Los Candidatos
El movimiento misionero latino crece a gran velocidad, y uno de los “termómetros” es el incremento de solicitudes que llegan a nuestras agencias misioneras. ¿Debemos enviar a todos? ¿Con qué criterios debemos seleccionar?
La contribución que nuestros países están haciendo a la evangelización del mundo es aun incipiente, pero va creciendo, y tiene un gran potencial para el futuro. Por eso debemos trabajar bien en la selección de aquellos que enviaremos al campo.
En estos años ha sido evidente que entre las necesidades de estructuras para facilitar la obra, lo que ayude a una buena selección tiene importancia clave. El movimiento misionero latino cuenta ahora con buenos elementos de juicio para trabajar en los procesos de selección de los candidatos.
Esas experiencias han demostrado el alto porcentaje de desgaste que existe entre los misioneros, de manera que la pregunta es: ¿cuán importante es el proceso de selección para prevenir los fracasos en el campo misionero? Sabemos que un ministerio efectivo lleva años de adaptación, antes de comenzar a serlo, por lo que nuestro énfasis en la selección y capacitación contribuirá a mantener a los misioneros en sus ministerios el mayor tiempo que sea posible, además de buscar que sean aptos y efectivos en la misión.
¿Quiénes Son los Candidatos?
Aún nos resulta un poco difícil identificar las características comunes de los candidatos. Los proyectos son diferentes entre sí; no es lo mismo una persona que debe ir a los matís, en el Amazonas, como la que debe trabajar en Tailandia. Por otro lado, los años que llevamos son pocos para tener parámetros históricos firmes que surjan de nuestras propias culturas. Aun así, ya podemos encontrar algunos elementos que nos ayuden.
Como en el mundo entero, la mayoría de las personas que tienen interés en las misiones transculturales son jóvenes. También existen casos de parejas de mediana edad, quienes después de un largo servicio en una iglesia local desean experimentar en el campo de las misiones.
La variedad de antecedentes entre candidatos es sorprendente--de personas bien educadas a casi iletrados; de iglesias tradicionales a nuevas comunidades carismáticas independientes; de todos los niveles sociales y condiciones. Cada candidato tiene su propia historia y sus necesidades particulares. El trasfondo en sí no debe ser decisivo para la selección; los buenos misioneros provienen de todas las situaciones. La pregunta que nos debemos hacer es si hay fundamento para creer que esa persona tiene un verdadera llamado de Dios para las misiones, y si el candidato coincide con la tarea que desea realizar.
Desde el punto de vista de América Latina, la iglesia local juega un papel importante en el proceso de selección y envío. Creemos que lo ideal a largo plazo es la existencia de un comité de misiones en la congregación, el cual, obviamente, también necesita ser capacitado para saber juzgar los casos, para lo cual no sólo evaluará la persona y su carácter, sino también su desempeño en diferentes labores en la iglesia, así como en su desarrollo en las experiencias misioneras a corto plazo. Este comité también podrá velar por la capacitación y pastoreo posterior del candidato, cuando asista a centros de capacitación más especializados. No hay programa, dinero, o estructura que pueda sustituir la iglesia.
En contraste con nuestros casos latinos, en las naciones que ya tienen experiencia en el envío de misioneros es común que los candidatos provengan de un seminario o universidad. Han estado mucho tiempo lejos de su ciudad y han sido miembros en diferentes iglesias durante el tiempo en que han estudiado, perdiendo la relación cercana con la congregación que los viera crecer. Sin embargo, en lo ideal, la iglesia local funciona como un cuerpo viviente en el cual cada miembro es conocido y tiene un seguimiento. La buena disciplina allí es necesaria para dar a los candidatos a misioneros la orientación y sostenimiento que ellos deben tener, y a la vez brinda la oportunidad a la iglesia de crecer en la responsabilidad, al tener en su seno a un candidato en proceso.
Si no se lograra este ideal, eso no constituye una excusa para dejar a la iglesia local o al candidato fuera. Si no es esta persona, y ellos pueden compartir las ideas y pareceres que la agencia misionera o el comité de misiones debe conocer.
A la par de su responsabilidad para la selección, la iglesia puede dar a los candidatos una excelente plataforma para practicar sus dones y habilidades, junto con el entrenamiento básico que necesitarán para sus futuras actividades. La iglesia puede presentar los candidatos a los demás miembros como futuros misioneros. Después, los individuos pueden observar el crecimiento de los candidatos y ser parte de su ministerio de apoyo desde e1 inicio. Esto hará una notable diferencia en el sostenimiento económico y en el apoyo que el misionero recibirá a través de la intercesión cuando se encuentren en el campo. También se pueden cubrir la debilidad en el carácter y las necesidades espirituales con un pastoreo efectivo, para que los puntos débiles en los candidatos sean vencidos y no lleguen a ser causas de problemas futuros.
A pesar de las ventajas señaladas anteriormente, la iglesia local tiene su limitación. Para tal tarea, se necesita una estructura de cooperación que ayude a la iglesia en la comprensión y proyección de su trabajo misionero. La estructura puede ser un comité denominacional de misiones u otra agencia misionera.
Cada agencia tiene su propio plan para la selección de misioneros. En Brasil, la Asociación Brasileña de Agencias Transculturales ha recomendado un formato para proteger y enviar misioneros, pero no todas las organizaciones pueden seguir complemente el nivel propuesto, y la mayoría de los candidatos encuentra alguna manera para ser enviados. Si determinada agencia o comité obstaculiza ese proceso, siempre hay otra más nueva que busca misioneros y podría aceptarlos.
Es casi imposible una evaluación objetiva de los candidatos, por lo que necesitamos dar pasos concretos a fin de no cometer una injusticia. De lo pobre y vil de este mundo Dios ha tornado para llevar el Evangelio a las naciones, y humillar a los grandes. Dios es el que llama, es quien envía, y El es quien encomienda. Pero así como Dios hace su parte, y pide a quien ha llamado a las misiones a hacer la suya, también espera que el liderazgo y la iglesia sean responsables, cada uno en su función. Debemos trabajar para reconocer a los realmente llamados, y ayudarlos a transitar el camino hacia los no alcanzados, siendo sensibles al Señor de la mies. También debemos desarrollar el discernimiento para cuidar, como buenos pastores, a aquellos que el enemigo quiera confundir con vocaciones equivocadas, cuando en realidad Dios los quiere aquí, en casa, sirviéndole fielmente.
El proceso de selección toma tiempo, aunque los candidatos puedan estar ansiosos para ir. Trabajemos, entonces, para que aquellos que vayan sean, en verdad, los que Dios quiere allá, dando gloria a su nombre y llevando esperanza a los perdidos.
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· Enseñar sobre la vocación misionera. La base para comprender el llamado de Dios está en la enseñanza bíblica proporcionada por la iglesia. Muchos candidatos reciben su llamado en conferencias misioneras o en campamentos juveniles.
· Aumentar los estándares de selección. El tener estándares altos no es por el mero hecho de dificultar que las personas vayan al campo misionero, sino procurar una mejor calidad en nuestros misioneros. Steve Moon, en su análisis de la situación coreana, ha afirmada: “El proceso de tamizaje parece ser una de las áreas más débiles en el movimiento misionero.” El entusiasmo de ser parte del movimiento misionero puede dar como resultado “hoyos demasiado grandes en el tamiz”, donde casi todos los candidatos son aceptados sin mayores requisitos.
· Contar a los candidatos toda la historia. Si una de las razones del desgaste es la dificultad de los misioneros en enfrentarse a los problemas que encuentran en el campo, es esencial que los candidatos sepan de antemano la realidad de la tarea misionera.
· Utilice varios métodos para conocer a los candidatos. Las entrevistas, los exámenes sicológicos, médicos, etc. son medios útiles para obtener una “foto” del candidato. Junto a la evaluación hecha por el pastor, los maestros y los jefes que haya tenido en sus trabajos previos, aquellos exámenes ayudaran mucho.
Marjory Foyle, al escribir sobre una encuesta que hizo entre 121 misioneros, anotó: “Observé que el 54% de los misioneros se quejaba de problemas que estuvieron presentes mucho antes del proceso de selección. No les habían preguntado respecto a esos temas, o los dieron por sentado. Sólo alrededor de un 4% de los que tuvieron problemas previos a su selección recibieron algún tipo de ayuda, la cual también fue mínima.”
· Desarrollar un proceso de selección en cooperación. No se necesita que tengamos el mismo sistema en todos los lugares, pero si las agencias misioneras encuentran algunos estándares comunes, esto fortalecerá el movimiento como un todo. Además, los candidatos sabrán que en todas las agencias se encontrarán con, más o menos, los mismos requisitos.
· Entrenar líderes de la iglesia que puedan hacer la selección. Debido a la participación limitada que la mayoría de los líderes eclesiásticos latinos han tenido en la selección de nuevos misioneros, hay necesidad de entrenamiento. Las agencias podrían ofrecer un programa de entrenamiento para pastores y otras personas involucradas en seleccionar candidatas.
· Depender del Espíritu Santo. Somos parte de una empresa santa que no puede ser manejada únicamente de modo humano. Cuando vemos la historia debemos reconocer que el modo humano de evaluar a las personas y las situaciones no siempre ha sido el correcto. Debemos humillarnos delante del Señor y pedirle de su sabiduría y misericordia cuando nos enfrentamos a aquellos que desean servirle en las misiones.
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Criterios para Seleccionar
· Un genuino llamado de Dios. ¿Tiene el candidato un llamado real de parte del Señor? Obviamente, puede ser duro para un líder misionero y para el pastor local decidir sobre esto. Pero en algunos casos, debe haber evidencia de la vocación en la vida del solicitante. Un llamado misionero comienza con una convicción personal profunda, pero también necesita la confirmación de las personas que conocen al solicitante.
· Carácter cristiano. Buscamos cristianos comprometidos que hayan entregado el control de su vida completamente al Señor, incluyendo su personalidad. No buscamos perfectos; no los hay. No obstante, la obra misionera requiere gente humilde, servicial, confiable, honesta, cooperativa, generosa. Una buena base para evaluar esto es Gálatas 5.22-23, más los requerimientos de 1 Timoteo 3. Estas cosas no pueden forjarse en un curso de catorce lecciones semanales. Deben ser desarrolladas en la iglesia local, en años de ejercer la fe y de vivir las enseñanzas bíblicas.
· Buen conocimiento bíblico. Los candidatos necesitan entrenamiento en la Biblia para estar preparados para los ministerios futuros en el campo. Tristemente, la experiencia en muchos países del tercer mundo es que la enseñanza de la Biblia en las iglesias locales está muy lejos de lo deseable. Uno de los requisitos en el proceso de selección debe ser la disposición para estudiar la Biblia y tomar un curso de teología, si es que la persona todavía no tiene este fundamento.
Bertil Ekstrom era presidente de COMIBAM y la Asociación Brasileña de Agencias Transculturales. Actualmente es miembro del Comité Ejecutivo de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial, y miembro de la agencia sueca Interact. Este artículo se publicó en Ellos Y Nosotros, 1997. Usado por permiso.