Cuidado Pastoral desde América Latina:
Algunas Sugerencias para las Iglesias Enviadoras
Pablo Carrillo Luna
El movimiento misionero transcultural en América Latina no lleva más de 35 años de iniciado, si partimos del momento en que los primeros latinoamericanos salieron al extranjero en diversas misiones. Como todo movimiento misionero que comienza, éste tiene sus puntos fuertes y una buena porción de entusiasmo, pero carece de experiencia. En este punto de la historia de nuestra labor en misiones se impone una revisión de nuestro fundamento bíblico a fin de asegurarnos de su solidez. Al comenzar la tarea en este nuevo siglo conviene hacer una pausa para reflexionar. Queremos poner en claro nuestra base teológica para las misiones. Deseamos además continuar desarrollando el entendimiento transcultural, las destrezas ministeriales, el entusiasmo y la buena voluntad.
¿Cómo podemos comprender la misión de la iglesia latinoamericana? Me parece que la manera en que hemos estado respondiendo a esta pregunta es la raíz de muchos de los problemas que enfrenta el obrero latinoamericano en el campo misionero.
Limitaciones en Nuestro Concepto de lo que es Misiones
Es interesante observar cómo un joven candidato a misionero responde al llamado que se hace en la conferencia local de misiones. A menudo toma la decisión de llevar el evangelio hasta lo último de la tierra sin que lo sepan los líderes de su iglesia y sin el consentimiento de sus padres. Yo mismo he presenciado y participado de esto. Habiendo entrevistado centenares de jóvenes candidatos latinoamericanos a lo largo de los últimos 18 años, deseo señalar dos áreas que me preocupan sobre esta manera de abordar la participación en misiones. En primer lugar, es una manera equivocada de reclutar para la obra misionera. En segundo término, existen motivaciones equivocadas en algunos de estos jóvenes.
Sin cesar citamos una serie de versos bíblicos que consideramos que son los que mejor expresan la misión del Señor: del Antiguo Testamento, Isaías 6:8, "Heme aquí. Envíame a mi", y del Nuevo Testamento, Mateo 28:18-20, "Id por todo el mundo..." Si estos son los versos a los que damos mayor énfasis, no debe extrañarnos que la gente esté renuente a responder al llamado misionero. O por otra parte, puede que aquellos que sí responden posean una comprensión incompleta de lo que en realidad son las misiones. Hay tanto más respecto a misiones y a la Escritura! Necesitamos refrescar el enfoque para presentar la totalidad del cuadro escritural. Es preciso también intentar descubrir lo que el Espíritu le dice a la iglesia latinoamericana sobre el tema de alcanzar las naciones y cumplir la voluntad de Dios. ¡Que podamos añadir un conocimiento sólido a nuestro celo bien intencionado!
La conferencia misionera continúa siendo la principal plataforma motivadora cuando se trata del reclutamiento de nuevos candidatos para la obra misionera. El problema con este modelo es que a menudo los que responden a la convocatoria en estos eventos son los sanguíneos, o sea los más emotivos y espontáneos. Los flemáticos, que son los más dotados para el trabajo a largo plazo, no suelen responder a esta clase de despliegue emocional. Entiendo que esta es una afirmación general, pero en muchos casos he visto que es acertada.
Más aún, cuando algunos candidatos tratan de explicar por que desean ir a determinado lugar, la respuesta a menudo es, "Sentí el llamado". La mención de tal "llamado" por lo general significa "No se hable más del asunto", y si alguien intenta profundizar más en el tema se considera que está contradiciendo al Señor. Desde luego que hay un elemento subjetivo en el llamado misionero, pero por otra parte Dios ha provisto medios objetivos para confirmar Su palabra. En el Nuevo Testamento, esa confirmación siempre se dio a través de la iglesia local. Es muy raro, y dicho con franqueza creo que no existe, quien tenga un llamado a las misiones sin que alguien de la iglesia, por lo general algún líder, confirme ese llamado. El mismo ap6stol Pablo, quien recibió un llamado irrefutable en el camino hacia Damasco (Hechos 9:3-7), se sometió posteriormente al escrutinio objetivo de los miembros de la iglesia ( Hechos 9:10-18, 27, 30; 13:1-3).
En general, la idea menos adecuada que tenemos en Latinoamérica sobre "misiones" es la de una organización--por lo general extranjera--que llega a nuestra iglesia local y arrebata nuestros jóvenes para la obra misionera. Tiempo después, esta misma organización visita nuestra iglesia solicitando fondos para sostener a esos mismos jóvenes. Es una manera de hacer misiones en la que la iglesia local ejerce una función pasiva y la agencia misionera asume el papel activo. Necesitamos urgentemente que haya mayor reflexión en la iglesia sobre la función y razón de ser de la iglesia misma. Necesitamos hacer un estudio serio sobre la ecclesia y su verdadera identidad en medio de un mundo postmodernista.
Algunas Luchas de los Latinoamericanos en el Campo Misionero
Muchas de las luchas que enfrentan los latinoamericanos en el campo son un resultado directo de la pobre comprensión que tiene la iglesia de América Latina sobre lo que es misiones. Por ejemplo, la escasez de finanzas para el apoyo a los misioneros en algunos casos se debe a que la iglesia no está del todo convencida de lo que es la tarea misionera. En otros casos procede de la mentalidad empresarial con que se aborda el tema de las misiones. Esto hace que la iglesia demande resultados y cifras, y una justificación del dinero invertido. El resultado es que se pone una presión sobre el misionero al hacerle sentir que debe realizar cosas. Esto puede traer un activismo estresante y sin frutos. Por otra parte puede que terminen exagerando datos en los boletines de oración que se envían desde el campo. A veces la culpabilidad y la depresión son síntomas que proceden del sentirse incapaces de cumplir con las expectativas de aquellos que les enviaron.
Afortunadamente, algunos misioneros latinoamericanos han visto progresos en esta área al diversificar su radio de acción y redefinir su tarea misionera a medida que surgen nuevas oportunidades para ellos en el campo. Se está difundiendo cada vez más entre los latinos una visión realista del establecimiento de relaciones y del logro de resultados. Pero esto no resuelve la falta de comprensión de la obra misionera que aún prevalece en la iglesia local. Algunas soluciones prácticas a esta situación incluyen la orientación sobre misiones y las visitas de los líderes de la iglesia al campo.
Otro asunto que se ha planteado recientemente es el de la educación de los hijos de misioneros. A medida que crece el movimiento misionero en Latinoamérica, también aumenta la cantidad de familias que lo compone. Las familias misioneras han llegado a ser un sector en crecimiento en el escenario misionero. La presencia y las necesidades de los hijos han comenzado a afectar la capacidad de algunos obreros para permanecer en el campo. Siguiendo el modelo de otras naciones enviadoras, se ha adoptado la estrategia de reclutar para la tarea educativa algún maestro latino con un compromiso de trabajo a corto plazo hasta tanto se tenga alguna otra solución definitiva. Otra opción ha sido el considerar la enseñanza en el hogar, sin embargo esto requiere una cuidadosa revisión, dado que todavía se le considera una práctica "extranjera" y podría no ser reconocida por las autoridades educativas del país de origen del misionero. En general la mayoría de los misioneros ha optado por educar sus hijos en colegios locales o en algunos casos en colegios donde se emplea alguna lengua internacional como el inglés o el francés. Sin embargo, antes de que pongan un pie en el avión debe tomarse en consideración las implicaciones de enviar una familia con niños en edad escolar a un lugar donde las opciones educativas son pocas. La agencias misioneras que funcionan por medio de bases, y las iglesias locales de Latinoamérica necesitan que los latinos que ya tienen experiencia les orienten en este aspecto.
Otro de los problemas mas significativos ha sido el de convencer algunas de las iglesias locales de que deben proveer seguro médico para sus misioneros. De hecho, muchos pastores locales ni siquiera cuentan con ese beneficio para sí mismos, por lo tanto, ¿cómo podrían costear un seguro para los misioneros jóvenes de su propia iglesia? No existen soluciones rápidas y sucede a menudo que algunos candidatos deben aplazar su fecha de partida hasta tanto esta necesidad se pueda suplir a través de alguna otra fuente. Muchos misioneros optan por salir al campo sin contar con una cubierta médica, aunque es Ya de por sí arriesgado el enviar personas sin seguro de vida y seguro médico a países políticamente inestables. Sin embargo, debe darse seria consideración a estas cuestiones delicadas antes de salir al campo misionero. La pregunta que se impone es: ¿Están concientes de todo lo que implica esta decisión? ¿Quién les ayudará a entender los riesgos?
Orientación y Participación de la Iglesia
Está claro que muchos de los problemas que enfrentan los obreros latinos en el campo podrían solucionarse antes de que éstos salgan a cumplir su tarea. Una iglesia local saludable es clave para tratar estos asuntos. Si se recluta descuidadamente o sin la aprobación y la participación significativa del liderazgo de la iglesia, continuaremos arrastrando algunos de los viejos problemas. Los obreros saldrán sin la adecuada preparación, tendrán dificultad para relacionarse y respetar a sus colegas, carecerán de la disciplina personal necesaria para aprender la lengua local, interpretarán mal la autoridad espiritual y tendrán poca disposición a someterse a sus líderes. La iglesia donde se practica una comunión bíblica es el mejor lugar para evaluar la estabilidad emocional y espiritual de los candidatos. Los cuestionarios y entrevistas de las agencias enviadoras también tienen su validez por supuesto, pero nada como observar la conducta y crecimiento de una persona a lo largo del tiempo. Si la iglesia o denominación hiciera provisión en su presupuesto para una aportación adecuada para el sostenimiento de sus candidatos, se reduciría notablemente el estrés financiero. La base enviadora debe estar en la disposición de colaborar con el resto del cuerpo de Cristo también. La antítesis de esto sería repetir el viejo patrón del parroquialismo denominacional, el cual en aras de cuidar la "sana" doctrina busca hacer réplicas de sí misma en las nuevas iglesias que nacen en el campo. La falta de colaboración engendra llaneros solitarios y misioneros aislados.
Algunas Recomendaciones Útiles
En un articulo previo a este, planteé tres áreas principales de lucha que enfrentan los misioneros latinoamericanos (Carrillo, 1995) Estas áreas son: el misionero mismo, la iglesia enviadora y la agencia misionera. No se trata de tres entidades separadas que enfrentan problemas aislados. Sin embargo, como ya he señalado, es en la iglesia donde se puede encontrar tanto la raíz como la solución a muchos de los problemas que enfrentan los obreros latinos.
Indudablemente hay una necesidad apremiante de proveer orientación básica y específica sobre cómo realizar la tarea misionera. El papel de la iglesia local es más importante de lo que hemos admitido en la teoría y en la práctica. La iglesia enviadora debe estar conciente de que la obra misionera debe hacerse con excelencia, como para el Señor. Esta excelencia conlleva por una parte el definir con claridad la base bíblica para las misiones a la vez que plantear los desafíos comunes que enfrentan los países latinos. Un programa de orientación debe incluir alguna información básica sobre los campos misioneros que se quieren alcanzar, el proyecto misionero que se va a asumir, las expectativas que se tienen del trabajo del obrero, las expectativas y compromiso del grupo enviador, y la responsabilidad de rendir cuentas. Hay una diversidad de cursos de entrenamiento disponibles y de enfoques sistemáticos bien intencionados. En mi experiencia, estos tienden a tener una orientación bastante pragmática, sin embargo no se ajustan adecuadamente al contexto latino o a las preguntas que la iglesia latina plantea.
Una herramienta útil para ayudar a los líderes a comprender la base bíblica de las misiones y los pasos prácticos para el envío de obreros, es el Seminario Raymond Lull (SRL). Ramón Lull, uno de los primeros promotores de las misiones al mundo musulmán vivió en España entre los siglos 14 y 15. El seminario que lleva su nombre se originó mientras intentábamos desarrollar un programa de cuidado pastoral para misioneros latinos en áreas restringidas. En primer lugar descubrimos que algunos de los enfoques usados comúnmente entre las naciones de mayor antigüedad en el envío de misioneros resultaban irrelevantes para el creciente número de obreros latinoamericanos, muchos de los cuales habían llegado por su cuenta y con muy poca orientación respecto de lo que podían esperar. Comenzaron a regresar frustrados a sus iglesias de origen. Las iglesias a su vez se preguntaban en que consistía el error y quiénes eran los responsables de esto. En resumen, había mucho desánimo al respecto.
El mencionado seminario está estructurado en tres secciones principales. La primera abarca los fundamentos bíblicos e históricos de la misión. La intención es ayudar a los líderes latinos y candidatos a mantener una perspectiva bíblica y a ser fieles y sensibles a lo que Dios quiere decirles. Por otra parte, no es necesario reinventar la rueda, sino más bien aprender de la historia misionera y de los que nos precedieron. La segunda sección del seminario trata sobre el mundo islámico, con un énfasis en la necesidad de entender los pueblos que intentamos alcanzar con el evangelio y sus necesidades particulares. La tercera sección aborda el tema de la práctica de la misión. Para que la iglesia latinoamericana asuma su responsabilidad en la tarea misionera es necesario que entienda lo que es el proceso misionero y el papel que juegan tanto la iglesia como el candidato.
El SRL es nuestra respuesta al problema. El entusiasmo con que fue acogido en sus primeras presentaciones en Chile, Argentina y México confirma la necesidad de esta clase de herramienta y demuestra que este seminario es un medio adecuado para abordar el problema. El SRL viene a llenar una necesidad crítica de la iglesia latinoamericana en esta etapa crucial de su desarrollo.
No es demasiado tarde para evitar mayores pérdidas y el desánimo que las iglesias experimentan en la obra misionera. Percibimos que el Señor está moviendo la iglesia latinoamericana en esta hora para abrazar responsablemente su lugar en las misiones mundiales, pero necesita que se le ayude de una manera sabia. Se ha acumulado ya bastante experiencia entre los misioneros y líderes latinos maduros como para proveer ayuda significativa en este sentido.
Pablo Carrillo Luna nació en México. Obtuvo un bachillerato en Ciencias en Ingeniería Industrial del Instituto Politécnico Nacional. Trabajó con OM en el Oriente Medio, Norte de África y España desde 1971 hasta 1974. Pablo está casado con Jane, y tienen tres hijos: Natasha, 24, Yusef, 20, y Yamila, 18. Han hecho de la ciudad de Granada, España su base de operaciones desde 1979. Es fundador y ex presidente de PM Internacional y actualmente desarrolla el Seminario Raymond Lull, una herramienta diseñada para orientar y motivar a la reflexión bíblica sobre la misión latina hacia el mundo musulmán. Este articulo se publicó originalmente en Las Mejores Prácticas del Cuidado Integral, 2002 (Doing Member Care Well). Usado por permiso.