Competición Misionera

competencia

Por Paulo Feniman

Cada uno de nosotros recibe de Dios un llamado específico. Dios más que nadie conoce nuestras fortalezas y debilidades y opera en nosotros de acuerdo con su poder. Muchos de nosotros como misioneros, salimos al campo con nuestros corazones deseosos en regalar lo mejor de nosotros para que el nombre de Jesús sea conocido y glorificado.

Cuando llegamos a nuestros campos de actuación, sea en base de una misión o un campo lejano en medio de la sabana africana, somos tentados a creer que nuestra formación, nuestros proyectos, nuestra manera de hacer misión es la mejor, más productivo que de otros hermanos que igualmente fueron llevados por Dios para servir.

Cargamos en nosotros un sentimiento “triunfalismo misionero” donde nuestro egocentrismo habla alto y tendemos a desconsiderar todo el trabajo arduo de misioneros que nos precedieron. No se trata de una visión cerrada a lo nuevo, sino de un espíritu de competición que sólo trae mal al trabajo misionero. “Mi idea es mejor”, “mi proyecto es más pertinente”, “ustedes necesitan ver lo que es ser un misionero de verdad”, “yo sí sé cómo alcanzar, predicar, ministrar, etcétera”.

Al mirar el relato de Marcos 10:35 vemos que infelizmente la competición misionera estaba presente hasta entre aquellos mismos que convivieron con Jesús.

La verdad es que Dios nos hizo únicos, y Su llamado es personal. Es en la diversidad de ministerios que Dios encuentra un espacio para actuar. Es a través de pequeñas acciones que los grandes proyectos pueden avanzar. ¿Qué sería de una oficina si no hubiera una persona capacitada y tan comprometida en limpiar y organizar el ambiente de trabajo? ¿Por qué insistimos en creer que lo que nos define ministerialmente es la posición que ejercemos? Dios usa diferentes maneras, equipos y personas para cumplir Su propósito de salvación.

En vez de competir con otros, debemos buscar la unidad descrita en la oración de Jesús en Juan 17:20 por sus discípulos: “No ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste”.

Paulo Feniman, es Director Ejecutivo de AIM South América.

 

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Martha Claros

Directora del Área de Comunicación - COMIBAM Internacional
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