995 se identificó un grupo asustadizo como siendo hablante del hasta entonces desconocido Canoê y Pierre Grenand reconoce la existencia de 52 grupos aún sin contacto con el mundo exterior cuyas lenguas no se estudiaron, prácticamente todas minoritarias.

El Brasil evangélico no indígena, a su vez, experimenta desde los años 80 un rápido crecimiento tanto en número de templos como de convertidos, motivo de alabanza a Dios. Esto por otro lado nos ha llevado a desarrollar una misiología más pragmática, que cultiva los resultados más que valorar la Escritura y la obediencia a la Palabra. Así, tanto la expectativa misionera por parte del cuerpo evangélico nacional como la práctica en la plantación de iglesias valora lo cuantitativo. Y esto no será encontrado en el universo indígena, pues la conversión de toda una tribu puede representar, en algunos casos, sólo una docena de personas. Necesitamos ser recordados del deseo de Jesús: llegar a ser conocido entre todos los pueblos, tribus lenguas y naciones de la tierra, y esto nunca ocurrirá mientras no evangelizamos a los grupos minoritarios. Necesitamos una Iglesia apasionada por Jesús y dispuesta a dedicar tiempo y recursos en la preparación de sus obreros para hacer el evangelio de Cristo conocido entre todos los pueblos, también los minoritarios. Es necesario encarnar el concepto bíblico sobre el valor de un alma. Vale más que el mundo entero.

El Llamamiento de la Subsistencia Lingüística

Michael Kraus afirma que el 27% de las lenguas sudamericanas ya no son aprendidas por los niños. Significa que un número cada vez mayor de niños indígenas pierde su poder de comunicación cada día. Esto tiene raíces diferentes que van desde la imposición socioeconómica sobre las tribus vecinas de los pueblos y ciudades a la falta de una propuesta educativa en la lengua materna, haciendo que se migren a la lengua indígena predominante, al portugués u otro idioma en la región.

Rodrigues estima que en la época de la conquista se hablaban 1273 lenguas, es decir, perdimos el 85% de nuestra diversidad lingüística en 500 años. Luciana Storto delata una crisis sociolingüística en el estado de Rondônia donde el 65% de las lenguas están seriamente en peligro por no ser usadas por los niños y por tener un número pequeño de hablantes.

Necesitamos percibir que la pérdida lingüística está asociada a pérdidas culturales irreparables como la transmisión del conocimiento, formas artísticas, tradiciones orales, perspectivas ontológicas y cosmológicas. Se pierde también el puente de comunicación para un pleno entendimiento del evangelio. En proceso de pérdida de la lingüística y la migración a portugués, grupos indígenas suelen someterse a un proceso de adaptación cuando tienen más fluidez en la antigua lengua materna y también no han aprendido lo suficiente de la nueva lengua, para la comunicación más profunda. Este es un momento de peligro y pérdidas, cuando la identidad indígena es auto-cuestionada, sus valores sustituidos y, sobre todo, su poder de comunicación disminuido. La presencia misionera catalogando, analizando y registrando la lengua indígena, la valora ante su propio pueblo y abre el camino para su preservación. El evangelio, así, no sólo responde a los cuestionamientos del alma, sino que contribuye a la supervivencia cultural.

El Llamamiento de la Traducción Bíblica

“Si Dios nos ama, ¿por qué no habla nuestra lengua?” Estas palabras impactaron la mente de William Cameron Towsend cuando trabajaba con el pueblo Cakchiquel de Guatemala, desde 1919. Después de ser despertado a la necesidad de comunicar el evangelio en la lengua materna de cada pueblo, él se dispuso a fundar la SIL (Sociedad Internacional de Lingüística), que actúa perseverantemente en la traducción de las Escrituras. Pero esta no es sólo una preocupación moderna. Martín Lutero, reformador protestante, percibió rápidamente la incapacidad de la Iglesia de conocer a Dios sin conocer la Palabra y, así, lanzó en 1534 la primera edición de la Biblia por él traducida, y en la lengua alemana.

La fuerza misionera ha sido a lo largo de las décadas un divisor de aguas en la subsistencia de las lenguas indígenas brasileñas. bajo el esfuerzo de la SIL, Misión Nuevas Tribus de Brasil, ALEM y JOCUM, además de otras agencias que esforzadamente se empeñan en esta tarea. A pesar de que el contingente misionero es formado en gran parte por los brasileños, debemos reconocer que los resultados históricamente obtenidos en esta área provienen del esfuerzo de muchos preciosos lenguajes extranjeros que han trabajado y trabajado en el análisis y la escritura lingüística, y la traducción de la palabra a varios idiomas, como es el caso del misionero Robert Hawkins, que dedicó 54 años de su vida traduciendo la Biblia completa a la lengua Wai-Wai. Alabado sea Dios.

El presente llamamiento es por más obreros (extranjeros, brasileños e indígenas), que tengan deseo de esmerarse en el estudio lingüístico y prepararse de la mejor manera posible para transmitir el evangelio a estos 180 grupos donde aún no hay una iglesia genuinamente indígena.

Conclusión

Hace algunos años, cuando estábamos integralmente involucrados con la evangelización de los Konkombas, en Ghana, África, participé en una conferencia en Chicago donde se reunían misioneros de buena parte del mundo. Muchos temas eran estudiados pero sobre todo había oportunidad para desafíos misioneros en las noches. En mi sesión, hablando de pueblos aún no alcanzados, intenté confrontar al auditorio con un silogismo bíblico de responsabilidad en la comunicación del evangelio diciendo: ‘… en Ghana, la Iglesia fuertemente expresiva en el sur del país, todavía no se ha despertado para las casi 100 tribus no alcanzadas al norte, entre ellas los Konkombas-Bimonkpeln con los que trabajamos. Lamentablemente todavía es necesario el envío de misioneros extranjeros al alcance de las tribus al norte porque la Iglesia duerme.

En la charla siguiente, un norteamericano habló sobre el desarrollo de iglesias autóctonas. Él inició su sermón más o menos de la siguiente manera: “Fui misionero por más de 20 años en la Amazonia brasileña, entre indígenas aún no alcanzados, pues a pesar de la existencia de millones de evangélicos en aquel país, no había misioneros suficientes. Esto es porque la Iglesia duerme.

A pesar de la vergüenza reconocí, desgraciadamente, que sus palabras no estaban tan lejos de la verdad. Es necesario cambiar.

*Proceso mediante el cual la cultura de dominación busca engullir o devorar a las múltiples culturas populares.

Ronaldo Lidório es graduado en Teología por el Seminario Presbiteriano del Norte (SPN) en Recife-PE, con Doctorado en Estudios Interculturales y Antropología por la Royal London University.

Es pastor presbiteriano y miembro de APMT y AMEM. Actuó como plantador de iglesias en Ghana, África, durante nueve años y en el presente lidera un equipo misionero entre diversas etnias indígenas en la Amazonia brasileña. Consultor de la World Evangelical Alliance y otras organizaciones en proyectos de evangelización y plantación de iglesias en áreas residentes.

Fuente: www.ronaldo.lidorio.com.br

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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