Comunicación en la pareja misionera en momentos de cambios

Por Dr. Carlos Pinto

Introducción 

La vida misionera es una aventura de fe y como tal implica vivir momentos de alegría como momentos de tristeza, momentos de estabilidad y momentos de inestabilidad, momentos de ganancias y también pérdidas. Lo cierto es que siempre hay cambios en la vida ministerial y esto significa que se cierran capítulos y se abren nuevos con sus respectivas alegrías, duelos y dolores.
La pareja misionera está llamada a celebrar juntos los tiempos de victoria como también los de prueba. Sin embargo no siempre sucede así y algunas veces quien sufre un cambio inesperado en su rol en el ministerio o quien es criticado por su mal desempeño en el proceso de plantar una iglesia o quien se desilusiona por una actitud inesperada de quien estaba siendo discipulado, no reconoce que está enfrentando una serie de pérdidas, no comparte sus sentimientos de dolor con su pareja, provocando un daño en la relación conyugal.
La práctica clínica nos muestra que una pérdida psicológica es muchas veces minimizada y hasta no reconocida como tal. Sin embargo, una pérdida material o la muerte de un ser querido si se la admite y se la acompaña con un proceso de duelo. La recomendación es el considerar los cambios inesperados como una perdida psicológica que requiere ser resuelta con su respectivo duelo porque el no hacerlo provoca secuelas negativas en la persona y en la relación de la pareja.

Cambios, Duelos, Recuperación

Según Freud cuando una persona no se da la oportunidad de vivir su pena y el luto correspondiente a una pérdida provoca un estado de melancolía o lo conocido como un dolor no resuelto. En la vida misionera la pareja puede experimentar una serie de situaciones o cambios que causan dolor. Entre las más comunes se encuentran cuando: la iglesia deja de apoyar financieramente, el director de campo decide cerrar un ministerio donde el misionero está involucrado, la discrepancia de opinión entre la misionera y el líder de la iglesia nacional que fue plantada recientemente y que termina en una división, un desacuerdo con un colega en el equipo y que termina en una relación rota y hasta finalizada.
Los casos mencionados provocan dolor psicológico y el no compartirlos con su pareja para no preocuparla o preocuparlo puede hacer más daño que ayuda. Es en el contexto de la pareja y de ser “una sola carne” que permite el compartir un dolor a su pareja para que ambos vivan juntos el duelo de lo perdido y se reorienten hacia un proceso de sanación y hacia una nueva etapa en su vida misionera. La pareja es el regalo de Dios con quien se debe compartir para recibir una respuesta empática y juntos asimilar la pérdida de lo contrario la persona más afectada directamente al no reconocer su pérdida la reprime o en otros casos peor aún proyecta su enojo y depresión a su pareja.

Caso

Por ejemplo, la misión decide cerrar el ministerio de servicio a refugiados por falta de fondos y por problemas en la administración, esta decisión es comunicada al misionero encargado lo cual le provoca un fuerte enojo y pena pero no le deja notar a su esposa ningún sentimiento de dolor ni de frustración. Ella a su vez, decide no expresarle su pena a él para no hacerlo sentir mal o para no provocarle un estado depresivo. De esta manera ambos siendo pareja viven este proceso en forma individual reaccionando internamente con:

1- Sentimientos internos de desilusión, enojo y pena.

2- Aferrándose a la esperanza que el cambio y la situación mejorará de una manera u otra.

3- Apatía emocional hacia su pareja o hasta ocurrir un distanciamiento uno del otro.

4- Culpar a su pareja por el mal momento en el que se encuentran.

5- Esperanza que poco a poco se encontrará un sentido a lo que están viviendo.

Todas estas etapas que van desde la desesperación hasta la esperanza pueden vivirse en forma menos intensa y disruptiva en la relación de pareja si desde al inicio la pena es compartida y vivida en unión y en una actitud empática del uno para con el otro. El vivir en pareja bajo el diseño de Dios implica que los momentos de dificultad como los momentos de solución sean vividos como pareja y no en el aislamiento porque al final provoca mayor estrés en la relación conyugal. Los conceptos tradicionales que indican que el varón debe ser el más fuerte y no preocupar a la esposa con problemas laborales o que la mujer no debe de llevarle más cargas o problemas al esposo corresponden a esquemas machistas que ya son arcaicos en esta etapa postmoderna.

Recomendación

1- Aceptar que en la vida en general, y en la vida misionera siempre, se dan cambios y estos provocan dolores, pero también una oportunidad de crecimiento paralelamente.
2- Dios no nos dará una prueba mayor de la que podamos enfrentar, la pregunta a hacerse es no por qué sino para que Él está permitiendo que este momento se viva.
3- Cada persona en la pareja requiere ser responsable y reconocer como está reaccionando al cambio y evitar culpar a su cónyuge.
4- Rescatar y usar la relación conyugal como un espacio donde se comparta los sentimientos de pena sentidos y se elabore el duelo correspondiente afirmando en forma común la esperanza que siempre existe en cada situación de cambio y dolor.
5- Cada uno en la pareja debe aceptar y recibir el dolor del otro u otra de tal manera que la pena sea llevada entre ambos evitando la crítica, burla, o el culpar.

La relación de pareja se vive en un estilo de interdependencia, en este sentido reconozca que los cambios en uno provoca un efecto en el otro por lo tanto el sufrimiento que uno en la pareja experimente por un cambio inesperado debe ser compartido para lograr una sanidad y mejorar la capacidad resiliente como pareja.

El Dr. Carlos Pinto es Psicólogo clínico y de familia, y Coordinador en la Región Andina de Cuidado Integral del Misionero, COMIBAM INTL.

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional

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